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miércoles, 17 de mayo de 2017

2015

Las personas siempre cuestionan mi obsesión por Disney... "¿No estás muy grande para estar pensando en magia y princesas?" Debo confesar que en un momento me detuve a pensar ese cuestionamiento detenidamente pero sobre todo a tratar de entender el por qué; por qué quiero creer que la magia sí existe. ¿Por qué necesito creer?

Recuerdo que una noche del 2015 le mandé un mensaje por WhatsApp a una amiga... "La magia no existe. Los cuentos de hadas no existen. El príncipe azul no existe". Y ella, muy honesta -y a la vez preocupada por mí- me respondió: no todo puede ser color rosa, Fati. Desde ese día, se podría decir, que mi fe, mis ganas de ver el lado positivo, mis ansias de creer que todo el mundo tiene un lado bueno, se esfumaron... y sí pues, no todo puede ser color rosa.

Pero de pronto, un buen día la magia empezó a manifestarse y debo confesar que demoré en entenderla. De pronto todo los días a las 8:30 a. m. empezaba a sonar mi celular con un "buenos días" lleno de encanto, sinceridad e ilusión. De pronto las tardes eran divertidas con un simple "ahora tú pregúntame algo". De pronto las noches ya no eran tan solitarias ni tan calladas... De pronto mis lunas tenían un motivo para brillar más de lo normal. 

Y sí, desde el 2015 he creído y descreído cientos de veces y he vuelto a creer y he vuelto a odiarlo todo. Me he decepcionado del mundo, de mí misma y de tantas historias que en algún momento me sacaron de mi realidad y me llevaron a lugares donde todo era posible. Perdí la fe en mí y peor aún, perdí la fe en mi propia magia. Le eché la culpa a los demás, le eché la culpa a él y mil veces a mí.

Una noche, de esas desesperadas donde tú eres tu propio enemigo, donde batallas contigo misma y solo tienes las de perder, una de esas noches donde ya no quieres despertar, llegó ese brillito de polvos mágicos que tanto necesitaba... "Yo también. Yo también te amo".

Y entre peleas y peleas con mis amigas, entre muchos "ya basta" y demasiados "abre los ojos" yo decidí creer; a consciencia o a ciegas o a mi modo o a cualquier modo, pero creer... y lo más mágico que me ha pasado es que él, a su modo duro, frío y brutalmente honesto, me hizo darme cuenta que la magia sí existe, ¡en mí! No tenía nada que ver con él ni el mundo ni los cuentos ni nadie. Solo yo tenía ese poder para que las cosas pasen, en que si realmente lo deseo de corazón, todas esas trabas iban a desaparecer y yo, por mí misma, sería algo mágico.



Tal vez el hada madrina nunca llegue para convertirme en flaca o millonaria con solo agitar su varita en esas noches cuando lloro sin control. Tal vez los animalitos no entren por la ventana a hacerme un vestido nuevo cuando veo que nada me queda (mucha tela tendrían que usar los pobres bichitos, también). Y tal vez las campanas no sonarán a las 12 en la plaza central del reino... pero sí he aprendido (y valoro más que nunca) que tengo amigos que subirían cualquier torre con tal de ayudarme, que tengo familia que pelearía contra mil dragones por defenderme y que tengo un primer beso en la banca de un parque a las 3:00 a. m, el más increíble de todas mis historias. Pero sobre todo, me tengo a mí y mi fe.

Con el tiempo aprenderé a reconciliarme conmigo... pero mientras tanto quiero, DEBO creer que los cuentos de hadas sí existen... los "vivieron felices por siempre" sí existen... y que la magia sí existe... Que están dentro de mí. 

jueves, 26 de mayo de 2016

¿Qué te gusta de mí?

«Todo.» Ésa fue mi respuesta, una de las mentiras más grandes que he dicho en la mismísima cara de la persona. «¿Cómo puedes hacerme esa pregunta? Obviamente me gusta todo de ti. Me ofendes.» Y después de mi respuesta hipócrita, falsa, mentirosa y descarada nos pusimos a planear la boda.

