viernes, 29 de junio de 2012

En La Ceguera Y En La Verdad

Cuando estás gileando a alguien y estás en el típico cuestionario sobre tu color favorito, qué películas ves y cuántas relaciones has tenido, siempre sale la frase soy súper honesto, nunca miento y no me gustan las mentiras. El marketing personal es increíble en la primera cita, todos editamos nuestros pensamientos para que nuestras respuestas lleguen sólo con "la verdad" y lo peor viene cuando la otra persona te dice ¿Es en serio? a ver, cuéntame algo que nadie sepa y tú dices ¡Ah!, cuando llueve, me encanta salir y caminar y pensar en la vida. Ni tu mamá te cree eso.

Hace unas semanas en una de mis clases nos dejaron ver una película, Los Ojos de Julia, un thriller psicológico español con la grandiosa Belén Rueda. Para variar mis carismáticas amigas dijeron que era malísima y se burlaron de mis gustos cinematográficos por Facebook. Pero como soy picona -y digo la verdad- no podía quedarme con los brazos cruzados ante "el ataque" y como tampoco me tomaron el examen pues entonces ahora ustedes, mis queridos lectores, pagarán el pato y se comerán mi apreciación.

No quiero hablar de Julia, de su ceguera, de la muerte o del engaño de las situaciones de la vida. Quiero hablar del asesino. ¿A caso tú sabes lo que es ser invisible, pasar por el lado de alguien y que nadie te mire, que se tropiecen contigo? Y mientras escribo esta crónica y recuerdo esta pregunta y en mi mente veo sus ojos vacíos en la oscuridad y llenos de dolor, agonía, ira y venganza, pienso y me quedo sin aire, porque sí, sí sé que es eso y quien no sabe lo que es, estoy segura, ya hubiera dejado de leer estas líneas.





Ser invisible. ¿Nunca han visto esas películas americanas donde el chico lorna está en el gimnasio y es el último en ser elegido para el equipo y que encima el que lo elige pone una cara de por la puta madre y al final es el lorna quien recoge todas las pelotas y aun así está feliz porque es parte del equipo? Y cuando ves esa película comiendo canchita no te cagas de la risa del pobre loser y lo señalas y gritas ¡loser! y tu enamorada o enamorado te dice no te burles ¿Nunca te ha pasado? y tú respondes a mí nunca me ha pasado eso y te sigues carcajeando. A mí una vez me hicieron esa pregunta, la diferencia es que yo no me estaba riendo y nadie en el grupo de amigos que veía la película emitió sonido ante mi respuesta. Nunca más me vieron igual.

Una vez estaba en el colegio y estaban haciendo equipos para los partidos de volley. Yo nunca fui gran deportista, me gustaban los deportes sí, pero siempre fui más gordita que el resto y mi problema bronquial no era de gran ayuda en mi físico. No sé si tenía amigas, no sé si la palabra amiga en ese momento existió o fue comprendida como debería ser comprendida. No recuerdo si éramos muchas, si éramos pocas, si fue un lunes o un jueves, si fue a la hora de educación física o si fue para las olimpiadas. Lo que recuerdo es la cara de por la puta madre de la hija de puta que tuvo que chantarse mi presencia en su equipo.

Junto con la película nos dejaron leer el súper entretenido cuento de Mario Benedetti “Los Pocillos” que trata sobre un ciego cuernudo, la pendejita de su mujer y el sin vergüenza del cuñado y me dijeron que mi análisis estaba ahí no más. Bueno, volviendo a la verdad de mi piconería y que me la agarro con ustedes, haré mi comentario respectivo que va de la mano con la invisibilidad pero del otro lado, del lado de los que no quieren ver lo que pasa frente a sus narices.

No es necesario que tengamos una condición física para que no veamos las cosas que suceden, porque suceden y están ahí y no se irán y cuando las tapamos con un poquito de tierra, o las hundimos bajo un terral, en algún momento el viento se lleva todo y aparecen y cómo las evitas, cómo las vuelves a tapar sin que esto no te atormente. Como la película del niño loser, que la ves en todo momento. Es verdad -otra vez la verdad- tenemos muchas cosas y muchos secretos, no queremos darnos cuenta de nuestros errores y seguimos saliendo con el mismo chico que nos causa dolor, seguimos perdonando al que se tropieza con nosotros y no se disculpa, seguimos frecuentando el mismo trabajo que no nos gusta, comemos grasa cuando nos ataca el colesterol, mentimos, sí, mentimos a los demás y peor aún, a nosotros mismos.

Pedimos honestidad al mundo y mentimos siempre. Pedimos que nos vean, que nos reconozcan y le hacemos la ley del hielo al chico nuevo del trabajo o de la clase porque no lo conozco y se ve medio pavo. Pedimos que nos escuchen, que nos entiendan, que se pongan en nuestro lugar y cuando nos piden un almuerzo para conversar, un mensaje de texto o simplemente ir a un paseo familiar, decimos que estamos muy ocupados o que tenemos muchas cosas en qué pensar como para cargarte con otras. Soy honesta, al menos esta vez. Porque todos somos ciegos y todos somos invisibles y el que diga que cuando llueve le gusta salir, caminar y pensar en la vida, es un huevón. Ésa, es la verdad.


sábado, 23 de junio de 2012

Tenedor y cuchillo: de afuera hacia dentro



Siempre he sido tosca, un poco ruda, medio lorna y hay un lado al que le llega todo. Cuando era chica, siempre tenía las rodillas raspadas porque andaba por el piso jugando. Moretones porque jugaba a las mechitas con mis hermanos. Si bien me encantaban las muñecas, maquillarme y cambiarle los pañales a mi chichobello, no me podía perder un capítulo de GI Joe.

