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domingo, 21 de noviembre de 2021

Perrito comprado en cuotas


Póngalo a dos cuotas por favor.
Eso le dije al veterinario cuando decidimos que Axel sería nuestro perrito. Hace 13 años yo estaba en una relación y se nos metió en la cabeza esto de tener un perro de los dos. No vivíamos juntos, es más, nuestras casas quedaban relativamente lejos. Se suponía que nos íbamos a turnar al perro durante las semanas y, como siempre estábamos juntos, no habría problema alguno. 

Cuando llegué a mi casa y le mostré a mis papás al perrito de frente me dijeron "aquí no se va a quedar". Esa es la típica oración de los padres, ¿no? Y después los ves jugando chochos con el animalito. Este caso fue igual pero se resistieron bastante, ¡no fue una batalla fácil de ganar! Pero primero, volvamos al momento de la compra millonaria...

El día que tomamos la decisión de comprar el perro hicimos un tour por las veterinarias de San Borja, queríamos ver un Pug aunque yo no estaba muy convencida de esa raza. Había tenido Cockers toda mi vida y quería seguir con ellos, pero mi ex insistía en el Pug. Cuando por fin encontramos una vet con un lomito así, pues no hubo conexión alguna. Ni caso me hizo el perro, mucho menos a él... así que empezamos a buscar otras opciones. De frente el vet me trajo a esta cosita negra con marrón con ojos de asustado. "Es un Jack Russell, como el perrito de la película 'La Máscara'; activo, inteligente, buen compañero". Lo primero que dije fue ¿esa raza no es blanca con marrón claro? "Sí, pero éste es otro tipo". En ese momento no pude darme de cuenta de la estafa -era obvio que era cruzado- porque en lo único que me fijé fue en cómo su colita se activó al mirarme. Fue flechazo, no me quito esa imagen de la mente. Nos miramos, nos besamos, nos enamoramos; fue instantáneo. 

¡Nos lo llevamos! ¿Cuánto cuesta? "Está a buen precio, solo 90 dólares". Yo solo saqué mi tarjeta de crédito y le pedí que lo pusiera a dos cuotas jajajaja porque moría por un perro pero estaba misia y mi ex solo puso la buena voluntad para algo que se suponía era de los dos. Y así llegó Axel (Rose) a mi vida, bautizado como uno de nuestros cantantes favoritos pero con la E bien puesta.

¡Entonces! Esa tarde llegué a mi casa y el pequeño no fue bien aceptado... por unas semanas estuvo en ambas casas hasta el día en que mi ex dijo "aquí ya no puede quedarse". ¡¿QUÉ?! O sea, el perro era de los dos SUPUESTAMENTE y ahora no tenía dónde quedarse. Mis papás también dieron el rotundo no y yo no sabía qué hacer. Lo tuvimos un tiempo a escondidas y luego la relación se terminó; también fue obvio que yo me quedaba con el perro porque, a ver, ¿Quién lo compró? ¿Quién lo pagó? ¿Quién siempre fue la que buscó la solución de la vivienda? ¡Ese perro siempre fue mío! 

La mamá de mi sobrina Alejandra, en un acto de solidaridad, me dijo que se quedaba con Axel así que mi cachorro se fue a vivir con su prima... Me lo devolvieron a los 2 días... El pobre perro no dejaba de llorar y, en sed de rebeldía, rompió toda su cama. Mis papás se sintieron mal y me dijeron que podía tenerlo en casa, porque además yo estaba con una depresión muy fuerte por la ruptura, entonces necesitaba a mi perro cerca. 

Su carita cuando entró a la casa y me vio. ¡Era solo un cachorrito! No tenía ni 1 año, pero entró a la casa disparado y se sentó en la puerta de mi cuarto, no le hizo caso a nadie y estaba tan emocionado que ni cuenta se dio que yo estaba parada afuera para recibirlo. A penas nuestras miradas se encontraron, el amor incondicional se hizo presente y nos metimos felices a mi cuarto a jugar en la cama. Ahí fue cuando cambié de veterinaria y en la nueva me dijeron "Sí sabe que su perro es cruzado, ¿verdad?" ¿Cómo así que cómo fue? JAJAJAJAJA. Ahí confirmé la estafa y comprobé que mi jabalí era cruce de Jack Russell con Beagle, por ello los colores negros y marrones. Pero qué chuchaaaaaaa, mi perro era único y especial... ES único y especial.

Y así vamos por la vida juntos siempre de la mano-pata... es mi perrito salvador. Me dio calma durante mis peores momentos de ira, se quedaba pegado a mí en mis depresiones, dormía sobre mi pecho durante los ataques de ansiedad más intensos. Nunca me dejó sola. Siempre me trajo alegrías. 

Trece años han pasado y aquí estamos, un poco más lentos y gordos los dos jajajaja pero más sabios también y con un amor inacabable. ¡Definitivamente la mejor compra que hice! Mi perrito a cuotas, mi perrito salvador. 

jueves, 23 de julio de 2020

Cuando pase el tren

Hace un tiempo que vengo pensando bastante en mi ansiedad. Algunos días la pendeja pasa a saludarme. Se asoma a joderme la paciencia un rato. Es difícil vivir con ansiedad y ha sido aún más difícil poder manejarla durante esta cuarentena.

Pero me he concentrado más en pensar lo afortunada que soy de tener un buen sistema de apoyo. Muchas veces he hablado sobre los entornos tóxicos; las relaciones, las amistades, la familia... cualquiera que te rodee y no te aporte, ¡o encima que no te aporte, te joda! Hablé ya muchas veces de limpiar a la gente, de no tener miedo de decir no quiero esto, no tener miedo de irte. Pero luego, ¿con quiénes te quedas? Y ahí siempre, siempre, pienso en mi familia, mis amigos y mi flaco.

Tengo un team que ufff... ¡sí que la han sufrido conmigo! Son de esos que se turnan para "monitorearte" cuando no tienes un buen día, que te llaman, te escriben, te pasan memes, le dan like a tus Tik Toks (después del bullying necesario). No te juzgan, te escuchan pero sobre todo, están ahí antes, durante y después. 

Una vez en una reunión salió el tema de la ansiedad y un tipo dijo ¿pero qué es ansiedad, qué sientes? ¿no puedes simplemente animarte? ¡Ah bueeeeeeeeeeeeeee! ¡Animarme! No se me había ocurrido... imbécil. Y por ahí la gente trataba de explicar qué era, cómo se sentían. Yo escuchaba, pero me dejó la duda de cómo explicarle a alguien cómo me siento, cómo hago que los demás al menos puedan hacerse una idea de cómo estoy.

¿Alguna vez han vivido frente a una estación de tren? Yo no, jajajaja pero estaba viendo una película donde un tren pasaba obviamente a gran velocidad frente a una casa y la sacudía por completo, como un fuerte temblor y todos dentro tenían que simplemente sostenerse y esperar. Así es cuando tienes ansiedad. Hay cosas que la empeoran, cosas que tú sabes que pueden desencadenar en un ataque de ansiedad, por ejemplo el trabajo, esperar una noticia, comenzar algo nuevo, no tener una respuesta de algo, en fin... pero muchas veces la ansiedad solo llega. Estás bien y de pronto, ¡buenasssssssss! Llegó a joder y te desestabiliza, esa es la palabra, la ansiedad es ese tren de mierda que viene a velocidad y tú eres la casa que se vuelve inestable, que se mueve de un lado a otro, que no está quieta, que se puede destruir en cualquier momento y no puedes hacer nada, NADA al respecto. Y de ahí... el tren se va y tú vuelves a estar estable.

Una amiga muy cercana me preguntó hace unos días ¿qué puedo hacer para ayudarte cuando tienes ansiedad? Y no solo me acordé del tren, sino de quiénes estaban dentro de la casa; cómo se abrazaban, se daban la mano, se alentaban y solo esperaban, esperaban que pase el tren. Y así es mi nuevo entorno; ahí están conmigo solo esperando que pase, sin decir algo, solo están. Me abrazan, me dicen ya va a pasar, me recuerdan que respire, me hacen reír, me distraen y solo están aguantando conmigo hasta que pase el tren. ¿Ven qué importante es tener a GENTE SANA EN TU VIDA?