«En la esclavitud -amor obsesivamente autodestructivo o sometimiento masoquista, o ambos-, las metas pueden ser las mismas, pero la profundidad y la insatisfacción de la necesidad condena al amante a una casi inevitable derrota.»

Aquí pues, retomando la lectura en este libro fabuloso que compré hace unos años, Sueños de Amor y Encuentros Decisivos de Ethel S. Person; llego a la conclusión de que a veces el amor nos vuelve unos pelotudos. Personas con un grado de necesidad nivel master-daster-baster con un único propósito: amor; sin darse cuenta que el resultado de esa búsqueda insaciable es el sufrimiento. Diferencia entre dolor y sufrimiento: el dolor es automático, orgánico y natural. Te golpeas y te duele. El sufrimiento es adquirido, es opcional. Tú eliges sufrir. 

Creo que teníamos 10 meses de estar comprometidos y a pesar de que mi papá se oponía totalmente al matrimonio yo estaba decidida a casarme. Me tenía que casar. ¡TENÍA QUÉ! Así que empecé a organizar todo; la iglesia, el vestido, las damas, la recepción, quiénes irán, dónde van a sentarse, qué orquesta tocará, dónde será la luna de miel y etc, etc, etc. ¿Cuánta ilusión trae un matrimonio no? Buscas en todas las revistas, ves Say Yes To The Dress temporadas 1 - 500 y empiezas la dieta máxima. Llamas a todos tus contactos para ver qué servicios pueden darte y si te dan la rebajita, sacas la cuenta de cuánto debes ahorrar mensualmente para poder costear una boda de ¿10? ¿20? ¿30? mil dólares porque la fiesta lo es todo y porque todos deben asistir. La luna de miel en Grecia, la recepción en hacienda, el vestido de diseñador, la familia del extranjero, los amigos artistas...

Para que entiendan un poco mi cerebro retorcido. Cuando tenía 6 años nos fuimos de vacaciones a Disney, el lugar de la magia, las princesas y la "belleza", el lugar donde los sueños se hacen realidad. Un día paseando por algún mall de Miami, mi mamá y yo nos topamos con una tienda llena de Barbies, de piso a techo, de extremo a extremo. Yo, la niña medio regordeta de cabello oscuro y un cerquillo espantoso, me quedé enamorada de la Barbie Novia; perfecta, impecable, de blanco, feliz. Lloré y acompañé mi llanto con una rabieta pero no me la compraron y a mi tan corta edad juré algún día tenerla o ser como ella. A mis 33 solo diré que más parezco Barney. ¡Pero bue!

Volviendo al tema central, después de una pelea -la décima o la enésima- él me hizo esa pregunta y más pudo el miedo a la soledad,el miedo a cancelarlo todo, a decir que ya no había boda, que ya no había nada a decir la verdad de la milanesa. No me gustaba ni mierda de él. No había algo de lo que pudiera sentirme orgullosa, de lo que pudiera alardear. Ni como persona, ni físicamente, mucho menos de manera intelectual. ¿Qué me gustaba de él? Pues nada.

Son situaciones como ésta que te hacen pensar qué es más importante. Todos en algún momento queremos aparentar algo; yo aparentaba felicidad pura con una rocaza en el dedo. ¿Y en qué acabó? En desastre, engaño, deudas y más deudas. 

¿Qué te gusta de mí? Una pregunta básica en toda relación. Mientras más larga la lista en la respuesta SINCERA mucho mejor ¿No creen? Ahora no vayas corriendo a preguntársela a tu pareja, no todos son expresivos, pero si cuando pasan las 11.30pm y no te escribe avisándote que ya llegó a su casa, o si le mandas una Bembos a su trabajo solo porque sabes que no almorzó o si haces la ruta Narnia - Magdalena solo por verlo 5 minutos... tal vez, ésta vez, sí te gusta todo de él. Y mucho.