A mis casi 29 años me sigo tirando un chancho después de tomar gaseosa. Pongo los codos en la mesa. Camino sin zapatos y subo los pies al mueble. Si me pica, me rasco; si me da risa, me carcajeo; si me molesto, grito y te mando bien lejos. No pienso cambiar quien soy, pero he de admitir que aunque tanto me molestaba hacerlo de niña, saber un poco de etiqueta no hace daño a nadie.

A veces pensamos que no es importante, que si uno aprende la manera correcta de cómo sostener una copa de vino entonces se cree pituco o se cree más que los demás, que es posero o ridículo. Digamos que, si la sostengo mal, mi vino se calienta, entonces si la sostengo bien, lo disfrutaré más. Además, ¿a caso pituco es equivalente a tener modales? Le podemos preguntar a Celine Aguirre a ver qué opina.

Una vez hace unos años fui a un matrimonio donde sólo conocía a la novia, me acompañó un amigo. Nos sentamos en la mesa donde compartimos con los familiares de la novia. Como llegamos un poco tarde, si me siento en una mesa llena, es señal de respeto saludar al resto, pero ¿y si no me devuelven el saludo? El caballero de mi derecha levanta el vaso de whisky y le pide al mozo que le sirva más vino. El mozo, muy atento, le hace una señal para que baje el vaso y procede a servirle en la copa correcta. El "caballero" indignado le dice que si no ha estudiado en el colegio, que él le está poniendo el vaso y en cambio le sirven en copa. El mozo sonríe, sirve en el vaso y se lleva la copa.

Mientras veíamos que todos bebían vino en vaso y gaseosa en copa para agua, nosotros poníamos la servilleta de tela en nuestras piernas. Una dama sentada frente a mí se ríe al verme hacer eso y cuelga la suya en su escote. Nos traen una entrada y otro caballero le pide al mozo que "se lleve tanto cubierto, con uno basta" Tomé un poco de agua para poder pasar el nudo en la garganta. Nosotros tomamos el tenedor y cuchillo que estaban hacia afuera y procedimos a comer poniendo al terminar, ambos cubiertos juntos de manera diagonal. Los demás encajaron el cuchillo dentro del tenedor y los pusieron como una gran X sobre el plato.

¿Sería posible que nosotros éramos los bichos raros y la gente, realmente rajaba de nuestra manera de comportarnos en una mesa? Un poco ofendidos nos retiramos temprano después de saludar a los novios.

En mi casa como con cuchara, echo el arroz dentro de la olla para que se moje bien con el juguito del pollo, tomo gaseosa del pico de la botella y lamo el cuchillo. Repito, EN MI CASA.

Tips para que podamos causar una buena impresión cuando estemos en una reunión de trabajo, cena familiar o peor aún, cena con los suegros:

- Si te sirven pan, te lo pondrán a tu lado izquierdo. No lo abras y le metas todo adentro como sanguchito. Rompe un pedazo, le pones la mantequilla y te lo metes todo a la boca. No lo muerdas como si fuera tu francés con dorina.
- El vaso chato redondo es de whisky, el vaso redondo largo es de ron o de gaseosa, si te ponen dos copas, la pequeña es para el vino, la más grande es para el agua.
- Si ves más de un cubierto en la mesa, los de afuera son para el primer plato, los que están adentro (es decir, más cerca al plato) son para el plato de fondo.
- Cuchillo con serrucho es para carne.
- La servilleta de tela es de adorno, no te limpies el ketchup que derramaste en tu polo con eso. 
- Si te limpias la boca, limpia los lados, no te pases la servilleta por toda la boca como si te faltara pinesol.

El único caso salvable es el pollo a la brasa. Ahí sí, chúpate el dedo comiendo el alita y lámete la mayonesa del codo.

viernes, 15 de junio de 2012

¿Tiene lo mismo pero en XL?


No soy una mujer normal. Detesto salir de compras. Tener que esperar horas por un probador, pelearme para que me puedan atender, poner la mano encima de la chompa antes que otra mujer para que no me la quite… no, no, no. No es mi estilo. Además, nunca he entendido por qué las mujeres se demoran tanto comprando. Definitivamente no saben lo que quieren porque llegan, agarran de aquí, agarran de allá, se prueban todo y al final, cuál es el resultado: no me gusta, no me queda, no me convence, mejor vamos a otra tienda.


