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miércoles, 1 de noviembre de 2023

365 días

"Es muy engreída". "Es floja". "Es malcriada". "Es que le han dado todo". "Es que es malagradecida". "Es sucia, ella es así..." Y el peor de todos, "no sé a quién habrá salido, porque no somos así".

La moda de los últimos años han sido las afirmaciones; enseñarle a los niños desde muy pequeños a decir lo valiente que son, lo inteligentes que son, lo hermosos y valiosos que son. ¡Genial! Pero eso no hubo en 1983, cuando yo nací. 

Al parecer mi comportamiento tenía una explicación claaaaaara... era cuestión de elegir cualquiera de las opciones antes nombradas y, lo peor, es que me lo creí. Y crecí así, pensando que eso era y que no había más. Eso era; engreída, floja, malcriada, malagradecida, sucia... 

Una mañana... antes de llegar a mis 40 años, abrí los ojos y pensé ¿de qué sirve? Ya había pasado por varios psicólogos, estaba en terapia, sentía que me iba mejor o al menos que trataba de que fuese así. Pero no me daba el cuerpo, no me daba el alma. El 2022 me golpeó duro, más de lo que una persona puede tolerar al mismo tiempo, golpe tras golpe. Yo trataba realmente de levantarme pero mi cuerpo no daba, ya estaba cansado. Ese día tenía terapia en la noche. 

"Ya no sé qué más puedo hacer. Me esfuerzo, trato de hacer ejercicio, de comer sano, voy a todas mis sesiones de terapia, trato de hacer cosas diferentes... ¿por qué no funciona? a veces no me puedo levantar de la cama, a veces no puedo ni sacar al perro a pasear. No puedo recoger mi plato, mi vaso, no puedo lavarlos... los veo acumularse y me siento peor. Me siento sucia, floja, engreída..." 

Ese día, junto a mi psicóloga, decidimos que debía ver un psiquiatra porque realmente, REALMENTE YO HACÍA TODO!!!! y nada funcionaba. Me faltaba un empujón, algo que me de claridad y calma porque todo era tan abrumador. Llegué al punto de no soportar el ruido, la gente, no quería salir, me daban ataques de ansiedad en el taxi cuando iba a algún lugar que no sea lo conocido (mi oficina, mi casa, casa mis papás o mi enamorado), lloraba en el trabajo, a las 9 a.m., a las 3 p.m., a las 10 p.m. puta madre no había hora, cuando llegaba simplemente llegaba y yo ya no quería más. Fui al psiquiatra. 

Un doctor viejito me recibió, Claver Flores, y elegí mi cita con él porque Claver suena a "clever" (inteligente) y lo que necesitaba era un doctor clever JAJAJAJAJA. Tenía mucho miedo, tantas cosas que se escuchan sobre las medicinas antidepresivas, sobre todo la dependencia y los efectos secundarios. El viejito clever me hizo unas preguntas, con mucha paciencia y lentitud, apuntando todo en sus hojitas y luego escribiendo poco a poco en su computadora. Cuando terminé de hablar y él de escribir, solo me miró y dijo "trastorno crónico de ansiedad y depresión leve, vamos a solucionarlo juntos". Y al verme sonreír me dijo "seguro usted ya está cansada que le digan 'ponle ganas' 'no haces el esfuerzo, no te comprometes' 'tú puedes, eres fuerte' 'tienes que relajarte' y no pues, señorita Yataco, usted es fuerte pero no puede y eso está bien. Aquí lo vamos a superar juntos". 

Claver Flores ha sido uno de los ángeles que Dios puso en mi vida. En 30 minutos sentí que alguien entendía plenamente qué me pasaba y tenía la solución: escitalopram. Así comenzó mi viaje con los antidepresivos y decidí registrarlo todo. No sabía cuánto tiempo iba a tomar la medicina, no sabía qué iba a sentir, si iba a funcionar o no, era arriesgar y probar. Prueba y error o prueba y éxito. No saber también causa ansiedad csm. 

Empecé a grabar mi día a día en Tik Tok, cada síntoma cada cosa que sentía, los dolores de cabeza ASQUEROSOS que tenía, las náuseas, el sueño... el primer mes fue duro en cuestión de entender qué me pasaba... ¿y saben qué me pasaba? Me sentía NORMAL y no sabía qué era vivir así... normal, como la gente común y corriente. La pastilla le había bajado el volumen a todo pensamiento negativo, todo estaba bloqueado yo caminaba sintiendo nada malo, nada negativo. ¡Era raro! 

