Mostrando entradas con la etiqueta enamorado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enamorado. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de junio de 2019

Amor es amor

Yo ya tenía mis sospechas pero siempre he creído que lo mejor es no asumir y esperar la confirmación. Así que eso hice. Esperé y esperé y seguí esperando hasta que una buena mañana el mensaje llegó. ¡Hola! ¿Te parece si nos juntamos para almorzar? Quiero conversar contigo de algo.

Brian y yo nos conocimos hace muchos años por medio de una amiga y desde el primer instante nos hicimos grandes amigos. Es una de las personas más buenas y sensibles que conozco, además de botar creatividad por donde camine. A veces nos veíamos y me robaba un beso, a veces yo le robaba más, pero nunca tuvimos algo serio. La verdad, es que nunca supimos por qué. 

Después de un par de años de besos esporádicos, cuando yo tenía 23, me llamó para vernos. Salimos, nos besamos y al día siguiente nos volvimos a ver, nos volvimos a besar, me fui, me llamó, regresé y los besos continuaron... Empezamos a salir y así, sin querer queriendo, nos enamoramos. 

Estábamos literal todo el día juntos, además, ¡trabajábamos juntos! Me jaló con él para ayudarle en producción y yo pasaba a recogerlo a las 6 a.m. y lo dejaba en su casa a las 11 p.m., así todos los días. Éramos compañeros de aventuras, cómplices, socios, partners in crime y enamorados. ¡Teniendo en cuenta que es chu-rrí-si-mo! Hermoso, todo era hermoso y perfecto.

La magia duró poco, pero la amistad siempre fue lo primero... además, ¡había amor! Ya no estábamos pero yo sentía que lo amaba y que él también lo hacía. Simplemente ya no estábamos enamorados. Difícil de explicar, difícil de entender, pero creo que ese es el verdadero significado del amor.

Entonces, volviendo a esa buena mañana... acepté la invitación para almorzar, me arreglé y fui directo a nuestra cita. Los dos, ya en nuestros 30. Nos encontramos, pedimos la comida, hicimos un breve update de nuestras vidas y luego tomando un gran respiro me lo dijo... Fátima, soy gay. Tengo un novio, vivimos juntos, tú lo conoces... Seguro ya te habías dado cuenta, pero quería ser yo el que te lo dijera de frente...

...no quiero que pienses en que te mentí, en que fuiste una pantalla. Tú fuiste mi última enamorada y de corazón, de verdad, no quiero que pienses que te engañé o te usé o lo que fuese. Yo me enamoré de ti y te amo hasta ahora. Eres una de mis mejores amigas, eres mi familia y antes de que la gente hable o se empiece a decir cosas, mejor quería decírtelo y que no guardes ningún rencor.

Yo sonreí, lo tomé de las manos y le dije ya lo sabía, Facebook me lo contó. Los dos nos matamos de la risa y nos miramos de la misma forma de siempre: como cómplices, socios, partners in crime. Y luego lo único que quería saber era toda la historia de amor entre esos dos.

Él seguía siendo el mismo, ¡eso nunca cambió! Simplemente ahora él había encontrado el amor de pareja en otra persona. Y lo que yo valoré en ese momento fue que siempre me tuvo en mente, siempre tuvo esa consideración para conmigo. Hay que ser valiente para enfrentarte a algo.

Cuando cuento esto mucha gente me pregunta ¿no te da pena? ¿Pena? ¿Por qué? ¿Por qué me daría pena la felicidad de alguien que quiero? Si él estuviera con otra mujer "me tendría que dar cólera" pero como está con otro hombre "me tendría que dar pena". O me dicen ¿y cuando se ven se pintan las uñas UNA A LA OTRA? Acá la verdadera pregunta es ¿por qué la gente es tan cojuda?

El amor, es simplemente eso, AMOR. Yo lo amo con todo mi corazón porque es una persona maravillosa y él me ama también por quien soy. Y mi amor y apoyo será siempre incondicional. Eso, al final, es lo único que cuenta. ❤ 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El Cebiche del triunfo




¿Les ha pasado que cuando terminan una relación les cuesta mucho hacer las cosas que hacían juntos? (Y entiéndase una relación a cualquier tipo de relación, no solo amorosa). Intentan, prueban hacerlo, tratan de participar, pero es simplemente demasiado doloroso...

De repente sonará absurdo o ustedes pensarán que soy una huevonaza, pero cuando se acabó mi última relación estuve casi 5 meses sin poder comer pastas... ¡Yo sin comer, pues! Pero es que me era demasiado difícil. Tenía hambre -obviamente que sí- pero al ver la comida lo único que mi cerebro hacía era recordarme cuando él lo cocinaba para mí, cuando yo lo cocinaba para él, cuando tomábamos fotos a los platos para la web, cuando lo visitaba en el restaurante y llevaba a mis amigos y me sentía orgullosa de su comida. Un plato de pasta (o varios platos) simbolizaban lo bonito de una relación, pero lamentablemente también simbolizaban la ruptura más horrorosa que he pasado. Así que, la pasta estaba prohibida en mi vida.