Mis amigas ya no me llaman para ir a comprar porque siempre digo que no y si por ahí alguna vez acepto, siempre estoy con mi cara de desastre o pegada al blackberry rajando de ellas en Facebook. Es que también la situación va por este lado; si para una señorita de contextura delgada es tan complicado comprarse ropa –teniendo en cuenta la cantidad exorbitante de opciones que tienen- ¿Pueden imaginar lo que una señorita de curvas caribeñas como yo tiene que pasar para conseguir un jean, un polo o peor aún, un vestido?

Cuando viajaba en USA no tenía tanto problema, encontraba ropa rápido y me traía varias cosas que me duraban por buen tiempo, hasta el siguiente viaje. Pero ahora que estoy prisionera en Lima es imposible que consiga algo que me quede y sobre todo, que me guste. Mi mamá viaja seguido y hace el esfuerzo de traerme cosas. Muchas veces me gusta lo que me trae, pero otras… es la pesadilla de toda gordita metida en una maleta.

En su último viaje me mandó una maleta llena de ropa con mi papá. No había comido en 3 días para que al menos por un momento me sienta flaca probándome todas las cosas que me había mandado. Quería ponerme los jeans, las casacas, los politos que había visto por internet y me había asegurado que haya en mi talla. Grande fue mi sorpresa cuando lo primero que salió de esa maleta del infierno fue un pantalón de lycra –sí, escribí bien, lycra- color blanco que era 3 tallas menos que la mía. Tres.

Cómo es la mente de compasiva y veloz que me hizo creer que de repente se había equivocado de maleta y ése era un pantalón para vender. Feliz y sin perder la fe, lo puse a un lado y seguí buscando. Vi una blusa de cuadritos morada con azul, linda, me encantó, no estaba en mi lista de pedidos, pero qué importa, estaba preciosa. Pero cuando la saqué algo empezó a sonar como moneditas. Cuando le di vuelta, vi que en todo el pecho tenía miles de moneditas pegadas que al moverse hacían un sonido espantoso. Papá, voy a parecer una vaca caminando con su campana en el pecho, le dije a mi padre que no dejaba de reírse sentado en la escalera. 

Mente milagrosa que pensé de repente también se equivocó de maleta y esto es para regalarle a alguna de sus amigas. Siguiente prenda. Vamos con fe. ¿Fe? La carpa del circo de las vaquitas fue lo siguiente que salió; una blusa gigante de encajes gigantes y cuadros gigantes blancos con negro. Por el amor de Cristo eso era de maternity, qué carajo le pasó a mi madre para mandarme eso. Había una lista, específica, de colores, modelos y sobre todo tallas. Mi fe se perdió. Lo único que pude rescatar de la maleta de satán fue un par de medias y una casaca linda color azul acero. Claro que días después me dijeron que parecía un balón de Sol Gas cuando la tenía puesta. Nunca más me la puse.

Volviendo a Lima, cuando por fin decido ir a comprarme algo, porque vamos, es inevitable, tengo que comprar ropa en algún momento, es deprimente entrar a una tienda donde tienen la osadía de poner la talla XS primero. Me ofende profundamente. ¿Acaso toda la población femenina peruana es esa talla? Y lo peor de todo es que todo lo XL está al último, entonces cuando te pones a buscar mueves y mueves y mueves la ropa y la gente te mira con cara de Pobre gordita, no encuentra su talla.

Las señoritas vendedoras tampoco son de gran ayuda. Si les preguntas si tienen lo mismo pero en XL te sonríen y te dicen que ya no. Pero esa sonrisa es de compasión, yo no necesito compasión por ser una plus size ¡Necesito ropa! Si vas de frente al grano y entras a una tienda y preguntas si tienen algo que te quede, te vuelven a dar esa sonrisa y te dicen no señorita, acá no salen esas tallas. “Esas tallas” ¿Cuáles son esas tallas? Cuerpo de kion, se me fue la cintura, no veo mis pies, parezco pero no estoy embarazada. O peor aun cuando estás pasando por las galerías y una señorita insolente te grita Amiga, acá tenemos tallitas. Y si te mandas a hacer ropa con una modista te cobra más porque “tiene que usar más tela de lo normal”.

Pero como en algún lugar del mundo hay otra como yo y con habilidades para la creación textil, gracias al ser divino sí hay una tienda donde “esas tallas” están a plena disposición de cualquiera, sin necesidad de rebuscar hasta el fondo. Todas las clientas somos iguales, no nos discriminan. Estamos orgullosas de ser miembros oficiales de KFC y Papá Jhons. Cuando entro, encuentro lo que quiero, todo me queda bien, todo me gusta y sobre todo, en esa tienda, no peleo con las XS.


sábado, 9 de junio de 2012

Película: El Secreto de Sus Ojos


La misma duda de Benjamín se me presenta al momento de querer analizar esta película, ¿Por dónde empezar? Si le hacemos caso a Irene, entonces debo comenzar por lo primero que recuerde y si no le hacemos caso debo empezar por el inicio. Y es entonces cuando me pregunto nuevamente, ¿Por dónde empezar? Opto por la primera opción: lo primero que recuerde.

