Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia emocional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia emocional. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de julio de 2020

Cuando pase el tren

Hace un tiempo que vengo pensando bastante en mi ansiedad. Algunos días la pendeja pasa a saludarme. Se asoma a joderme la paciencia un rato. Es difícil vivir con ansiedad y ha sido aún más difícil poder manejarla durante esta cuarentena.

Pero me he concentrado más en pensar lo afortunada que soy de tener un buen sistema de apoyo. Muchas veces he hablado sobre los entornos tóxicos; las relaciones, las amistades, la familia... cualquiera que te rodee y no te aporte, ¡o encima que no te aporte, te joda! Hablé ya muchas veces de limpiar a la gente, de no tener miedo de decir no quiero esto, no tener miedo de irte. Pero luego, ¿con quiénes te quedas? Y ahí siempre, siempre, pienso en mi familia, mis amigos y mi flaco.

Tengo un team que ufff... ¡sí que la han sufrido conmigo! Son de esos que se turnan para "monitorearte" cuando no tienes un buen día, que te llaman, te escriben, te pasan memes, le dan like a tus Tik Toks (después del bullying necesario). No te juzgan, te escuchan pero sobre todo, están ahí antes, durante y después. 

Una vez en una reunión salió el tema de la ansiedad y un tipo dijo ¿pero qué es ansiedad, qué sientes? ¿no puedes simplemente animarte? ¡Ah bueeeeeeeeeeeeeee! ¡Animarme! No se me había ocurrido... imbécil. Y por ahí la gente trataba de explicar qué era, cómo se sentían. Yo escuchaba, pero me dejó la duda de cómo explicarle a alguien cómo me siento, cómo hago que los demás al menos puedan hacerse una idea de cómo estoy.

¿Alguna vez han vivido frente a una estación de tren? Yo no, jajajaja pero estaba viendo una película donde un tren pasaba obviamente a gran velocidad frente a una casa y la sacudía por completo, como un fuerte temblor y todos dentro tenían que simplemente sostenerse y esperar. Así es cuando tienes ansiedad. Hay cosas que la empeoran, cosas que tú sabes que pueden desencadenar en un ataque de ansiedad, por ejemplo el trabajo, esperar una noticia, comenzar algo nuevo, no tener una respuesta de algo, en fin... pero muchas veces la ansiedad solo llega. Estás bien y de pronto, ¡buenasssssssss! Llegó a joder y te desestabiliza, esa es la palabra, la ansiedad es ese tren de mierda que viene a velocidad y tú eres la casa que se vuelve inestable, que se mueve de un lado a otro, que no está quieta, que se puede destruir en cualquier momento y no puedes hacer nada, NADA al respecto. Y de ahí... el tren se va y tú vuelves a estar estable.

Una amiga muy cercana me preguntó hace unos días ¿qué puedo hacer para ayudarte cuando tienes ansiedad? Y no solo me acordé del tren, sino de quiénes estaban dentro de la casa; cómo se abrazaban, se daban la mano, se alentaban y solo esperaban, esperaban que pase el tren. Y así es mi nuevo entorno; ahí están conmigo solo esperando que pase, sin decir algo, solo están. Me abrazan, me dicen ya va a pasar, me recuerdan que respire, me hacen reír, me distraen y solo están aguantando conmigo hasta que pase el tren. ¿Ven qué importante es tener a GENTE SANA EN TU VIDA?

Anoche pensaba en una amiga que no la está pasando bien y me pregunté si ella tenía a alguien que le diera la mano cuando pase su tren. Espero que sí y si no, solo quiero que sepa que la entiendo y que aquí estoy, y en general a cualquiera que sienta que su día no está tan bueno, aquí hay alguien que los acompañará cuando pase el tren. Algunos demorarán 5 minutos, media hora... otros tal vez años, ¡pero ánimo! Porque va a pasar y todo va a estar bien. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

2015

Las personas siempre cuestionan mi obsesión por Disney... "¿No estás muy grande para estar pensando en magia y princesas?" Debo confesar que en un momento me detuve a pensar ese cuestionamiento detenidamente pero sobre todo a tratar de entender el por qué; por qué quiero creer que la magia sí existe. ¿Por qué necesito creer?

Recuerdo que una noche del 2015 le mandé un mensaje por WhatsApp a una amiga... "La magia no existe. Los cuentos de hadas no existen. El príncipe azul no existe". Y ella, muy honesta -y a la vez preocupada por mí- me respondió: no todo puede ser color rosa, Fati. Desde ese día, se podría decir, que mi fe, mis ganas de ver el lado positivo, mis ansias de creer que todo el mundo tiene un lado bueno, se esfumaron... y sí pues, no todo puede ser color rosa.

Pero de pronto, un buen día la magia empezó a manifestarse y debo confesar que demoré en entenderla. De pronto todo los días a las 8:30 a. m. empezaba a sonar mi celular con un "buenos días" lleno de encanto, sinceridad e ilusión. De pronto las tardes eran divertidas con un simple "ahora tú pregúntame algo". De pronto las noches ya no eran tan solitarias ni tan calladas... De pronto mis lunas tenían un motivo para brillar más de lo normal. 