Anoche pensaba en una amiga que no la está pasando bien y me pregunté si ella tenía a alguien que le diera la mano cuando pase su tren. Espero que sí y si no, solo quiero que sepa que la entiendo y que aquí estoy, y en general a cualquiera que sienta que su día no está tan bueno, aquí hay alguien que los acompañará cuando pase el tren. Algunos demorarán 5 minutos, media hora... otros tal vez años, ¡pero ánimo! Porque va a pasar y todo va a estar bien. 

sábado, 28 de diciembre de 2019

AMOR

Hace unos días salí con mi papá; lo acompañé a hacer compras como siempre y luego nos sentamos en un cafecito por un postre. Honestamente, él y yo nunca hemos conversado de nuestras cosas íntimas, tal vez en algún momento, algo por ahí, muy superficial salió, pero es totalmente diferente a hablar con tu mamá, no sé. Pero me sorprendió que se pusiera a hablar conmigo sobre el corazón; mi corazón.

"Morena, tú tienes un corazón muy caliente. Deberías enfriarlo un poco. No que se congele, pero que esté fresco". ¡Ooooookkkkkk! Mi padre es un hombre extremadamente inteligente, pero no tan hábil para expresar sus emociones y dar consejos... Sin embargo me hizo reír y en el fondo, a su modo, tenía razón. Debo ser más calmada, más serena, menos pasional y un poco más racional. Después de un chocolate caliente, un mixto completo y un pastel de alcachofa, me dijo: "es que todo lo haces por amor". Y sí, siempre ha sido así.

Desde niña, siempre hice cosas por amor, pero por amor a los demás. Si mis hermanos me pedían algo, que de repente yo no estaba de acuerdo o no era lo mío, igual lo hacía solo por amor a ellos, solo porque ellos querían. Estudié Ingeniería Informática porque mi papá es ingeniero y por amor a él lo hice. Nunca me gustó mi carrera, la dejé.

Años después conocí a un chico y fue por él que empecé a estudiar comunicaciones y lo he contado en alguna de mis aventuras. Por amor a Brian fue que renuncié a mi trabajo, empecé a trabajar con él en producción y él me motivó a estudiar esa carrera. Lo maravilloso fue que la elección fue la correcta y amo con locura lo que hago. Pero, ¿ven? Nuevamente haciendo algo por amor a alguien.

He tenido muchos trabajos, he probado muchas cosas y siempre por alguien más, porque alguien más me lo pidió, porque alguien "me necesitaba" o por lo que sea externo, siempre ajeno a mi propio corazón. Saber decir NO es demasiado difícil para mí, porque, al final, ¿quién no quiere hacer algo y sentirse amado o sentir que su sacrificio de amor es lo que el mundo necesita? Algunos dirán que es altruista, otros dirán que es completamente estúpido.

Con mi ex mi amor llegó a puntos extremos... puse todo primero; cada necesidad, cada problema, cada cosa minúscula que parecía no tener solución. Yo lo solucionaba con "mi amor". Irónicamente algo que siempre él decía era "deberías ponerte a ti primero, si tú no estás bien, nadie va a estar bien". 

Este año ha sido extremadamente difícil, porque me di cuenta de algo importantísimo: me faltaba amor, a mí misma. ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo empiezo a quererme?

Mi trabajo actual es una de las cosas que más me gusta hacer, pero siempre me estuve cuestionando si era lo mío... Y cuando ese cuestionamiento comenzó a comerme por dentro, me cambiaron de área y conocí gente increíble. Fue como si todo empezara a acomodarse. Y ahí aprendí algo muy importante: empieza por elegir bien quién te rodea.

Dejé esa postura estúpida de no hablar con la gente, maté mi miedo a conocer nuevas personas, empecé a escucharlas. De pronto les caía bien, de pronto me empecé a sentir aceptada, empezaba a reírme, a disfrutar cada día de ir a trabajar. ¡Me ascendieron! Y cuando eso pasó me acuerdo que lloré horrible en el baño abrazada de una amiga porque sentía que estaba en el momento correcto de mi vida. Amo mi trabajo y cada cosita que hago ahí porque me hace bien, porque es PARA MÍ. 

Empecé a eliminar cada relación tóxica de mi vida; amigos, familiares, conocidos, parejas. Puta madre depuré todo porque entendí que yo no necesito eso, que mi corazón no necesita "acciones de una sola vía". Hice nuevos amigos, que me decían todo el tiempo "valórate, quiérete, así estás bien, mejora por ti no por los demás". Y de pronto una mañana me miré al espejo y dije mieeeeeeerda... tú misma eres el amor más grande que necesitas. 

Este año me enseñó a soltar, a cerrar ciclos, círculos tóxicos. Me enseñó que es mejor tener nada a tener a medias y mal pagado. Y es increíble cómo todo se acomoda, cómo el mundo te dice "¿ya ves, huevoncita?" Es la primera vez en mis 36 años que puedo decir que soy feliz, ¡puta madre por mí misma! Puedo decir que tengo a las personas correctas en mi vida, puedo darme el lujo de decir "no te quiero en mi vida", puedo sentirme tranquila.

Hay días malos todavía, claro que sí. Hay días en donde no quiero levantarme, pero ahí están mis amigos caminando conmigo, ahí está siempre mi familia que me da tranquilidad, esos ojos verdes que me iluminan la vida, ahí está el sabio consejo de mi papá... 

No voy a decir lárgate, 2019. Sino gracias, 2019. Por enseñarme el amor más bonito; el amor propio. Ahora al 2020 le toca enseñarme a tener un corazón, un poquito más fresco... 

viernes, 28 de junio de 2019

Amor es amor

Yo ya tenía mis sospechas pero siempre he creído que lo mejor es no asumir y esperar la confirmación. Así que eso hice. Esperé y esperé y seguí esperando hasta que una buena mañana el mensaje llegó. ¡Hola! ¿Te parece si nos juntamos para almorzar? Quiero conversar contigo de algo.

Brian y yo nos conocimos hace muchos años por medio de una amiga y desde el primer instante nos hicimos grandes amigos. Es una de las personas más buenas y sensibles que conozco, además de botar creatividad por donde camine. A veces nos veíamos y me robaba un beso, a veces yo le robaba más, pero nunca tuvimos algo serio. La verdad, es que nunca supimos por qué. 

Después de un par de años de besos esporádicos, cuando yo tenía 23, me llamó para vernos. Salimos, nos besamos y al día siguiente nos volvimos a ver, nos volvimos a besar, me fui, me llamó, regresé y los besos continuaron... Empezamos a salir y así, sin querer queriendo, nos enamoramos. 

Estábamos literal todo el día juntos, además, ¡trabajábamos juntos! Me jaló con él para ayudarle en producción y yo pasaba a recogerlo a las 6 a.m. y lo dejaba en su casa a las 11 p.m., así todos los días. Éramos compañeros de aventuras, cómplices, socios, partners in crime y enamorados. ¡Teniendo en cuenta que es chu-rrí-si-mo! Hermoso, todo era hermoso y perfecto.

La magia duró poco, pero la amistad siempre fue lo primero... además, ¡había amor! Ya no estábamos pero yo sentía que lo amaba y que él también lo hacía. Simplemente ya no estábamos enamorados. Difícil de explicar, difícil de entender, pero creo que ese es el verdadero significado del amor.

Entonces, volviendo a esa buena mañana... acepté la invitación para almorzar, me arreglé y fui directo a nuestra cita. Los dos, ya en nuestros 30. Nos encontramos, pedimos la comida, hicimos un breve update de nuestras vidas y luego tomando un gran respiro me lo dijo... Fátima, soy gay. Tengo un novio, vivimos juntos, tú lo conoces... Seguro ya te habías dado cuenta, pero quería ser yo el que te lo dijera de frente...

...no quiero que pienses en que te mentí, en que fuiste una pantalla. Tú fuiste mi última enamorada y de corazón, de verdad, no quiero que pienses que te engañé o te usé o lo que fuese. Yo me enamoré de ti y te amo hasta ahora. Eres una de mis mejores amigas, eres mi familia y antes de que la gente hable o se empiece a decir cosas, mejor quería decírtelo y que no guardes ningún rencor.

Yo sonreí, lo tomé de las manos y le dije ya lo sabía, Facebook me lo contó. Los dos nos matamos de la risa y nos miramos de la misma forma de siempre: como cómplices, socios, partners in crime. Y luego lo único que quería saber era toda la historia de amor entre esos dos.