El color rojo se me quedó por completo en la mente y cuando salgo de casa y veo a mi alrededor lo primero que resalta es ese color, usado de manera tan inteligente en la película. Todo lo importante es de color rojo; cuando se presenta Irene, las flores a Sandoval, las cortinas de Morales, la sangre de Liliana. Rompe la tranquilidad, misterio y tristeza de los colores neutros, de los grises, los marrones y las sombras, dando una esperanza; una esperanza que de repente puede convertirse en un momento feliz, un momento de risa, un momento de relajo. El balance perfecto a tanta intriga. Sin embargo, ¿se dan cuenta que Gómez nunca tiene algo rojo?

No es el personaje principal, pero para mí, el favorito fue Sandoval, el fiel amigo y compañero, que anda en su propio mundo, a su propio ritmo. Le pone la nota alegre a la película y a mi parecer, es el héroe dentro de todo su caos. Él nos presenta la teoría de la pasión, de por qué hacemos las cosas que hacemos cuando a veces no son las correctas -su alcoholismo por ejemplo- y es inevitable que nos hagamos la pregunta ¿Cuál es mi pasión? ¿Tengo una pasión? Y esta pregunta, esta explicación es el pilar de la película, por eso encuentran a Gómez las dos veces y es por eso que Benjamín termina su historia con Irene, si no, la película no tendría final porque el final de la novela no es el mismo que el de la historia.

Sandoval también nos da una lección de amistad y lealtad; no me refiero solamente a la escena donde él muere haciéndose pasar por Benjamín, sino en toda la película. Siempre a su lado, siempre su cómplice de “travesuras”, lo sigue, lo apoya, lo alienta a no desistir. Cuando tiene un problema acude a Benjamín, su esposa también, entonces sólo nos queda comprobar que la relación de ambos no se trata de compañeros de trabajo, se trata de compinches y nos duele cuando muere.

A Ricardo Darín (Benjamín Espósito) lo recuerdo de Nueve Reinas y siempre lo vi como un actor cómico y hasta poco serio, por así decirlo. Quedé maravillada con su tremenda actuación porque logró mezclar esa comicidad, esa ironía con el drama de la película y el personaje estuvo diseñado para él. No es cualquier persona trabajadora con humor negro, es un agente judicial que obviamente debe ser negro y debe tener la palabra en la punta de la lengua, salidas rápidas, tácticas de guerra, venganza, justicia. Es el vivo de la película, ve lo que los otros no ven, es el don juan.

Ese personaje nos muestra lo que todos vemos pero desde el otro lado. Todos los días cuando tomamos desayuno viendo las noticias y escuchamos que un violador está libre, que un corrupto no fue a la cárcel o que un inocente sí lo está, nos preguntamos ¿Qué pasa con la justicia en nuestro país? Benjamín nos muestra eso, cómo se pasan las causas de mano en mano, los cambios de documentos, las venganzas, los desquites entre uno y otro, la corrupción y la evasión también cuando Sandoval contesta el teléfono y siempre es “número equivocado”. Por otro lado, como en algún momento dice Irene, es justicia, no se sabe si buena o mala, pero una justicia. Algunos luchan por ella, otros sólo deben continuarla.

A la mitad de la película siento que mi mirada me delata pues estoy conectada al 100% y la veo con mucha atención. Secreto del título revelado. No es sólo cómo Benjamín descubre a Gómez, es cómo todos nos descubrimos y pasa en todo momento. Haga pausa un momento y mire a su alrededor y verá las miradas de todos. No es coincidencia que Irene tenga ojos grandes –y encima siempre con una prenda roja- es lo que la determina y lo que la vende cuando está frente a Benjamín. Cómo ambos se miran y todos queremos gritar ¡que de una buena vez se besen! Te enganchan, te hacen cómplice de su amor secreto a vivas voces. Como mujer, me hace querer una mirada así, una historia así.

Historia como la de Morales, que a fin de cuentas es la historia central de la novela y lo que inspira a Benjamín. Más de 25 años y seguía enamorado de su esposa, obsesionado con encontrar al culpable y decidido a tomar la justicia por sus propias manos. ¿Puedo yo llevar una vida así o puede alguien llevar una vida así? El pobre hombre se queda enfrascado en su propia justicia y si bien tiene un trabajo, una casa que mantiene limpia y conexión con el mundo, su único propósito es que Gómez pague lo que hizo. Está completamente dedicado a él que hasta llega a ser enfermizo porque amolda su vida en eso; se apoya en eso porque es su único consuelo. Es lo que mantiene el recuerdo de su esposa vivo, para que así él no pueda olvidarla. Para que no olvide si fue miel o limón.

Irene me gusta, me cae bien. No es una típica mujer y es porque no tiene el típico puesto de trabajo. Cuántas veces vemos películas, sobre todo latinas, donde exista una mujer en la justicia y que sea la jefa de dos hombres; nunca. Inteligente, severa, segura, con una habilidad de palabra y viveza que deja chico a cualquier hombre, sobre todo de esos años y de ese ambiente laboral. Mi parte favorita es la escena en la estación de tren; ella rompe completamente su coraza y nos deja ver otra parte de Irene, que vemos muy poco y en momentos contados, siempre cuando está con Benjamín. Ella sufre la partida de un amor, sufre como cualquier mujer, espera que él se baje y se quede con ella o que se la lleve, espera como cualquier mujer, bota su orgullo y corre detrás de él, como yo, como usted. Es el momento de conexión más grande con el público porque como dije al inicio, ella no es un personaje femenino típico, entonces en algún lado tenía que haber un cliché.