Y sí, desde el 2015 he creído y descreído cientos de veces y he vuelto a creer y he vuelto a odiarlo todo. Me he decepcionado del mundo, de mí misma y de tantas historias que en algún momento me sacaron de mi realidad y me llevaron a lugares donde todo era posible. Perdí la fe en mí y peor aún, perdí la fe en mi propia magia. Le eché la culpa a los demás, le eché la culpa a él y mil veces a mí.

Una noche, de esas desesperadas donde tú eres tu propio enemigo, donde batallas contigo misma y solo tienes las de perder, una de esas noches donde ya no quieres despertar, llegó ese brillito de polvos mágicos que tanto necesitaba... "Yo también. Yo también te amo".

Y entre peleas y peleas con mis amigas, entre muchos "ya basta" y demasiados "abre los ojos" yo decidí creer; a consciencia o a ciegas o a mi modo o a cualquier modo, pero creer... y lo más mágico que me ha pasado es que él, a su modo duro, frío y brutalmente honesto, me hizo darme cuenta que la magia sí existe, ¡en mí! No tenía nada que ver con él ni el mundo ni los cuentos ni nadie. Solo yo tenía ese poder para que las cosas pasen, en que si realmente lo deseo de corazón, todas esas trabas iban a desaparecer y yo, por mí misma, sería algo mágico.



Tal vez el hada madrina nunca llegue para convertirme en flaca o millonaria con solo agitar su varita en esas noches cuando lloro sin control. Tal vez los animalitos no entren por la ventana a hacerme un vestido nuevo cuando veo que nada me queda (mucha tela tendrían que usar los pobres bichitos, también). Y tal vez las campanas no sonarán a las 12 en la plaza central del reino... pero sí he aprendido (y valoro más que nunca) que tengo amigos que subirían cualquier torre con tal de ayudarme, que tengo familia que pelearía contra mil dragones por defenderme y que tengo un primer beso en la banca de un parque a las 3:00 a. m, el más increíble de todas mis historias. Pero sobre todo, me tengo a mí y mi fe.

Con el tiempo aprenderé a reconciliarme conmigo... pero mientras tanto quiero, DEBO creer que los cuentos de hadas sí existen... los "vivieron felices por siempre" sí existen... y que la magia sí existe... Que están dentro de mí. 

sábado, 4 de abril de 2015

Quisiera ser tonta



Dicen que los tontos son más felices ¿No? algo así como los locos, los que viven en su burbuja, en su mundo y no se dan cuenta de la realidad. Y dentro de este estado mental encuentran equilibrio y se puede llegar a la conclusión de que son felices a su ritmo, a su modo. Lo escuché en una película, cuando la protagonista se encuentra en un punto decisivo de su vida, y dando vueltas frente a su casa conversando con un amigo, le dice "Quisiera ser tonta, y no darme cuenta de que existen cosas mejores y ser feliz con lo que tengo" Buscar la perfección cansa, agota.

Cuando eres inteligente tienes la capacidad de procesar información, decodificarla, entenderla y tienes el poder de decidir qué hacer con eso. Cuando eres tonta no. La información llega, se da una vueltita por tu cerebro y como no encuentra qué carajo hacer, simplemente se va... No se detiene, no se sobre piensan las cosas, no se analiza hasta lo que no hay. No se lee entre líneas.

Cuando eres inteligente las palabras duelen. Eres capaz de entender su procedencia, reconoces la ira con la que vienen, las dejas entrar y te hacen trizas. Por más que te hagas la fuerte... te empiezas a dar cuenta de por qué esas palabras salieron, por qué te las dijeron a ti. Reconoces culpa (si la tienes) o simplemente te la echas. Lloras. Sufres. Cuando eres tonta no. De repente te duele un poquito -¿A quién no le dolería que le dijeran tonta?- ¡Pero eres tonta pues! Entonces simplemente pasa y solo fue un pequeñito mal rato.

Cuando eres inteligente no tienes límites, siempre te dicen que puedas dar más y más y más ¡Y MÁS! No importa si estás cansada, si te tienes dolor de cabeza, dolor de cuerpo, si no duermes, si no comes o si comes mucho... siempre puedes dar más. Conformarse no es suficiente. Todos te presionan, todos te piden cosas, todos te escriben preguntándote cómo llegar a un lugar, dónde venden un objeto, cuánto cuestan las entradas para el evento tal... porque claro, como eres inteligente, sabes un poquito de todo, entonces te conviertes en el Google de tus amigos. Te conviertes en una fuente, un pilar que siempre debe estar disponible y fuerte como roble. .

A los inteligentes no se les permite equivocarse ¿Cómo te vas a equivocar en esto, si eres tan inteligente? Los inteligentes siempre deben ser inteligentes. Es como "zapatero a su zapato" entonces inteligente a la inteligencia, no a la brutalidad. Si te equivocas, eres una bestia, no vales, eres una decepción o eres un desperdicio de inteligencia. Y lo peor, es que como eres inteligente (y lo dije antes) logras comprender el significado de esto. Y duele.

Tal vez, en realidad, quisiera ser más tonta de manera intelectual y más inteligente de manera emocional... procesar las cosas de distinta manera, vivir en mi mundo rosado de cuentos de hadas, de príncipes azules y de torres altas pero seguir siendo el Google andante que todos quieren. Darme cuenta de que sí, puedo dar más, pero al final, decidir yo hasta dónde y que si no te gusta, pues que se de una vueltita por ahí y se pierda. Creo que ser un poco tonta a veces es bueno ¿O no?