Él seguía siendo el mismo, ¡eso nunca cambió! Simplemente ahora él había encontrado el amor de pareja en otra persona. Y lo que yo valoré en ese momento fue que siempre me tuvo en mente, siempre tuvo esa consideración para conmigo. Hay que ser valiente para enfrentarte a algo.

Cuando cuento esto mucha gente me pregunta ¿no te da pena? ¿Pena? ¿Por qué? ¿Por qué me daría pena la felicidad de alguien que quiero? Si él estuviera con otra mujer "me tendría que dar cólera" pero como está con otro hombre "me tendría que dar pena". O me dicen ¿y cuando se ven se pintan las uñas UNA A LA OTRA? Acá la verdadera pregunta es ¿por qué la gente es tan cojuda?

El amor, es simplemente eso, AMOR. Yo lo amo con todo mi corazón porque es una persona maravillosa y él me ama también por quien soy. Y mi amor y apoyo será siempre incondicional. Eso, al final, es lo único que cuenta. ❤ 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El Cebiche del triunfo




¿Les ha pasado que cuando terminan una relación les cuesta mucho hacer las cosas que hacían juntos? (Y entiéndase una relación a cualquier tipo de relación, no solo amorosa). Intentan, prueban hacerlo, tratan de participar, pero es simplemente demasiado doloroso...

De repente sonará absurdo o ustedes pensarán que soy una huevonaza, pero cuando se acabó mi última relación estuve casi 5 meses sin poder comer pastas... ¡Yo sin comer, pues! Pero es que me era demasiado difícil. Tenía hambre -obviamente que sí- pero al ver la comida lo único que mi cerebro hacía era recordarme cuando él lo cocinaba para mí, cuando yo lo cocinaba para él, cuando tomábamos fotos a los platos para la web, cuando lo visitaba en el restaurante y llevaba a mis amigos y me sentía orgullosa de su comida. Un plato de pasta (o varios platos) simbolizaban lo bonito de una relación, pero lamentablemente también simbolizaban la ruptura más horrorosa que he pasado. Así que, la pasta estaba prohibida en mi vida.

Pero no solo eso... ustedes saben que yo amo cocinar, que aprendí a disfrutarlo y luego me volví muy buena y me aprendí los videos de Tasty y tengo mi cuaderno cuadriculado de colores en espiral lleno de recetas escritas a mano, como toda una señora y que está manchado obviamente pero no lo puedo descartar. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a seguir teniendo ganas de cocinar? Cocinar también era el sinónimo de muchos recuerdos y era aún más difícil porque mis skills mejoraron con sus indicaciones y me hacía acordar cuando yo preparaba cosas nuevas y luego las publicaba en su web. Cocinar también estaba prohibido en mi vida.

¿Cuándo entonces es el momento en que uno AVANZA? Al principio me mataba pensando cuándo, cuándo, cuándo, cuándo... y desgastaba mi energía, mis pensamientos en obligarme a superar las cosas o simplemente las evitaba y me hacía como que no pasaba nada y luego cuando me encontraba cara a cara con las situaciones que me eran difíciles me quebraba por completo. ¿Cuándo entonces superas? ¿Cuándo es que un día simplemente ya pasaste la página? ¿Cuándo sonríes de nuevo?

La respuesta es simple: cuando TÚ decides ponerle el pare. Mi breakup fue atípico -como toda mi relación- yo no tuve un cierre, no tuve explicaciones, no tuve nada, me quedé en el aire entonces eso también dificultó las cosas... hasta que un buen día, después de llorar y llorar y odiar al mundo y caerme y quedarme en el fondo, decidí avanzar. Así que yo misma puse el fin y decidí que era tiempo de empezar de nuevo.

Empezar de nuevo... ¿Qué flojera, no? Hacer tooooodo de nuevo... encima que soy una bestia para las citas. ¡Qué flojera! ¡¡Pero lo más importante era volver a comer!!

Una noche, en un matrimonio estábamos celebrando y siendo felices -con mucho alcohol- y a la hora de la cena me senté a comer con mis amigos y a la mitad del plato me di cuenta que estaba comiendo lasagna... pero no solo eso, la estaba disfrutando. No me dio pena, no me dio tristeza, no lo asocié a nada. Era simplemente una lasagna buenaza. ¡Salud por eso vamos por otro plato!

Luego vinieron los tallarines saltados, los rojos y los ravioles... ¡vino la pizza! LA PIZZAAAAAAA. Empecé a salir, a disfrutar de las cosas, dejé de llorar... empecé a sonreír, amigos. Pero admito que aún tenía miedo de meterme a la cocina y enfrentarme a los recuerdos más grandes.

Cómo son las cosas que ayer, martes 27 de noviembre, me invitaron a un evento de Twitter llamado #LaCocinaDeTwitter, en un restaurante. Yo pensé que solo nos iban a contar las novedades y luego nos alimentarían, ¡pero no! Resulta que teníamos que cocinar.

Así que tenía dos opciones:
A) Decir que no podía asistir y perderme una gran oportunidad de aprendizaje digital y no enfrentar mi miedo.
B) Agarrarme bien los huevos, enfrentarme al cambio y SUPERAR.

¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que me ponga a llorar en plena reunión? ¿Que salga corriendo y me regrese a mi casa a lamentarme? ¿Que me salga horrible? ¡Qué chucha pues, QUÉ CHUCHA! La opción B fue la ganadora y fui.

Ponerse el mandil, los guantes, escuchar la charla del chef, agarrar el cuchillo y empezar a cortar el pescado para el Cebiche... ¡Qué difícil concha de su madre! Lo único que tenía en la cabeza mientras iba preparando era su cara diciéndome lo que tenía que hacer... pero luego respiré hondo, me concentré en lo que tenía que hacer y todo eso que me estaba bloqueando desapareció. Me empecé a afanar con la sal, la pimienta, mover, mover, mover, limón, mover, ají, mover, ¡no dejar que se recocine! Mover, mover, leche de tigre, cebolla, más ají y mover... Agarrar el plato, poner la lechuguita, el choclito, colocar el camote, poner mi preparación, limpiar los bordes, presentarlo y decir LO HICE.

Mi Cebiche fue un éxito, tuve la aprobación del chef, a mí me gustó, a mis amigos les gustó, pero lo más importante es que lo hice. Yo lo hice. Yo tomé la decisión y lo hice. Pero sobre todo, amigos, me tomé mi tiempo.

Comenzar de nuevo es difícil, da mucho miedo, el no saber qué va a pasar es aterrador, pero si no lo hacemos, nunca sabremos las cosas grandes que están por llegar, no disfrutaremos las cosas bonitas que están ahí esperándote, ¡listas para ti! Así que, si estás pasando por lo mismo, tómate tu tiempo y cuando te sientas lista, agárrate los huevos, respira hondo y lánzate a la aventura. Que un Cebiche del triunfo te estará esperando. 

jueves, 15 de febrero de 2018

Esta vez le toca a mamá

La mayoría de mis aventuras son con mi papá, es más, por él nació el nombre de este blog; no suelo escribir mucho sobre mi mamá. Creo que hoy es una buena oportunidad para hacerlo. Les voy a contar de Juanita.

Cuando me preguntan cuál es el primer recuerdo que tengo de mi mamá siempre voy a responder: mis cumpleaños. Es por ella que yo amo tanto celebrar mi cumple, ese afán de querer hacer algo super bonito, de decorar, de la torta, los complementos, la planificación. ¡Ella es la causante! 

La preparación empezaba meses antes; ella iba guardando los conos de papel higiénico y los vasitos de yogurt Milkito. Como es una destroyer tejiendo, se ponía a armar fundas para los conos, que luego se convertían en curiosos cocodrilos y los vasitos tomaban la forma de perritos, conejos, ratones y gatitos. Yo la ayudaba a pegarle los ojos y las lenguas. Una vez listos los llenaba de golosinas y esas eran las sorpresas para los invitados. También hacía mini carteritas y las colgaba todas en una canasta de mimbre a la salida de la casa, para que al irse, los invitados se lleven una.