Lo que la muerte para algunos puede significar papeleo, pérdida de tiempo, culpables al azar, firma y sello, para otros significa el comienzo de una historia, de varias historias que no hubieran llegado a ser lo que son sin una muerte. Ése es el propósito de la vida y no es sólo en la película. Es la oportunidad de empezar desde cero, de retomar tu vida, de tener el control. Si tú decides quedarte en el mismo punto, al final es tu decisión, nadie más la tomó por ti, entonces tienes el control. Podemos decir que Liliana Coloto le dio un sentido a la vida miserable de Sandoval, le dio una novela a Benjamín, una historia de amor a Irene. Justicia, una justicia, a su esposo y un castigo a Gómez.

Es una mezcla de emociones la película, por momentos me siento usada, siento que hacen conmigo lo que quieren. Me he reído a carcajadas, me he sentido miserablemente triste, indignada hasta los codos, conmovida, he llorado y he dejado de respirar abrazada a mis piernas sobre el sillón. Y después respiro hondo y no sé cómo sentirme porque en casi dos horas he sentido todo lo que no he sentido en meses. ¿Logró la película su cometido? Sólo agregaré que en tres días la he visto ya cuatro veces y cada vez me maravillo más de todos los secretos que tiene, cada vez siento más cosas. Y debo terminar de escribir, porque esta crónica es la excusa perfecta para verla de nuevo.

viernes, 8 de junio de 2012

Sitka Semsch: La Condesa de la Moda Peruana


La primera y única diseñadora latinoamericana invitada a participar del Mercedes Benz Fashion Week Russia 8 veces nos abre las puertas de su atellier en San Isidro. Pequeña y tímida, de sonrisa y corazón enorme, no nos habla de moda ni tendencias; nos habla de valores, maternidad, responsabilidades y actitud.





Entrevistarte con la primera diseñadora peruana no es nada fácil, sobre todo cuando lo único que sabes de moda es combinar los zapatos con el pantalón. Estaba más preocupada de mi ropa que de la conversación y las horas se hacían eternas en la peluquería mientras me hacían manicure. Bolso de color rojo, zapatos negros de taco, blusa de animal print, delineador negro y brillo en los labios. Una futura periodista no debe preocuparse de esas cosas, pero estaba 100% segura que ella estaría en vestido de gala esperándome con las manijas del reloj en mi contra.

Toco el timbre, entro y espero mientras tomo un vaso de gaseosa. El atellier en el corazón de San Isidro me hace sentir en Nueva York; paredes blancas, lámparas grandes, sala de espera, espejos de piso a techo y maniquíes con vestidos de brillos. Música bossa de fondo, todos son amables y sonrientes. Las señoras entran y se prueban blusas, pantalones, vestidos, no dejan de tomar cosas de los colgadores y entran emocionadas a los probadores. Me llaman y subo las interminables escaleras con mis taco 7 tratando de no hacer el ridículo y no caerme. En una sala como si fuera especial para novias me hacen tomar asiento. Las paredes de color blanco y beige, la luz tenue amarilla y la música bossa hacen que ponerme un vestido y quedarme horas de horas mirándome en los espejos gigantes, como si fuera una película.

Con una sonrisa encantadora me saluda efusivamente y me abraza, como si nos conociéramos de toda la vida, no por email, si no que somos amigas de años que se vuelven a encontrar. Nos sentamos, nos acomodamos para la grabación y luego de contarnos realmente cómo nos conocimos y agradecerle por haberme abierto las puertas a nuevos clientes y reafirmar que ella es la más consentida, empezamos.

Tu nombre Sitka es por una ciudad en Alaska, ¿cuánto tiempo viviste ahí o fueron sólo tus padres?
Mis papás vivieron allá 10 años y mi hermano mayor nació allá. Después mi mamá regresó embarazada de 6 meses y medio de mí y yo nací acá pero, nos pusieron a todos nombres alasqueños porque le agarraron camorra a Alaska y la mayor se llama Alyeska, yo Sitka, Duzka y Kodiak. Yo he vivido toda mi vida acá, peruana al 100%.

Mi papá cuando tenía 25 años dijo soy alma libre, me voy de aquí. Y fuimos primero a Hawái y después a Alaska. Aun tiene esa alma libre, con decirte que hoy en día, tiene 74 años y vive en un velero, totalmente libre con su gato. En el proceso de esa libertad nos mudábamos cada año de un sitio a otro. Decía para qué vamos a comprar algo si lo más rico es levantar anclas y te vas. Él pensaba que meter su plata a comprar un inmueble era enterrarse vivo.

De ahí, a los 14 años a mi papá se le ocurrió sacarnos a los cuatro hermanos del colegio para hacer un viaje por Estados Unidos; un año sabático. Llegamos a Miami para buscar la camper y ver de iniciar el viaje y cuando estábamos 2 meses en pleno calor de julio, nosotros nos sentíamos los más cools. Nos preguntó si nos gustaba vivir ahí y nos quedamos. Nunca dimos la vuelta por Estados unidos.