Pero no solo eso... ustedes saben que yo amo cocinar, que aprendí a disfrutarlo y luego me volví muy buena y me aprendí los videos de Tasty y tengo mi cuaderno cuadriculado de colores en espiral lleno de recetas escritas a mano, como toda una señora y que está manchado obviamente pero no lo puedo descartar. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a seguir teniendo ganas de cocinar? Cocinar también era el sinónimo de muchos recuerdos y era aún más difícil porque mis skills mejoraron con sus indicaciones y me hacía acordar cuando yo preparaba cosas nuevas y luego las publicaba en su web. Cocinar también estaba prohibido en mi vida.

¿Cuándo entonces es el momento en que uno AVANZA? Al principio me mataba pensando cuándo, cuándo, cuándo, cuándo... y desgastaba mi energía, mis pensamientos en obligarme a superar las cosas o simplemente las evitaba y me hacía como que no pasaba nada y luego cuando me encontraba cara a cara con las situaciones que me eran difíciles me quebraba por completo. ¿Cuándo entonces superas? ¿Cuándo es que un día simplemente ya pasaste la página? ¿Cuándo sonríes de nuevo?

La respuesta es simple: cuando TÚ decides ponerle el pare. Mi breakup fue atípico -como toda mi relación- yo no tuve un cierre, no tuve explicaciones, no tuve nada, me quedé en el aire entonces eso también dificultó las cosas... hasta que un buen día, después de llorar y llorar y odiar al mundo y caerme y quedarme en el fondo, decidí avanzar. Así que yo misma puse el fin y decidí que era tiempo de empezar de nuevo.

Empezar de nuevo... ¿Qué flojera, no? Hacer tooooodo de nuevo... encima que soy una bestia para las citas. ¡Qué flojera! ¡¡Pero lo más importante era volver a comer!!

Una noche, en un matrimonio estábamos celebrando y siendo felices -con mucho alcohol- y a la hora de la cena me senté a comer con mis amigos y a la mitad del plato me di cuenta que estaba comiendo lasagna... pero no solo eso, la estaba disfrutando. No me dio pena, no me dio tristeza, no lo asocié a nada. Era simplemente una lasagna buenaza. ¡Salud por eso vamos por otro plato!

Luego vinieron los tallarines saltados, los rojos y los ravioles... ¡vino la pizza! LA PIZZAAAAAAA. Empecé a salir, a disfrutar de las cosas, dejé de llorar... empecé a sonreír, amigos. Pero admito que aún tenía miedo de meterme a la cocina y enfrentarme a los recuerdos más grandes.

Cómo son las cosas que ayer, martes 27 de noviembre, me invitaron a un evento de Twitter llamado #LaCocinaDeTwitter, en un restaurante. Yo pensé que solo nos iban a contar las novedades y luego nos alimentarían, ¡pero no! Resulta que teníamos que cocinar.

Así que tenía dos opciones:
A) Decir que no podía asistir y perderme una gran oportunidad de aprendizaje digital y no enfrentar mi miedo.
B) Agarrarme bien los huevos, enfrentarme al cambio y SUPERAR.

¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que me ponga a llorar en plena reunión? ¿Que salga corriendo y me regrese a mi casa a lamentarme? ¿Que me salga horrible? ¡Qué chucha pues, QUÉ CHUCHA! La opción B fue la ganadora y fui.

Ponerse el mandil, los guantes, escuchar la charla del chef, agarrar el cuchillo y empezar a cortar el pescado para el Cebiche... ¡Qué difícil concha de su madre! Lo único que tenía en la cabeza mientras iba preparando era su cara diciéndome lo que tenía que hacer... pero luego respiré hondo, me concentré en lo que tenía que hacer y todo eso que me estaba bloqueando desapareció. Me empecé a afanar con la sal, la pimienta, mover, mover, mover, limón, mover, ají, mover, ¡no dejar que se recocine! Mover, mover, leche de tigre, cebolla, más ají y mover... Agarrar el plato, poner la lechuguita, el choclito, colocar el camote, poner mi preparación, limpiar los bordes, presentarlo y decir LO HICE.

Mi Cebiche fue un éxito, tuve la aprobación del chef, a mí me gustó, a mis amigos les gustó, pero lo más importante es que lo hice. Yo lo hice. Yo tomé la decisión y lo hice. Pero sobre todo, amigos, me tomé mi tiempo.