Algunos años fueron más ajustados que otros pero yo siempre tenía un vestido nuevo ese día. ¡Mi mamá me lo hacía! Obviamente estaba lleno de bobos y encajes, pero yo resaltaba, me lucía, era la princesa del cumpleaños. Con mis medias rojas cubanitas y mis zapatos de charol con correita. Con mis dos colas y mi cerquillo horrendo. La felicidad total a los 5 años.



Pero el tema no terminaba ahí; toda la comida que se servía era preparada en casa. La gente ya no se acuerda cómo era antes, ahora simplemente contratas un catering que compra Sublimes, les quita la envoltura y les pone una nueva con el nombre del critter y su personaje favorito. ¡No señores! Antes toda la familia se juntaba para preparar TODO. 

Se preparaba gelatina, mazamorra, arroz con leche, chicha morada -de verdad, no de sobre-, y a los adultos se les ofrecía comida: bien podía ser un escabeche, arrocito con pollo, ají de gallina o ravioles en salsa roja. Las únicas cosas que se compraban eran: Chizitos -que antes tenían tamaño decente-, arrocillo, marshmellows de colores, chupetes Picolines, canchita preparada en olla con aceite y galletitas Miami. ¡No había gaseosa! Todo lo preparabas o te ibas al Mercado Central a comprar todo a granel, al por mayor, sin miedo de pensar que podían venir con salmonela o con algún virusillo.

La torta también era preparada en casa y siempre de chocolate, ¡obvio! Lo típico era ponerle coco rallado encima, ése era un "upgrade", el toque de clase que diferenciaba tu torta de cualquier otra. Pero este cumpleaños fue distinto, entre mis hermanas mayores me prepararon una torta alucinante: era una casita hecha de dulces, ¡como la de Hanzel y Gretel CSM!



Mi mamá dirigía: tú la torta, tú la chicha, tú limpia aquí, tú pon los globos, tú decora... todo tenía que salir perfecto y así era, porque todo lo hacía mi mamá.

Mi mamá se aprendía las coreografías que pasaban en Yola para enseñármelas. Me llevaba a mis clases de natación, baskett y computación. Se la pasaba conmigo en los juegos, en la piscina del club, comíamos helado en La Vaca Jacinta y mientras ella regaba yo paseaba con mi bicicleta de esquina a esquina. Mi mamá siempre, siempre, estuvo ahí. Gracias, má.

domingo, 4 de febrero de 2018

La la land



No, no me creo Emma Stone ni tampoco me creo una artista de Hollywood. A lo mucho puedo llamarme cantante de ducha, escritora de crónicas divertidas, catadora profesional de pollo frito. Pero hoy, mientras miraba el techo de mi cuarto en plena oscuridad, solo acompañada del sonido del ventilador y los suspiros de mi perro al dormir abrazado de mi pierna, recordé una mini versión de La la land en mi vida, hace unos cuantos pero no tantos años.

Nos conocimos muchos años antes de esta historia, aunque nos veíamos poco nos hicimos muy buenos amigos, hasta llegamos a viajar juntos una vez. Nunca pasamos de un par de besos, siempre acompañados de un vaso de Whisky y buena música. Honestamente nunca nos vimos como "algo más"; éramos grandes amigos, disfrutábamos la compañía del otro, ambos extraños, ambos soñadores, ambos locos.

En cierto momento yo estaba bastante flaca -sí, créanlo, era flaca, iba al gym, IBA AL GYM- y decidí hacerme una sesión de fotos, como él era la única persona que conocía que estaba metida en todo este asunto pues le pedí que las tomara. Así comenzó todo...

Primero fueron las fotos, luego fue "hay que revisar las fotos", luego un "¿me recoges más tarde?" Sin darme cuenta pasaba, literal, todo mi día y todos mis días con él. Esto ya no era un tema de solo amigos. 

Creo que deberíamos empezar a salir. Esa frase me aterró, no por el hecho de salir con alguien sino porque no nos conocíamos bien. Como dije, las veces anteriores fueron efímeras, siempre salíamos solo a divertirnos, siempre tomando, siempre en joda, en tontería. Nunca hubo algo serio. Y en ese momento, nuestros tiempos juntos eran de diversión, de compañía. Yo no quería que realmente me conozca.

Él era el típico soñador, futuro director de cine, artista innato, con una imaginación y creatividad increíbles. Yo no tenía en claro qué hacer con mi vida, recién estaba empezando a cantar y él me ayudaba en todo lo que podía. Para mí él era perfecto y yo lo era para él. 

Una noche no podía más con mi vida, me sentía abrumada, exhausta, ansiosa y sola. Pensaba en cómo haría para resolver todos mis problemas, todas mis dudas existenciales y lo peor es que no tenía con quién hablar. ¿Cómo iba a contarle a él todos mis problemas? Se enteraría de quién realmente era; una chica depresiva, ansiosa, que llora de todo y que se hace un mundo de la nada. Ya no sería perfecta.

Aún así, tomé el teléfono y le dije para ir a su casa. Siempre con una sonrisa y un abrazo fuerte me recibía preguntándome ¿y, hoy qué vamos a hacer? No había nadie en casa, los vasos de whisky listos, hielo listo, dos ceniceros y dos encendedores. Nos sentamos en el suelo y me preguntó cómo estaba. Rompí en llanto y riéndome de mi desgracia le conté todo, punto por punto, detalle por detalle, prendiendo cigarro tras cigarro y tomando sorbos de mi vaso. 

En ese momento pensé, estoy segura que mañana que me calme me va a decir que mejor lo dejamos todo aquí no más. Él me miró todo el tiempo, en silencio, solo fumaba, bebía, me miraba, suspiraba y me seguía mirando. 

Cuando ya no había más lágrimas me dijo "tengo exactamente lo que necesitas". Se fue por un momento y cuando regresó, tenía una radio en la mano. La conectó y puso un CD. La verdad, no recuerdo qué CD era ni qué canción era ni quién cantaba, porque lo único que recuerdo era su sonrisa escondida en su cabello rizado dorado. 

Se puso a cantar y a bailar por toda la casa, interpretó cada palabra de esa canción, haciéndome reír como nunca antes. Tomó mi cigarro, lo apagó en el cenicero y extendió su mano hacia mí. Realmente parecía que estábamos en ese monte junto a la luna, donde el galán saca a bailar a la dama y aunque los dos no son bailarines, no se equivocan en ningún paso, flotan por el suelo al ritmo de la canción y ella, tras dar un giro y volver a sus brazos, cae rendida ante su encanto y recibe ese beso que borra todo problema que en algún momento la atormentó.

Y tal como la película, él terminó conociéndome y yo terminé conociéndolo. No funcionó. Cada uno siguió su vida, ya pasaron casi 10 años y hemos vuelto a ese punto del inicio; el de amigos que se ven, se adoran, se abrazan y ríen como locos. Claro que yo ya no soy flaca y ahora él tiene novio. Él es director y yo grabé algunas cuántas canciones. Supongo, que tal como Emma y Ryan, ambos influimos en la vida del otro, pero nuestras historias debieron crecer separadas, para que ahora cada uno tenga su propia historia de amor de película. Y creo que en eso los dos sí atinamos, porque ambos somos muy felices.

Ah, por cierto, la canción es Slowly de Luis Eduardo Auté, ¿creyeron de verdad que no me iba a acordar? Buenas noches, a soñar todos.



jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Cuál es nuestro destino?

¡Tranquilos que no hay spoiler!

Nunca fui fan de Star Wars, lo que conocía sobre la película era lo básico: Luke, Leia, Chewie y Han Solo. Que unos eran Jedi y había un tipo de negro que era un chucha y era el papá de Luke. Que en algún momento los buenos vencieron y después sacaron los primeros episodios porque los primeros fueron los últimos y los últimos serían los del medio... ¡No entendía nada!

Cuando conocí a Renzo lo primero que me dijo fue "Soy Darth Vader"... ¡Ok! Me contó que era súper fanático, me mostró su máscara, sus polos, sus muñecos, los discos, los libros. Yo le dije que amaba Disney... Pero, aquí entra el poder del amor, que es tan grande que me hizo ver las 6 películas, en 2 días.

En mi papel de buena novia me aprendí los nombres, la historia, la cronología, el color de los sables, el significado de la fuerza y literal me obsesioné con Star Wars. Al principio era solo querer ser parte de un gusto loco, pero después, simplemente, se volvió todo.