Regresamos cuando tenía 16. Mi papá empezó a construir la Rosa Naútica y a los 19 mis padres se separan, se divorcian, mi mama se quedó en Miami y busqué escuelas de diseño de modas ahí, que estaban igual en pañales, mejor que en Lima pero instituto. No había nada serio y llegué a la Rhode Island School of Design.

Desde los 14 años tú ya sabías que querías ser diseñadora, ¿quién fue tu influencia, tu madre que es artista? ¿Te vestías a la moda cuando eras adolescente?

Yo sentía que me interesaba la parte estética. Era muy buena en los deportes pero a su vez, súper femenina, entonces una cosa no iba con la otra. Veía a Nadia Comaneci y era linda porque la veía toda femenina con su colita. Pero no quería que me aísle porque sentía que el deporte no iba con la femineidad.
Siempre estaba metida en el closet de mi mami porque la veía tan sofisticada. Siempre me ha gustado vestirme pero no me considero una persona gastadora, cero compradora, mis amigos me dicen ¿puedes comprarte algo? Pero no lo necesito. Mi mami nos educó así, no a la abundancia y lo justo y necesario. Me parece que es un valor importantísimo y yo lo estoy inculcando igual en Ziana, mi hija de 5 años y medio, porque siempre será una barrera; ¿por qué la abundancia, por qué gastar y por qué el exceso?

¿Y ella es igual que tú, le gusta vestirse a la moda, ponerse accesorios?
Te mueres con ella. Ziana para empezar nos costó 8 años para que yo pudiera salir embarazada. El tratamiento fue largo, al 5to in vitro nació. Fue esperadísima. Es signo leo, le tengo que decir ¿puedes no echarte base niña? Es extrovertida y cuando le pregunté si quería salir conmigo a la pasarela me dijo que sí. Le dije si te pones nerviosa tú dime y no te preocupes. Y salió feliz a la pasarela.

¿A parte de eso, qué les gusta hacer, qué hacen juntas?
Siempre mi mamá nos mataba de cosquillas, hasta el llanto y hacemos eso. Tenemos una súper relación. Realmente lo que te dicen que te vas a enamorar de tu hijo, es cierto. Yo pensaba ¿qué tanto, cómo es eso? Pero es cierto; cuando te mira y realmente eres tú lo máximo, te dicen mamita cuánto te quiero, son tus fans. Le encanta pintar, todo el día pintamos, toda la parte femenina está conmigo. Le encanta la manicure y pedicure. Yo soy de colores neutros, pero a ella no, se quiere pintar fucsia, amarillo. Hacemos rompecabezas, todo lo que esté acorde a su edad lo compartimos.

¿Cómo ves a las niñas de hoy? Con esto que admiran mucho a las actrices, cantantes, celebrities y sobre todo modelos, tú que tienes una hija, ¿te preocupa el tema de los desórdenes alimenticios, que ella pueda llevarse esa imagen de estar rodeada de tantas modelos, cómo contrarrestas eso?
Yo no sé si tiene que ver por la parte de la casa. Yo he tenido una mamá que toda la vida ha sufrido con el peso pero siempre su dicho era lo más cerca de la tierra a la boca. Era un tema de estar bien. Con Ziana es exactamente lo mismo, es alimentarse bien, en ningún momento es nada relacionado ni al peso ni a la estética ni nada, sino cuestión de salud y que su autoestima esté plantada. Sin embargo, el año pasado cuando tenía recién 5 años vino un día y me dijo mami tengo que enflacarme. Fui a hablar con la profesora. Ella no escucha la palabra dieta en casa y no quiero que vayan a pensar que, porque la mamá es diseñadora, somos así como mil mujeres que conocemos que todo el día, piensan en dietas o gimnasios. El tema venía de otras mamás, las niñitas escuchan y copian.

Si tú estás bien plantada, las referencias pueden entrar con coherencia, pero si hay debilidad, ya sea en el hogar, por ende hay debilidad en ti, entra por todos lados. Entra droga, entra sexo o entra anorexia. Yo creo que lo externo influye pero si uno está bien consigo misma, no te mueve nada.

¿Desde qué edad crees tú que es conveniente o seguro que una niña empiece a modelar?
Más tarde que temprano, yo pienso que debería ser a partir de los 20. Lo que pasa es que hay chiquitas de 15 que son unos pajaritos y comienzan a tener experiencia, a caminar y a los 20 están justas. Jóvenes pero con experiencia, pero mientras más tarde todo en la vida es mejor, hasta estudiar. Salen a los 17 y ¿qué pueden saber?

Toda la vida estás en ese proceso. A los 12 años trabajé en el taller de un joyero, mi verano de los 12 y de mis 13 y me di cuenta que me fascinaba estar en trastienda, no adelante, no lo disfruto, siempre escondida. Luego a los 14, en Miami, en el edificio había una pareja de viejitos que necesitaba cocinera. Durante 2 veranos trabajé de cocinera, lavaba los platos, les hacía las compras. Yo era una empleada feliz y me pagaban por las horas hasta que ya me vine a vivir acá. Trabajar también te da seguridad de que puedes hacer lo que sea y eso te define. ¿Tú crees que yo me sentía mal? Yo creo que son valores que van formando al ser humano. La vida da muchas vueltas y uno tiene que estar preparado, dirás ya lo hice y no pasa nada.