Comenzar de nuevo es difícil, da mucho miedo, el no saber qué va a pasar es aterrador, pero si no lo hacemos, nunca sabremos las cosas grandes que están por llegar, no disfrutaremos las cosas bonitas que están ahí esperándote, ¡listas para ti! Así que, si estás pasando por lo mismo, tómate tu tiempo y cuando te sientas lista, agárrate los huevos, respira hondo y lánzate a la aventura. Que un Cebiche del triunfo te estará esperando. 

domingo, 4 de febrero de 2018

La la land



No, no me creo Emma Stone ni tampoco me creo una artista de Hollywood. A lo mucho puedo llamarme cantante de ducha, escritora de crónicas divertidas, catadora profesional de pollo frito. Pero hoy, mientras miraba el techo de mi cuarto en plena oscuridad, solo acompañada del sonido del ventilador y los suspiros de mi perro al dormir abrazado de mi pierna, recordé una mini versión de La la land en mi vida, hace unos cuantos pero no tantos años.

Nos conocimos muchos años antes de esta historia, aunque nos veíamos poco nos hicimos muy buenos amigos, hasta llegamos a viajar juntos una vez. Nunca pasamos de un par de besos, siempre acompañados de un vaso de Whisky y buena música. Honestamente nunca nos vimos como "algo más"; éramos grandes amigos, disfrutábamos la compañía del otro, ambos extraños, ambos soñadores, ambos locos.

En cierto momento yo estaba bastante flaca -sí, créanlo, era flaca, iba al gym, IBA AL GYM- y decidí hacerme una sesión de fotos, como él era la única persona que conocía que estaba metida en todo este asunto pues le pedí que las tomara. Así comenzó todo...

Primero fueron las fotos, luego fue "hay que revisar las fotos", luego un "¿me recoges más tarde?" Sin darme cuenta pasaba, literal, todo mi día y todos mis días con él. Esto ya no era un tema de solo amigos. 

Creo que deberíamos empezar a salir. Esa frase me aterró, no por el hecho de salir con alguien sino porque no nos conocíamos bien. Como dije, las veces anteriores fueron efímeras, siempre salíamos solo a divertirnos, siempre tomando, siempre en joda, en tontería. Nunca hubo algo serio. Y en ese momento, nuestros tiempos juntos eran de diversión, de compañía. Yo no quería que realmente me conozca.

Él era el típico soñador, futuro director de cine, artista innato, con una imaginación y creatividad increíbles. Yo no tenía en claro qué hacer con mi vida, recién estaba empezando a cantar y él me ayudaba en todo lo que podía. Para mí él era perfecto y yo lo era para él. 

Una noche no podía más con mi vida, me sentía abrumada, exhausta, ansiosa y sola. Pensaba en cómo haría para resolver todos mis problemas, todas mis dudas existenciales y lo peor es que no tenía con quién hablar. ¿Cómo iba a contarle a él todos mis problemas? Se enteraría de quién realmente era; una chica depresiva, ansiosa, que llora de todo y que se hace un mundo de la nada. Ya no sería perfecta.

Aún así, tomé el teléfono y le dije para ir a su casa. Siempre con una sonrisa y un abrazo fuerte me recibía preguntándome ¿y, hoy qué vamos a hacer? No había nadie en casa, los vasos de whisky listos, hielo listo, dos ceniceros y dos encendedores. Nos sentamos en el suelo y me preguntó cómo estaba. Rompí en llanto y riéndome de mi desgracia le conté todo, punto por punto, detalle por detalle, prendiendo cigarro tras cigarro y tomando sorbos de mi vaso. 

En ese momento pensé, estoy segura que mañana que me calme me va a decir que mejor lo dejamos todo aquí no más. Él me miró todo el tiempo, en silencio, solo fumaba, bebía, me miraba, suspiraba y me seguía mirando. 

Cuando ya no había más lágrimas me dijo "tengo exactamente lo que necesitas". Se fue por un momento y cuando regresó, tenía una radio en la mano. La conectó y puso un CD. La verdad, no recuerdo qué CD era ni qué canción era ni quién cantaba, porque lo único que recuerdo era su sonrisa escondida en su cabello rizado dorado. 

Se puso a cantar y a bailar por toda la casa, interpretó cada palabra de esa canción, haciéndome reír como nunca antes. Tomó mi cigarro, lo apagó en el cenicero y extendió su mano hacia mí. Realmente parecía que estábamos en ese monte junto a la luna, donde el galán saca a bailar a la dama y aunque los dos no son bailarines, no se equivocan en ningún paso, flotan por el suelo al ritmo de la canción y ella, tras dar un giro y volver a sus brazos, cae rendida ante su encanto y recibe ese beso que borra todo problema que en algún momento la atormentó.