Entonces, ¿qué eres? ¿Qué te dice tu fuerza?... ¿Eres Jedi o eres Sith? Miedo mi corazón sentía pero fuerte la fuerza conmigo estaba. Si mi novio era Darth Vader y yo soy princesa por naturaleza, mi respuesta se basaba en una nueva situación. Lógicamente tenía que ser la versión oscura de Amidala. Y así fue como decidí mi destino, nuestro destino... siempre seríamos del Imperio.

Mucha gente mete su cuchara y opina que somos unos imbéciles, que llevamos al extremo nuestro gusto por la película, que de repente yo solo sigo la onda por Renzo y no porque realmente me guste, que gastamos nuestra plata en huevadas... Hay gente que simplemente no entiende qué es tener un thing.

Hace un tiempo pasamos un mal momento donde no sabíamos exactamente qué hacer o hacia dónde íbamos. Tuvimos un desbalance en la fuerza. Entonces, cuando necesitas sabiduría, acudes a tu maestro lógicamente para que aclare tus dudas y tus pensamientos... En ese momento mi maestro fue un amigo muy cercano quien, dentro de su experiencia, trató de hacerme entender cosas que yo no veía y ayudarme a tomar una decisión. La verdad es que sentía que no me entendía al 100% pero mucho de lo que decía tenía sentido así que dejé entrar todos esos pensamientos en mí y sentí miedo, ira, venganza y decepción. Pero antes de irme con una decisión tomada, quise poner a prueba mi instinto, lo que yo sabía de mí, de mi relación y lo que yo sentía que sí tenía sentido.

¿Sabes qué es lo que más me da pena? Que si seguimos distintos caminos Star Wars ya no va a tener sentido para mí. Porque Star Wars es él, somos nosotros. Es lo que nos hace quienes somos, lo que nos define. Es nuestro thing.

Lo primero que me dijo fue Ay por favor, ni que no pudieras ver una pela de Star Wars de nuevo... Entendí entonces que yo tenía que confiar en lo que yo conocía, en mi experiencia y en lo que yo sabía de mi relación, ¡porque es mi relación! Los demás nunca sabrán lo que pasa entre dos personas, lo que hay entre ellos, lo que los une o define.

Cuando me encontré con él para decidir qué iba a pasar, antes de decir cualquier cosa, yo tenía que saber que él sentía igual que yo; sentir que el haberme conocido había definido una parte de su vida, había construido una historia y que, así como yo me sentía, su vida no sería igual sin mí... Y fue entonces cuando se sentó más cerca de mí y me dijo: Prométeme una cosa, no importa lo que pase hoy, lo que decidamos en este momento, prométeme con el pinky que vamos a ir juntos a ver Star Wars The Last Jedi... porque no puedo verla sin ti.

¡Me caso con él CSM! ¿Entienden ahora? Podrá ser una cojudez para muchos, pero esta peliculita huevona -como algunos la llaman- esta idea absurda de la fuerza y el lado oscuro y tu sable y tu navecita, ha sido una de las cosas más alucinantes que me ha podido pasar y soy tan feliz de tener a alguien con quien compartirlo. 

Así que anoche en el estreno mundial de The Last Jedi, nos emocionamos como la gran puta, lloramos, nos sorprendimos y nos quedamos conmocionados con el giro de la historia, con ganas de saber ya qué pasará en el siguiente episodio... ¿Cuál es nuestro destino? Simple: seguir creciendo juntos, seguir mejorando juntos. Seguir siendo uno con la fuerza y que la fuerza, por siempre, nos acompañe.


domingo, 10 de diciembre de 2017

Para verla cruzar el puente

Todos saben que soy llorona, es algo natural en mi existencia, es algo que, podemos decir, me define. Lloro en los conciertos, lloro en las celebraciones, lloro viendo videos de UPSOCL, lloro viendo películas... ¡Lloré viendo Matrix! Es obvio que tengo problemas... pero el viernes, honestamente, lloré del recuerdo.

Me animé a ir al cine con mi amiga Sara y como nunca decidimos ir a una función de la tarde. La película elegida: Coco. Ya sabíamos que es una película emotiva y que habla de la familia, la tradición y del amor de un niño por la música. Y yo me preguntaba, ¿qué tanto tiene que ver esta señora viejita llamada Coco en la película, si en ningún trailer se le toma como "lo principal"?

Tranquilos, no voy a spoilearlos si es que no la han visto. Tampoco quiero escribir para contarles la película, sino, qué chiste tiene. Quiero dedicarle esta crónica a la Coco de mi familia; mi abuela Lala.

He tenido la bendición de crecer junto a ella y definitivamente mi infancia -y la de mis hermanos- está marcada por la presencia de María Eulalia Santillán, una mujer piurana que se rebeló ante la sociedad y sus creencias, juntó sus chivas, sus moneditas, agarró a su hija, dejó a su esposo y se vino a Lima. ¡Estamos hablando de hace 70 años! Y que se levantó sola a criar una familia. Luego vino mi abuelo y juntos formaron los más bonitos recuerdos que puedo tener.

Cuando ya se puso muy malita, nos esperaba sentada en su sillón con una mantita. Yo metía la cabeza por la reja de su casa y ella me veía por la ventana y sonreía feliz porque habíamos llegado. La abrazaba, le preguntaba cómo estaba y nunca me decía que estaba mal, siempre tuvo el ánimo arriba y siempre pensó en cómo hacernos sentir bien en su casa.

El último día de la madre que pasamos juntas le regalé un cuadro con una foto nuestra. Sus ojos se llenaron de lágrimas y lo abrazó fuerte. Me miró, me tomó la mano y suspiró. Luego puso el cuadro en la cómoda, junto a todas las fotos que guardaba con tanto cariño y nos abrazamos. No había necesidad de decir algo.

Coco me hizo acordar la importancia de mantener los recuerdos de los que ya no están con nosotros. No conocía la verdadera historia del Día de los Muertos ni qué significaba colocar una foto en este tipo de altar con ofrendas. No sabía que por una noche, los muertos pueden cruzar un puente hacia nuestro mundo para acompañar a sus seres queridos. Honestamente, no sabía que podía extrañar tanto a mi abuela.

Estas son unas cortas líneas, solo para decirle, que la pienso, que la extraño y que siempre la recordaré así, como en esta foto... una foto que nunca sacaré, que nunca botaré, ni guardaré... una foto llena de esperanza, para verla cruzar el puente y sentirla siempre junto a mí. Recuérdame, Lala. Donde sea que estés.


Y si quieres llorar conmigo, escucha esta canción de la película: Recuérdame.

martes, 13 de junio de 2017

Por esos días... por esas noches

Brindo hoy, por esos días del inicio. Esos días donde las horas eran interminables, donde el viento era denso y ligero, donde una sonrisa curaba todo y una carcajada era el cielo. Donde las llamadas duraban horas y nos hacían ver el amanecer. Donde un lunes era el mejor día, el más esperado, el más entusiasmado, el más lleno de magia, el más lleno de ilusión.

Esos días donde una hamburguesa hecha en casa tenía más sentido que cualquier papel firmado, siempre junto a una gaseosa color naranja y un cigarro en el muro cerca de la puerta. Siempre con poca luz. Siempre sin testigos.

Por esas tardes en la banca de un parque con una caja de sándwiches y una docena de dulces, mirando cómo pasan los perros, mirando cómo se caen los niños, riéndonos de ellos, riéndonos de todo. Por esas caminatas de la mano, por esos besos en las esquinas, por esos "me encantas" y esos "no me quiero ir".

Esas tardes de jugar maquinitas, de armar rompecabezas, de ir a las jugueterías, de perder en el básquet y de perder en los vampiros. Por esas tardes de "te quiero" y de "no quiero que te vayas".

Por esas noches de "ya te extraño", de M&Ms y Coca Cola, de cigarros a la media noche y de miles "ya deja de fumar y ven". Por tantos abrazos largos, ronquidos fuertes y caídas de la cama. Por ese hombro que siempre amortigua mis lágrimas, por ese temple que me da siempre calma.

Brindo hoy, por las incontables horas que separan nuestras manos, por las que aún nos esperan, por las que veremos pasar. Por todo lo que aún no llega, por todo lo que quiero darte, por ser tú, por no cambiar, por hacerme mejor, por ser mi mejor plan.