Debo preguntarte. La primera dama Nadine Heredia, recibió duras críticas cuando comenzó a salir con trajes, de repente muy impactantes para el ojo peruano. Escuchaba a Ani Álvarez Calderón que decía que no estaba mal, pero que no era para este público que no está acostumbrado.
Fueron críticas muy fuertes y hasta ahora digo que siento que se le fueron encima con algo que a mí, no me parece que estaba mal. Te soy sincera, lo miro y digo no sé, yo la veía bien. En ese momento me llamaron de Caretas a declarar. Yo le pondría 17 de nota, siento que la veo bien.

No conozco a Nadine, pero por lo que se ve en la tele, sí siento que es una persona que le gustan las cosas más desestructuradas, más tranquilas y relajadas. Entonces cuando se pone acartonada no es ella. Quizá lo que notamos es que está más cómoda en su piel. Yo siento que la gente de protocolo piensa que ciertas cosas deben ser de una manera, pero siento que se le ve bien.

Pero la mujer peruana en general; no somos muy altas y nos gusta comer bien, tú dices que todo es cuestión de actitud.
Yo creo que primero es mirarse hacia adentro. Siento que uno no debiera de necesariamente seguir tendencias, no debiera vestirse con un solo diseñador. Siento que uno debe encontrarse a uno mismo. Además, hay cosas que puede que no me queden tan bien pero me gusta usarlas. Hay gente que dice si eres flaca lúcete, pero a mí no me gusta lucir apretada. Entonces no tiene nada que ver con tu cuerpo, tiene que ver con tu estilo. Es sentirse cómoda y segura, te ves y dices puedo enfrentar la reunión, el chico, lo que sea, te ves y lo puedes enfrentar, entonces eso es.

Personalmente, lo que me gusta de tu colección es que las piezas no son pequeñas, ajustadas y no les falta tela, por así decirlo. La mujer latina en general es muy sexy, le gusta mostrar; tu tendencia va más hacia la elegancia.

A veces quieres cortar, apretar, buscar algo más sexy, pero al final hay que aceptar también la manera en que uno es. Creo que lo que me gusta más es que una se sienta segura. Siempre cuento una anécdota; una señora que trabajaba en el gobierno de Alan García, vino para hacerse un sastre, pasaron 3 días y me llama. Me dice, Sitka te quiero llamar porque nunca me ha pasado algo así, estuve en Palacio de Gobierno y nunca había tenido el valor de acercarme a Alan García a decirle tantas cosas que tenía en la cabeza, porque no me sentía segura y con el sastre que me hiciste me sentí empoderada y me le acerqué. Entonces de eso se trata. Me gusta más lo sensual que lo sexual, porque siento que lo sexual es ya ponerte en bandeja, no hay nada más detrás, nada más por descubrir.

He tenido la oportunidad de ir a más de un desfile tuyo y noté muchísimo el uso de los colores neutros como el negro, marrón, gris, beige. Lo que sí me sorprendió fue el desfile en los Claustros del Convento de Santo Domingo, donde usabas colores como el rojo vino, morado, azul ¿piensas usar esos colores nuevamente o continúas con los neutros?
Cuando éramos niños estábamos rascando piedras y mi mamá, siempre con maravilloso gusto y estilo, con cosas que no eran costosas lograba ambientes lindos. Y en la parte de vestir también, podíamos estar con tocuyo, pero la manera en la que lo usábamos, se veía lindo. Nos fue inculcando que teniendo las bases grandes como las bases neutras y uno le pone el acento de color en el accesorio, tienes la posibilidad de usarlo más veces porque no te vas a hartar tanto y la gente no se va a dar tanto cuenta que ya lo usaste.


Entonces cuando he hecho color me encanta pero yo misma me saboteo porque digo, esa chaqueta roja cuántas veces la vas a usar, mientras que si la tienes en neutro puede durar y ponerle mil cosas encima. Y como yo no soy compradora, siempre pienso en algo que me dure.

Sé que también hiciste el vestuario para diferentes obras de teatro en Lima como por ejemplo Metamorfosis, Dónde está el Tenor, La jaula de las Locas, ¿te gusta ese tipo de diseño, que es totalmente específico y nada actual? Porque tienes que enfrascarte en una época.
Me encantó desde el día uno pero es sumamente estresante. Tengo la cualidad –pero por otro lado es defecto- que cuando me meto a un proyecto me meto a full, entonces voy a ver todos los ensayos, veo cómo se mueven los actores, estoy viendo la dinámica, las pruebas, ves todo el vestuario. Eso más la tienda, más desfiles, es bastante. Sé que están felices porque recomendé a Ani (Álvarez Calderón) y van a hacer Hairspray. Lo lindo es que puedes ver tu desfile por dos meses y puedes recomendar a gente a que lo vea siempre, no solo los 15 minutos, es diferente. Es fantasía y aprendes un montón.