Los meses pasaban, me iba sintiendo mejor, mis amigos siempre conmigo, mi familia apoyándome desde su entendimiento y mejor esfuerzo, en mi trabajo el apoyo fue al 100... al poco tiempo me separé definitivamente de la peor pareja que he tenido y dije ya no más, ya no más Fátima por favor. Mi cabeza ahora estaba pensando, funcionaba, sentía la tristeza la pena la rabia de una separación asquerosa, pero sabía en el fondo que iba a estar bien y que era la mejor decisión... volví a hacer ejercicio, volví a limpiar mi casa, volví a cocinar. Empecé a salir, a hacer cosas nuevas, todavía con ansiedad ante lo desconocido pero algo, algo en mi cabeza ya no retenía, algo me decía que sí podía.

Ese algo, era mi yo sana, mi Fátima sana que tenía ganas de sentir sano, de vivir sano, de disfrutar plenamente. Me comprometí con mi tratamiento, nunca falté a mis terapias psicológicas, nunca dejé de tomar la medicina por más que tuviese días donde el sueño me mataba o donde me sentía como zombie del efecto secundario. Viejito clever me cambió la med para la noche y eso arregló bastante. 

Pasaron los meses, la dosis empezó a bajar. Ya no era 1 pastilla, ahora era media. Luego fue un día sí un día no y de pronto a veces me olvidaba hasta de tomarla de lo bien que me sentía. Empecé a conocer personas maravillosas que habían visto mis videos en Tik Tok y me escribían, conversábamos intercambiábamos experiencias, consejos. Me empecé a dar cuenta quiénes realmente eran mis amigos, con quién podía contar de verdad, personas que nunca esperé conecten conmigo, ahí estaban. La depresión me puede haber dado muchas cosas malas pero me ayudó a entender quién realmente era y porqué no era lo que me habían metido en la cabeza. Todo tenía una explicación, yo tenía un desbalance químico y eso no me dejaba pensar con claridad. 

Hasta que llegó el día de mi consulta con Claver clever, después de 2 meses con la dosis mínima. Estaba nerviosa, ya era un año en tratamiento y no sabía si tenía que seguir tomando la medicina, si ya estaba bien... Sentía que me iban a quitar las rueditas de mi bicicleta, ¿estaba lista para enfrentarme al mundo sola, sin medicina? 

Otra vez las preguntas, conversar un poco, el tipeo lento en la computadora y escribir en las hojitas con paciencia... Entonces, mi viejito clever, me dio de alta. Fueron exactamente 365 días de tratamiento y ya estaba bien. Ese día salí de la clínica "manejando sola mi bicicleta". Lloré en la puerta de felicidad. Hablé con mi mejor amiga, con mi papá, hice mi Tik Tok ajajajajaja mis historias de Instagram. Lo grité al mundo. Había triunfado. 

Ahora, cuando me miro al espejo, veo mis ojos distintos... No sé cómo explicarlo. Antes veía a una chica siempre sonriente pero con ojos tristes, luego con "ojos medicados"... pero ahora, mis ojos brillan y ese sentimiento inexplicable es grandioso, porque me veo y sé que estoy bien y que voy a estar bien. He aprendido a, primero, entender mis emociones. Si siento pena pues por qué la siento, qué lo ha causado, ¿puedo hacer algo para mejorarlo? ¿está en mis manos? He aprendido a respirar de verdad, a darme tiempo, a no lanzarme si no estoy lista, a poner mis límites, a decir esto no me gusta y no hacerlo. Aprendí que no estoy sola si estoy conmigo y estar conmigo es lindo. Y pude haberlo dicho antes en el pasado, pero ahora lo sé, ahora me lo creo. Así que ya no ando detrás de nadie mendigando amor. 

¿Valiente? Sí, muchísimo. Ya voy 1 mes sin medicina, sin recaídas, sin ataques de ansiedad, sintiendo tristeza por las cosas que dan tristeza pero sin hundirme, sino entendiéndola y dándome mucho amor y compasión. Hoy siento que sí sonrío de verdad. Sí se puede, amigos. Sí se puede. 

jueves, 23 de julio de 2020

Cuando pase el tren

Hace un tiempo que vengo pensando bastante en mi ansiedad. Algunos días la pendeja pasa a saludarme. Se asoma a joderme la paciencia un rato. Es difícil vivir con ansiedad y ha sido aún más difícil poder manejarla durante esta cuarentena.