Por esos días... por esas noches... por todo lo que te voy a amar.


miércoles, 17 de mayo de 2017

2015

Las personas siempre cuestionan mi obsesión por Disney... "¿No estás muy grande para estar pensando en magia y princesas?" Debo confesar que en un momento me detuve a pensar ese cuestionamiento detenidamente pero sobre todo a tratar de entender el por qué; por qué quiero creer que la magia sí existe. ¿Por qué necesito creer?

Recuerdo que una noche del 2015 le mandé un mensaje por WhatsApp a una amiga... "La magia no existe. Los cuentos de hadas no existen. El príncipe azul no existe". Y ella, muy honesta -y a la vez preocupada por mí- me respondió: no todo puede ser color rosa, Fati. Desde ese día, se podría decir, que mi fe, mis ganas de ver el lado positivo, mis ansias de creer que todo el mundo tiene un lado bueno, se esfumaron... y sí pues, no todo puede ser color rosa.

Pero de pronto, un buen día la magia empezó a manifestarse y debo confesar que demoré en entenderla. De pronto todo los días a las 8:30 a. m. empezaba a sonar mi celular con un "buenos días" lleno de encanto, sinceridad e ilusión. De pronto las tardes eran divertidas con un simple "ahora tú pregúntame algo". De pronto las noches ya no eran tan solitarias ni tan calladas... De pronto mis lunas tenían un motivo para brillar más de lo normal. 

Y sí, desde el 2015 he creído y descreído cientos de veces y he vuelto a creer y he vuelto a odiarlo todo. Me he decepcionado del mundo, de mí misma y de tantas historias que en algún momento me sacaron de mi realidad y me llevaron a lugares donde todo era posible. Perdí la fe en mí y peor aún, perdí la fe en mi propia magia. Le eché la culpa a los demás, le eché la culpa a él y mil veces a mí.

Una noche, de esas desesperadas donde tú eres tu propio enemigo, donde batallas contigo misma y solo tienes las de perder, una de esas noches donde ya no quieres despertar, llegó ese brillito de polvos mágicos que tanto necesitaba... "Yo también. Yo también te amo".

Y entre peleas y peleas con mis amigas, entre muchos "ya basta" y demasiados "abre los ojos" yo decidí creer; a consciencia o a ciegas o a mi modo o a cualquier modo, pero creer... y lo más mágico que me ha pasado es que él, a su modo duro, frío y brutalmente honesto, me hizo darme cuenta que la magia sí existe, ¡en mí! No tenía nada que ver con él ni el mundo ni los cuentos ni nadie. Solo yo tenía ese poder para que las cosas pasen, en que si realmente lo deseo de corazón, todas esas trabas iban a desaparecer y yo, por mí misma, sería algo mágico.



Tal vez el hada madrina nunca llegue para convertirme en flaca o millonaria con solo agitar su varita en esas noches cuando lloro sin control. Tal vez los animalitos no entren por la ventana a hacerme un vestido nuevo cuando veo que nada me queda (mucha tela tendrían que usar los pobres bichitos, también). Y tal vez las campanas no sonarán a las 12 en la plaza central del reino... pero sí he aprendido (y valoro más que nunca) que tengo amigos que subirían cualquier torre con tal de ayudarme, que tengo familia que pelearía contra mil dragones por defenderme y que tengo un primer beso en la banca de un parque a las 3:00 a. m, el más increíble de todas mis historias. Pero sobre todo, me tengo a mí y mi fe.

Con el tiempo aprenderé a reconciliarme conmigo... pero mientras tanto quiero, DEBO creer que los cuentos de hadas sí existen... los "vivieron felices por siempre" sí existen... y que la magia sí existe... Que están dentro de mí. 

domingo, 16 de abril de 2017

Un cuento, una camisa y una taza de chocolate

Nunca logré descifrar el por qué, qué lo causaba, por qué me sentía así.. ¡es más! Ni siquiera me acuerdo cómo comenzó. Solo recuerdo que me sentaba en la escalera, metía mi carita llorosa por las barandas y gritaba ¡papá!.

El primer recuerdo que se me viene a la mente es cuando tenía 5 años; uno de mis hermanos dijo "ay no, otra vez la negra está llorando". Mi mamá gritaba desde la cocina "Cinthya María, baja. No te quedes sentada en la escalera" pero yo no quería bajar, y me senté ahí con mi cara de poto escondida entre las piernas, con mis colas horrendas y mis medias cubanitas, abrazada de la camisa beige que mi papá me había regalado.

"¿Qué pasa, Morena? ¿Por qué no quieres bajar?" Mi papá siempre subía las escaleras y se sentaba conmigo. Qué tanta huevada le debo haber dicho, seguro que alguno de mis hermanos me pegó o no querían jugar conmigo o me quitaron mi muñeca, en fin... tantos dramas que podemos vivir a los 5 años. Pero eso no importaba, mi papá siempre subía y me hacía la misma pregunta. 

Después de mis largas quejas -siempre acompañadas de un llanto incontrolable- mi papá me cargaba, me llevaba a mi cuarto y me decía que lo espere. Si el roche fue con mis hermanos entonces mi papá hacía que les gritaba y se pegaba en la pierna y ellos gritaban "au, au, no papá, au"... luego se cagaban de risa, ¡y yo los escuchaba! Si era con mis hermanas él solo decía, "es la más chiquita..."

Luego subía con una taza de chocolate caliente; esperaba que me la tomara, acomodaba mi mantita a mi lado y sacaba del primer cajón un cuento. "¿Qué cuento toca hoy, Morena?" Pinocho siempre fue nuestro favorito, lo leíamos una y otra vez... Esa era la única forma de sacarme de las escaleras y hacerme dormir. Al día siguiente siempre todo estaba mejor.

Los viejos hábitos son difíciles de quitarse, ¿no? Ya no hay mantita ni chocolate, tampoco le cuento mis dramas existenciales a mi papá, nos encanta pasar tiempo juntos pero nos decimos muy poco, solo cantamos canciones del ayer en el carro y rajamos de los demás. Aún así, a veces, un cuento ayuda a combatir esas noches de insomnio, esas donde los pensamientos y "las voces" te acosan. Un cuento siempre viene bien. 

Tal vez ahora no me siente en las escaleras esperando que alguien me rescate, pero ese feeling de vacío a veces regresa y sigo sin explicarme el por qué. Lo que he aprendido, 30 años después, es que siempre viene bien tener alguien cerca que te abrace, te escuche y sin importar el motivo, siempre llegue con una taza de chocolate o un cuento para dormir... así sea por teléfono o mensaje.

Gracias tú, por estar siempre ahí. ¿Qué cuento toca hoy?

martes, 23 de agosto de 2016

El último-primer beso

El primer beso. ¿Se acuerdan cómo fue? Vamos a retroceder unos cuantos añitos y pensemos en nuestro primer-primer beso, pero no contemos en los típicos piquitos de jugar Botella Borracha pues ¡Nada que ver! Espero que todos cuando piensen en eso sonrían y tengan un bonito recuerdo.

Yo tenía 14 o 15, estaba en 4to de secundaria y eran los Juegos Florales. Como todos los años, yo ganaba el concurso de literatura y me hacían leer un poema frente a todos; estaba en falda y en blusa de vestir y nerviosa a más no poder, no por leer, sino porque el chico súper churro que había conocido hacía un tiempo iría a verme.

Un poco más alto que yo, de ojos claros, cabello negro y linda sonrisa. -Un re patán, pero estaba bueno- Llegó temprano, se sentó y se comió toda la presentación del evento; cuando terminé de leer y bajé del escenario me lo encontré en la puerta y me dijo para "ir a caminar". ¡Aló! Estábamos dentro del colegio a dónde se suponía que iríamos a caminar. Él estaba en la universidad, creo que tenía 22, y yo era reeeeeeecontra pavaza (más) así que cruzamos la cancha de fulbito y nos sentamos en las escaleras del patio de primaria.

Conversamos un montón, honestamente creo que hablábamos huevadas pero yo estaba encantada porque OBVIAAAAA era un chico mayor que iba a verme al colegio. A mí, a la lorna del salón #Winner. De pronto, el señor que cuidaba la puerta desapareció, estábamos literalmente solos. "¿Quieres bailar?" Yo como imbécil con mis ojitos de babosa 😍 me paré, lo abracé y empezamos a bailar. No sé qué me hablaba, yo solo pensaba "que no venga mi papá, que no venga mi papá". Me miró y me besó. De ahí llegó el de la portería le contó a mi papá, él a mi mamá, ella me gritó. Castigada.