Tú primero estuviste 13 años haciendo diseños específicos, personalizados directamente con las clientas y haciendo vestidos de novia también. Abres esta tienda hace 2 años ¿cómo nace el impulso?
Me saturé, ya no podía más por un lado. Sentía que había estado 12 años haciendo ropa a medida a un ritmo muy fuerte, estrés a morir y me di cuenta que no era feliz. Algo estaba mal, no era la forma. Comencé a analizar, a ver en mi interior. Y en el proceso, ya había más tiendas en Conquistadores, diseñadores jóvenes, era un proceso natural. Además, la gente ya no tiene tiempo de mandarse a hacer ropa, la gente joven que trabaja no tiene tiempo de pruebas, quiere estar con el vestido lista. En la vida las cosas se acomodan, llegan a su tiempo, uno toma la decisión a su tiempo ¿por qué no antes? Porque no estaba lista. Ahora ya te puedo decir que estoy feliz.

La semana de la Moda en Moscú, 8 veces ya que eres invitada desde el 2004. A parte eres la única latinoamericana que participa. ¿Cómo así llegas a Moscú? ¿Cómo te sentiste?
La primera vez en el 2003 nos dieron un premio en Miami que fue el New Star in Fashion y es así como nos invitaron, nos mandaron un mail diciendo que estaban buscando a un latino para el Fashion Week. Para empezar pensé, a quién le habrán dicho que no quiere ir a Rusia (ríe). Fue linda experiencia siempre nos trataron increíble, hasta el día de hoy. Luego salí embarazada de Ziana y esperé 5 años para sentirme bien encajada con el papel de mamá y el marzo pasado, empecé de nuevo. He encontrado otro Moscú, otro aeropuerto, en esos 5 años hubo una evolución enorme. Ahora tenemos la tienda, capacidad de producción. Estamos yendo con la intensión de abrir mercado serio y sostenido.

Ahora eres embajadora de la marca Perú. ¿Cuál crees que es tu responsabilidad con el país al ser una embajadora?
Tú sabes que creo que es como cuando te casas que te dicen, es solo un papel, pero uno dice a ver fírmalo y cómo te sientes después. Cambias, es raro. Pasa algo curioso, en noviembre que me fui primera vez como embajadora, siento que te miran diferente, como si tuvieras un título, como si fuera condesa. Y yo me lo creo. Y cuando pusimos los videos en Rusia, las colecciones llamaron más la atención que antes, no sé si es porque soy embajadora, por los 5 años de ausencia, no lo sé, pero todo es diferente y mejor.

¿Cuál es el siguiente paso para Sitka Semsch? ¿Cómo te ves de aquí a 5 – 10 años?
Cómo será. Siento, que aunque no lo creas, estoy empezando. Si bien con experiencia, pero empezando. Porque con todos los años que he tenido de experiencia he logrado conocer mucho la capacidad humana, tengo la paciencia, me gusta sentir que la persona se luzca, que esté plantada. No sé si va con una seguridad mía detrás, con un ego que lo pongo totalmente al costado, yo sé quién soy y eso es. Tengo experiencia, pero sin embargo, siento que con la apertura de la tienda, estoy preparada recién para lo que sea. Entonces estoy empezando con toda la ilusión que eso conlleva, el mundo es tan grande.

Antes de terminar, una confesión: ¿qué te da un panic attack?
El público, pero no en pasarela. Si tengo que entrar a un matrimonio, a la inauguración de algo, no puedo hacerlo. Me muero. Porque me olvido del nombre de todo el mundo, entonces cuando los veo no sé cómo se llaman y entro en trompo, entonces me quiero ir.

Siempre he sido súper tímida y mi hermana mayor súper extrovertida, me recosté siempre en ella porque siempre hacía los planes, la que armaba todo y la que me ponía el plan ya hecho. Y yo me trepaba a su plan. Soy muy privada, me gusta estar en mi casa, en mi huequito. Pero sin embargo, me gusta conversar y conocerte, lo disfruto y no me cuesta, pero así en chiquito, porque me estás conociendo y yo estoy conociéndote.





Yo Soy... Morena

¡Bienvenidos! Por más que me rehusé a usar la palabra "morena" en el título de mi blog, fue imposible no tenerla en todas las opciones. Lo piden mis fans. Cuando yo era chiquita y empezaba a entender la diferencia de colores de piel le preguntaba a mi mamá ¿Por qué tú eres blanca pero mi papá te dice negra? Y ella se reía y me decía "porque a él le gusta decirme así". Pero claro, mi papá es moreno y mi mamá le dice negro, sí había coherencia en la etiqueta.


Soy la última de seis hermanos, algunos blancos, algunos trigueños, algunos moteados. Pero yo era la más trigueña, la de cabello más ondulado y digamos que la más caribeña. Siempre me molestó que me etiquetaran.


Hace un tiempo, cuando me decidí a escribir de manera formal, siempre contaba pequeños fragmentos sobre mi relación con mi padre, cosas que nos pasaban cuando estábamos juntos y en todas las publicaciones el hit del momento era cuando él me decía morena. Y así me hice conocida en las redes sociales, como Morena y su papá. Y ahora, con todo el orgullo del mundo, les presento Las Aventuras de Morena. O sea, YO.