Pero me he concentrado más en pensar lo afortunada que soy de tener un buen sistema de apoyo. Muchas veces he hablado sobre los entornos tóxicos; las relaciones, las amistades, la familia... cualquiera que te rodee y no te aporte, ¡o encima que no te aporte, te joda! Hablé ya muchas veces de limpiar a la gente, de no tener miedo de decir no quiero esto, no tener miedo de irte. Pero luego, ¿con quiénes te quedas? Y ahí siempre, siempre, pienso en mi familia, mis amigos y mi flaco.

Tengo un team que ufff... ¡sí que la han sufrido conmigo! Son de esos que se turnan para "monitorearte" cuando no tienes un buen día, que te llaman, te escriben, te pasan memes, le dan like a tus Tik Toks (después del bullying necesario). No te juzgan, te escuchan pero sobre todo, están ahí antes, durante y después. 

Una vez en una reunión salió el tema de la ansiedad y un tipo dijo ¿pero qué es ansiedad, qué sientes? ¿no puedes simplemente animarte? ¡Ah bueeeeeeeeeeeeeee! ¡Animarme! No se me había ocurrido... imbécil. Y por ahí la gente trataba de explicar qué era, cómo se sentían. Yo escuchaba, pero me dejó la duda de cómo explicarle a alguien cómo me siento, cómo hago que los demás al menos puedan hacerse una idea de cómo estoy.

¿Alguna vez han vivido frente a una estación de tren? Yo no, jajajaja pero estaba viendo una película donde un tren pasaba obviamente a gran velocidad frente a una casa y la sacudía por completo, como un fuerte temblor y todos dentro tenían que simplemente sostenerse y esperar. Así es cuando tienes ansiedad. Hay cosas que la empeoran, cosas que tú sabes que pueden desencadenar en un ataque de ansiedad, por ejemplo el trabajo, esperar una noticia, comenzar algo nuevo, no tener una respuesta de algo, en fin... pero muchas veces la ansiedad solo llega. Estás bien y de pronto, ¡buenasssssssss! Llegó a joder y te desestabiliza, esa es la palabra, la ansiedad es ese tren de mierda que viene a velocidad y tú eres la casa que se vuelve inestable, que se mueve de un lado a otro, que no está quieta, que se puede destruir en cualquier momento y no puedes hacer nada, NADA al respecto. Y de ahí... el tren se va y tú vuelves a estar estable.

Una amiga muy cercana me preguntó hace unos días ¿qué puedo hacer para ayudarte cuando tienes ansiedad? Y no solo me acordé del tren, sino de quiénes estaban dentro de la casa; cómo se abrazaban, se daban la mano, se alentaban y solo esperaban, esperaban que pase el tren. Y así es mi nuevo entorno; ahí están conmigo solo esperando que pase, sin decir algo, solo están. Me abrazan, me dicen ya va a pasar, me recuerdan que respire, me hacen reír, me distraen y solo están aguantando conmigo hasta que pase el tren. ¿Ven qué importante es tener a GENTE SANA EN TU VIDA?

Anoche pensaba en una amiga que no la está pasando bien y me pregunté si ella tenía a alguien que le diera la mano cuando pase su tren. Espero que sí y si no, solo quiero que sepa que la entiendo y que aquí estoy, y en general a cualquiera que sienta que su día no está tan bueno, aquí hay alguien que los acompañará cuando pase el tren. Algunos demorarán 5 minutos, media hora... otros tal vez años, ¡pero ánimo! Porque va a pasar y todo va a estar bien. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El Cebiche del triunfo




¿Les ha pasado que cuando terminan una relación les cuesta mucho hacer las cosas que hacían juntos? (Y entiéndase una relación a cualquier tipo de relación, no solo amorosa). Intentan, prueban hacerlo, tratan de participar, pero es simplemente demasiado doloroso...

De repente sonará absurdo o ustedes pensarán que soy una huevonaza, pero cuando se acabó mi última relación estuve casi 5 meses sin poder comer pastas... ¡Yo sin comer, pues! Pero es que me era demasiado difícil. Tenía hambre -obviamente que sí- pero al ver la comida lo único que mi cerebro hacía era recordarme cuando él lo cocinaba para mí, cuando yo lo cocinaba para él, cuando tomábamos fotos a los platos para la web, cuando lo visitaba en el restaurante y llevaba a mis amigos y me sentía orgullosa de su comida. Un plato de pasta (o varios platos) simbolizaban lo bonito de una relación, pero lamentablemente también simbolizaban la ruptura más horrorosa que he pasado. Así que, la pasta estaba prohibida en mi vida.