Y tal como la película, él terminó conociéndome y yo terminé conociéndolo. No funcionó. Cada uno siguió su vida, ya pasaron casi 10 años y hemos vuelto a ese punto del inicio; el de amigos que se ven, se adoran, se abrazan y ríen como locos. Claro que yo ya no soy flaca y ahora él tiene novio. Él es director y yo grabé algunas cuántas canciones. Supongo, que tal como Emma y Ryan, ambos influimos en la vida del otro, pero nuestras historias debieron crecer separadas, para que ahora cada uno tenga su propia historia de amor de película. Y creo que en eso los dos sí atinamos, porque ambos somos muy felices.

Ah, por cierto, la canción es Slowly de Luis Eduardo Auté, ¿creyeron de verdad que no me iba a acordar? Buenas noches, a soñar todos.



martes, 23 de agosto de 2016

El último-primer beso

El primer beso. ¿Se acuerdan cómo fue? Vamos a retroceder unos cuantos añitos y pensemos en nuestro primer-primer beso, pero no contemos en los típicos piquitos de jugar Botella Borracha pues ¡Nada que ver! Espero que todos cuando piensen en eso sonrían y tengan un bonito recuerdo.

Yo tenía 14 o 15, estaba en 4to de secundaria y eran los Juegos Florales. Como todos los años, yo ganaba el concurso de literatura y me hacían leer un poema frente a todos; estaba en falda y en blusa de vestir y nerviosa a más no poder, no por leer, sino porque el chico súper churro que había conocido hacía un tiempo iría a verme.

Un poco más alto que yo, de ojos claros, cabello negro y linda sonrisa. -Un re patán, pero estaba bueno- Llegó temprano, se sentó y se comió toda la presentación del evento; cuando terminé de leer y bajé del escenario me lo encontré en la puerta y me dijo para "ir a caminar". ¡Aló! Estábamos dentro del colegio a dónde se suponía que iríamos a caminar. Él estaba en la universidad, creo que tenía 22, y yo era reeeeeeecontra pavaza (más) así que cruzamos la cancha de fulbito y nos sentamos en las escaleras del patio de primaria.

Conversamos un montón, honestamente creo que hablábamos huevadas pero yo estaba encantada porque OBVIAAAAA era un chico mayor que iba a verme al colegio. A mí, a la lorna del salón #Winner. De pronto, el señor que cuidaba la puerta desapareció, estábamos literalmente solos. "¿Quieres bailar?" Yo como imbécil con mis ojitos de babosa 😍 me paré, lo abracé y empezamos a bailar. No sé qué me hablaba, yo solo pensaba "que no venga mi papá, que no venga mi papá". Me miró y me besó. De ahí llegó el de la portería le contó a mi papá, él a mi mamá, ella me gritó. Castigada.

Todos los primeros besos tienen algo mágico y distinto entre ellos. O sea, cuando te besas con alguien siempre es el "primer beso" pero nunca sientes lo mismo. ¿Cuál es entonces el verdadero verdadero primer beso? Pues la respuesta es fácil, tu verdadero primer beso es el último que das.

No recuerdo exactamente cómo fue. Tengo clarísimo el antes y el después pero el preciso momento pues, es un nubarrón de sentimientos locos y latidos acelerados de, no solo el primer beso, sino, de la primera cita. Me recogió de la casa de una amiga y nos fuimos a un barcillo a tomar unas chelas y conversar, literalmente nos estábamos conociendo y a pesar de estar re nerviosa me sentía muy cómoda; esa comodidad de estar relajada sin pensar en etiquetas ni poses ni nada, algo tan transparente que querías mantenerlo por muchas horas. Cuando cerraron el bar cerca de las 3am no queríamos despedirnos así que nos sentamos en las bancas de un parque y seguimos conversando; de la vida, de nosotros, de los ex, de los planes, qué te gusta, qué no te gusta... qué te gusta de mi...

Él estaba cansado, en un momento se agarró los ojos y empezaron a lagrimear. "Pobrecito, no llores please". Hasta ése momento el único acercamiento fue para saludarnos, ni siquiera me había agarrado la mano ni abrazado ni nada, estábamos los dos sentados en la banca cada uno en su "espacio de protección". A la mierda, ¿A qué hora me va a besar? Le sequé las lágrimas con mis dedos y al tocarlo todo se congeló. Él solo me miró con esos ojotes bellos y dijo: me encanta cómo me tratas. Y ya. ¡Lo siento señores no me acuerdo lo demás!


Ése fue mi último-primer beso. El verdadero. El único que vale. El único que cuenta. ¿A ustedes ya les pasó?