Todos los primeros besos tienen algo mágico y distinto entre ellos. O sea, cuando te besas con alguien siempre es el "primer beso" pero nunca sientes lo mismo. ¿Cuál es entonces el verdadero verdadero primer beso? Pues la respuesta es fácil, tu verdadero primer beso es el último que das.

No recuerdo exactamente cómo fue. Tengo clarísimo el antes y el después pero el preciso momento pues, es un nubarrón de sentimientos locos y latidos acelerados de, no solo el primer beso, sino, de la primera cita. Me recogió de la casa de una amiga y nos fuimos a un barcillo a tomar unas chelas y conversar, literalmente nos estábamos conociendo y a pesar de estar re nerviosa me sentía muy cómoda; esa comodidad de estar relajada sin pensar en etiquetas ni poses ni nada, algo tan transparente que querías mantenerlo por muchas horas. Cuando cerraron el bar cerca de las 3am no queríamos despedirnos así que nos sentamos en las bancas de un parque y seguimos conversando; de la vida, de nosotros, de los ex, de los planes, qué te gusta, qué no te gusta... qué te gusta de mi...

Él estaba cansado, en un momento se agarró los ojos y empezaron a lagrimear. "Pobrecito, no llores please". Hasta ése momento el único acercamiento fue para saludarnos, ni siquiera me había agarrado la mano ni abrazado ni nada, estábamos los dos sentados en la banca cada uno en su "espacio de protección". A la mierda, ¿A qué hora me va a besar? Le sequé las lágrimas con mis dedos y al tocarlo todo se congeló. Él solo me miró con esos ojotes bellos y dijo: me encanta cómo me tratas. Y ya. ¡Lo siento señores no me acuerdo lo demás!


Ése fue mi último-primer beso. El verdadero. El único que vale. El único que cuenta. ¿A ustedes ya les pasó?

jueves, 26 de mayo de 2016

¿Qué te gusta de mí?

«Todo.» Ésa fue mi respuesta, una de las mentiras más grandes que he dicho en la mismísima cara de la persona. «¿Cómo puedes hacerme esa pregunta? Obviamente me gusta todo de ti. Me ofendes.» Y después de mi respuesta hipócrita, falsa, mentirosa y descarada nos pusimos a planear la boda.

«En la esclavitud -amor obsesivamente autodestructivo o sometimiento masoquista, o ambos-, las metas pueden ser las mismas, pero la profundidad y la insatisfacción de la necesidad condena al amante a una casi inevitable derrota.»

Aquí pues, retomando la lectura en este libro fabuloso que compré hace unos años, Sueños de Amor y Encuentros Decisivos de Ethel S. Person; llego a la conclusión de que a veces el amor nos vuelve unos pelotudos. Personas con un grado de necesidad nivel master-daster-baster con un único propósito: amor; sin darse cuenta que el resultado de esa búsqueda insaciable es el sufrimiento. Diferencia entre dolor y sufrimiento: el dolor es automático, orgánico y natural. Te golpeas y te duele. El sufrimiento es adquirido, es opcional. Tú eliges sufrir. 

Creo que teníamos 10 meses de estar comprometidos y a pesar de que mi papá se oponía totalmente al matrimonio yo estaba decidida a casarme. Me tenía que casar. ¡TENÍA QUÉ! Así que empecé a organizar todo; la iglesia, el vestido, las damas, la recepción, quiénes irán, dónde van a sentarse, qué orquesta tocará, dónde será la luna de miel y etc, etc, etc. ¿Cuánta ilusión trae un matrimonio no? Buscas en todas las revistas, ves Say Yes To The Dress temporadas 1 - 500 y empiezas la dieta máxima. Llamas a todos tus contactos para ver qué servicios pueden darte y si te dan la rebajita, sacas la cuenta de cuánto debes ahorrar mensualmente para poder costear una boda de ¿10? ¿20? ¿30? mil dólares porque la fiesta lo es todo y porque todos deben asistir. La luna de miel en Grecia, la recepción en hacienda, el vestido de diseñador, la familia del extranjero, los amigos artistas...

Para que entiendan un poco mi cerebro retorcido. Cuando tenía 6 años nos fuimos de vacaciones a Disney, el lugar de la magia, las princesas y la "belleza", el lugar donde los sueños se hacen realidad. Un día paseando por algún mall de Miami, mi mamá y yo nos topamos con una tienda llena de Barbies, de piso a techo, de extremo a extremo. Yo, la niña medio regordeta de cabello oscuro y un cerquillo espantoso, me quedé enamorada de la Barbie Novia; perfecta, impecable, de blanco, feliz. Lloré y acompañé mi llanto con una rabieta pero no me la compraron y a mi tan corta edad juré algún día tenerla o ser como ella. A mis 33 solo diré que más parezco Barney. ¡Pero bue!

Volviendo al tema central, después de una pelea -la décima o la enésima- él me hizo esa pregunta y más pudo el miedo a la soledad,el miedo a cancelarlo todo, a decir que ya no había boda, que ya no había nada a decir la verdad de la milanesa. No me gustaba ni mierda de él. No había algo de lo que pudiera sentirme orgullosa, de lo que pudiera alardear. Ni como persona, ni físicamente, mucho menos de manera intelectual. ¿Qué me gustaba de él? Pues nada.

Son situaciones como ésta que te hacen pensar qué es más importante. Todos en algún momento queremos aparentar algo; yo aparentaba felicidad pura con una rocaza en el dedo. ¿Y en qué acabó? En desastre, engaño, deudas y más deudas. 

¿Qué te gusta de mí? Una pregunta básica en toda relación. Mientras más larga la lista en la respuesta SINCERA mucho mejor ¿No creen? Ahora no vayas corriendo a preguntársela a tu pareja, no todos son expresivos, pero si cuando pasan las 11.30pm y no te escribe avisándote que ya llegó a su casa, o si le mandas una Bembos a su trabajo solo porque sabes que no almorzó o si haces la ruta Narnia - Magdalena solo por verlo 5 minutos... tal vez, ésta vez, sí te gusta todo de él. Y mucho. 

martes, 3 de mayo de 2016

Mamá por un día

Esta crónica la escribí el 12 de mayo, 2012 y ahora la comparto por aquí con todos. 


El embarazo siempre fue una pastilla difícil de tomar. Nunca he sido una persona maternal y me gustan los niños de lejos. Tengo muchas amigas con niños pero siempre he mantenido mi distancia, sobre todo cuando son pequeños. Si son hijos de extraños peor aún. No soporto estar en lugares donde hay mucha bulla, niños corriendo, niños llorando. Detesto las rabietas, los vómitos, los "no me gusta", "no quiero comer", "no me quiero lavar los dientes". 

Muchos piensan que estar cerca de los 30 ha activado mi chip maternal y que es por eso que últimamente me han escuchado hablar de pañales, babitas, biberones y donantes de semillitas. Lo que muy pocos saben, y es la primera vez que me atrevo a contarlo abiertamente, es que hace unos 6 años aproximadamente yo estaba más que segura, más que lista y más que decidida, a ser mamá.

Mi mamá cursaba el último año de psicología y tenía que hacer sus prácticas en una casa hogar para niños que quedaba en La Molina y un buen día me pidió que por favor fuera a ayudar a una niña que estaba en 5to de secundaria e iba a jalar inglés en el colegio. Mi respuesta fue rotunda: NO. Como dije al inicio, no me gustaban los niños y menos si eran ajenos. Pero me acosó tanto que terminé aceptando y recuerdo muy bien que un miércoles que no tenía que trabajar, subí al carro y llegué a la casa amarilla.

Desde afuera se escuchaba el griterío de niños jugando y eso me ponía muy nerviosa. Si bien iba como voluntaria y no tendría por qué tener relación mayor con ellos, no quería estar con mala cara o que se sintieran rechazados por mi poco feeling maternal. Tenía en claro que eran niños que habían pasado por abuso, por tristezas, por traumas y no podía venir yo con mi burbuja anti critters a hacerlos sentir peor. Respiré profundo y me abrió la puerta la Señora Luisa. Me abrazó tan fuerte que me dejó sin palabras y con una sonrisa agradeció que yo estuviera ahí.