Pero no solo eso... ustedes saben que yo amo cocinar, que aprendí a disfrutarlo y luego me volví muy buena y me aprendí los videos de Tasty y tengo mi cuaderno cuadriculado de colores en espiral lleno de recetas escritas a mano, como toda una señora y que está manchado obviamente pero no lo puedo descartar. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a seguir teniendo ganas de cocinar? Cocinar también era el sinónimo de muchos recuerdos y era aún más difícil porque mis skills mejoraron con sus indicaciones y me hacía acordar cuando yo preparaba cosas nuevas y luego las publicaba en su web. Cocinar también estaba prohibido en mi vida.

¿Cuándo entonces es el momento en que uno AVANZA? Al principio me mataba pensando cuándo, cuándo, cuándo, cuándo... y desgastaba mi energía, mis pensamientos en obligarme a superar las cosas o simplemente las evitaba y me hacía como que no pasaba nada y luego cuando me encontraba cara a cara con las situaciones que me eran difíciles me quebraba por completo. ¿Cuándo entonces superas? ¿Cuándo es que un día simplemente ya pasaste la página? ¿Cuándo sonríes de nuevo?

La respuesta es simple: cuando TÚ decides ponerle el pare. Mi breakup fue atípico -como toda mi relación- yo no tuve un cierre, no tuve explicaciones, no tuve nada, me quedé en el aire entonces eso también dificultó las cosas... hasta que un buen día, después de llorar y llorar y odiar al mundo y caerme y quedarme en el fondo, decidí avanzar. Así que yo misma puse el fin y decidí que era tiempo de empezar de nuevo.

Empezar de nuevo... ¿Qué flojera, no? Hacer tooooodo de nuevo... encima que soy una bestia para las citas. ¡Qué flojera! ¡¡Pero lo más importante era volver a comer!!

Una noche, en un matrimonio estábamos celebrando y siendo felices -con mucho alcohol- y a la hora de la cena me senté a comer con mis amigos y a la mitad del plato me di cuenta que estaba comiendo lasagna... pero no solo eso, la estaba disfrutando. No me dio pena, no me dio tristeza, no lo asocié a nada. Era simplemente una lasagna buenaza. ¡Salud por eso vamos por otro plato!

Luego vinieron los tallarines saltados, los rojos y los ravioles... ¡vino la pizza! LA PIZZAAAAAAA. Empecé a salir, a disfrutar de las cosas, dejé de llorar... empecé a sonreír, amigos. Pero admito que aún tenía miedo de meterme a la cocina y enfrentarme a los recuerdos más grandes.

Cómo son las cosas que ayer, martes 27 de noviembre, me invitaron a un evento de Twitter llamado #LaCocinaDeTwitter, en un restaurante. Yo pensé que solo nos iban a contar las novedades y luego nos alimentarían, ¡pero no! Resulta que teníamos que cocinar.

Así que tenía dos opciones:
A) Decir que no podía asistir y perderme una gran oportunidad de aprendizaje digital y no enfrentar mi miedo.
B) Agarrarme bien los huevos, enfrentarme al cambio y SUPERAR.

¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que me ponga a llorar en plena reunión? ¿Que salga corriendo y me regrese a mi casa a lamentarme? ¿Que me salga horrible? ¡Qué chucha pues, QUÉ CHUCHA! La opción B fue la ganadora y fui.

Ponerse el mandil, los guantes, escuchar la charla del chef, agarrar el cuchillo y empezar a cortar el pescado para el Cebiche... ¡Qué difícil concha de su madre! Lo único que tenía en la cabeza mientras iba preparando era su cara diciéndome lo que tenía que hacer... pero luego respiré hondo, me concentré en lo que tenía que hacer y todo eso que me estaba bloqueando desapareció. Me empecé a afanar con la sal, la pimienta, mover, mover, mover, limón, mover, ají, mover, ¡no dejar que se recocine! Mover, mover, leche de tigre, cebolla, más ají y mover... Agarrar el plato, poner la lechuguita, el choclito, colocar el camote, poner mi preparación, limpiar los bordes, presentarlo y decir LO HICE.

Mi Cebiche fue un éxito, tuve la aprobación del chef, a mí me gustó, a mis amigos les gustó, pero lo más importante es que lo hice. Yo lo hice. Yo tomé la decisión y lo hice. Pero sobre todo, amigos, me tomé mi tiempo.

Comenzar de nuevo es difícil, da mucho miedo, el no saber qué va a pasar es aterrador, pero si no lo hacemos, nunca sabremos las cosas grandes que están por llegar, no disfrutaremos las cosas bonitas que están ahí esperándote, ¡listas para ti! Así que, si estás pasando por lo mismo, tómate tu tiempo y cuando te sientas lista, agárrate los huevos, respira hondo y lánzate a la aventura. Que un Cebiche del triunfo te estará esperando.