Crucé el patio que tenía unos columpios y pelotas gastadas. Al ver el suelo vi dibujado con tiza el clásico juego de "mundo" que me hizo acordar cuando estaba chiquita y lo jugaba con mis amigos de la cuadra. Mirando al cielo, en las ventanas veía ojitos asustados que me miraban fijamente y se escondían al encontrar mi mirada, que también estaba asustada. Algunos niños corrían alrededor mío, yo trataba de mantener una sonrisa "natural" y que mi corazón acelerado no delatara mi nerviosismo e incomodidad.

Cuando entré me presentaron como la Miss Fátima, quien iba a ayudar a Luz Elena con sus clases de inglés una vez a la semana. Por suerte, la niña tenía 17 y como a los 18 años debía salir de la casa hogar, estaba preocupada por no jalar el curso y que pierda el año escolar. Una señorita linda, morenita, con una trenza y muy ordenada. Con mucha educación me saludó y me dijo que me iba a mostrar el salón donde estudiaríamos. Cuando quise avanzar escuché un "hola" muy agudo que venía del suelo. Al voltear, una nena de 4 años jalaba a duras penas un banquito hacia mí; se subió en él y con sus ojos gigantes preguntó mi nombre. Le respondí y le pregunté el de ella. Se llamaba Carina y tenía la sonrisa más linda que he visto en el mundo. Se bajó del banquito y se fue.

A las dos horas salí del salón y me despedí de Luz Elena, quedando en verla la próxima semana. En las escaleras me esperaba Carina y muy triste me preguntó si ya me iba. Le contesté que sí pero que volvía la próxima semana y me preguntó si yo era profesora de otra cosa, porque a ella no le enseñaban inglés, entonces, cómo podía ella estar conmigo si no hablaba inglés. Me mató. Me reí y le dije que encontraríamos algo para hacer juntas. Una oración tan simple, que de repente en ese momento la dije por compromiso, la dije por decir, salió y ya, no me la tomé en serio. Una oración que le hizo la vida a una niña, que feliz se fue saltando a jugar y que cuando llegó el siguiente miércoles, la hizo sentarse en la puerta a esperar a que yo llegara.

A pesar de mi antipatía por los niños, Carina y yo nos hicimos amigas. Siempre corría a abrirme la puerta y cuando me iba me miraba por la ventana muy triste. Poco a poco nos acercábamos más. Yo misma le pedía que me dé un beso o que me abrace, era como si quien necesitaba cariño fuera yo y no ella, pensaba en ella cuando no iba, la extrañaba. A veces trataba de ir más temprano para poder jugar un ratito antes de empezar la clase, para que me enseñe la única muñeca que tenía y que, sin embargo, cada semana tenía un nombre diferente y se ponía más linda.

Dos años después me pidieron ser su madrina de bautizo y sin dudar acepté. A ella no la podían adoptar porque en algún lugar del mundo tenía una abuela, que no se decidía a recuperarla o dejarla ir. Ella veía que los niños regresaban a casa, que otros eran adoptados y venía un papá y una mamá y estaban tiempo con ellos y luego, se iban a casa, felices. Ella no tenía eso y se daba cuenta que mientras más pasaba el tiempo, los niños más grandes no tenían a un papá o una mamá que se los lleve a casa; sabía que mientras más crecía, menos posibilidades tenía de ser adoptada.



Todavía me emociona pensar en ese día de mayo cuando llegué al hogar. Corrió a mis brazos, la cargué, la llené de besos y cosquillas, entramos de la mano a la casa, almorzamos juntas, luego hicimos tareas, le llamé la atención por no portarse bien y luego vimos un rato dibujos con los demás niños en la sala común. Cuando era tarde y me tenía que ir muy tímida me dijo que quería decirme algo pero a solas, así que nos fuimos a la cocina. Me senté y me dijo: yo no tengo mamá, pero tú eres lo que yo conozco como mamá, así que quiero saber, si puedes ir a mi actuación del día de la madre y ser mi mamá por un día.

¿Cómo explicar lo que sentí en ese momento? Yo, la cero niños, me sentí la persona más bendecida en el mundo entero. Había alguien que me admiraba, que quería que yo sea su familia, ese pedazo que faltaba en su vida, así sea por un día, estaba frente a mí con tan solo 6 años. Por supuesto que acepté la invitación y ese día de mayo, estuve en primera fila, aplaudiendo a mi nena en su actuación, escuchando la poesía mil veces con mi cartulina en forma de corazón hecho por fideos codito, conociendo a su profesora, el lugar donde ponía su lonchera, el lugar donde se sentaba, a su mejor amiga, a su mejor amigo, a la señora del kiosco, al señor que cuida la puerta. Yo recién los conocía pero todos ellos me conocían porque ella no dejaba de hablar de mí y de las ganas que tenía que yo fuera su mamá todos los días.

Por más que luego su abuela la dejara apta para adopción, por más que presenté papeles y por más que sustenté que yo era la persona indicada para ella, no la pude adoptar. Y cómo es la vida, si bien yo hubiera podido darle un buen futuro, ella ahora vive en España, con unos padres maravillosos que le pueden dar un futuro 7 veces mejor al que yo le hubiera dado. Y aunque no hemos vuelto a hablar y la despedida fue muy triste, siempre pienso en ella y conservo la foto que le tomé en secreto un día -porque estaba prohibido- la llevo siempre conmigo en un lugar donde nadie la puede ver. 

Esta crónica va para todos los que tienen una mamá; biológica o de cariño o madrastra o tía o abuelita que los cría. Mamá al fin y al cabo, que los quiere, que los cuida, que les deja la comida servida, que les manda taper al trabajo, que les plancha la camisa, que les da la bendición cuando salen, que siempre piensa en nosotros. Abrácenla, porque no tienen idea de lo importante que es tener una cerca. Que tengan todas sus mamás y sobre todo la mía por soportarme, un excelente día el domingo.

martes, 27 de mayo de 2014

Prioridad vs "Prioridad"

Hace un año aproximadamente, camino al encuentro de una hamburguesa, un amigo me dijo "Cuando de pronto te conviertes en la prioridad de alguien... todo cambia" Seguro en ese momento respondí que sí, que era cierto o sonreí o de repente le dije que no interrumpa y seguí hablando. No recuerdo qué pasó luego, pero ahora, tanto tiempo después, me pongo a pensar en el hecho de convertir a una persona en tu prioridad.

<<Prioridad: preferencia de algo respecto de otra cosa precisamente en cuanto es causa suya, aunque existan en un mismo instante de tiempo>>


En otras palabras y llevándolo al contexto de esta nota, es cuando estás super cansada y piensas solo en dormir pero te llega un WhatsApp de él y te abres los ojos con lo que sea con tal de contestarle. Es cuando dices que no a todos tus amigos si quieren salir o a tu familia si quiere estar contigo porque él necesita que lo ayudes con algún trabajo y antes que termine de pedírtelo ya le dijiste que sí. Es cuando no puedes más con la sed pero él te pide el último sorbo de agua y se lo das. Luego te mueres deshidratada claro, pero él se salvó, porque "él es prioridad" 

Obviamente en el momento en que este amigo me dijo eso fue porque alguien me había convertido en su prioridad; me escribía todo el tiempo, si me sentía mal llamaba las veces que eran necesarias para comprobar mi mejoría, buscaba la forma desesperada de hacerme reír, cumplía cada absurdo capricho, aceptaba cada lágrima manipuladora y cada insulto injustificado. Yo era su prioridad. 

Y luego el tiempo se encarga de matar la primavera; mueve las hojas en el suelo que dan la bienvenida al otoño y al final... todo queda vacío. Llega el frío, llega el calor; y de pronto, los vientos soplan nuevamente y oh sorpresa... llega aquel que te empieza a joder la paciencia. Maldito viento que vino en contra, que se burló de las veces donde yo me burlaba, que me saca en cara todos los caprichos absurdos, todas esas lágrimas manipuladoras. Maldito viento que me puso última en tu lista. Que me puso última en mi propia lista, porque claro, tú ocupaste todos los espacios. Maldito viento... hermosa, asfixiante, enfermiza y gloriosa prioridad.