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sábado, 28 de diciembre de 2019

AMOR

Hace unos días salí con mi papá; lo acompañé a hacer compras como siempre y luego nos sentamos en un cafecito por un postre. Honestamente, él y yo nunca hemos conversado de nuestras cosas íntimas, tal vez en algún momento, algo por ahí, muy superficial salió, pero es totalmente diferente a hablar con tu mamá, no sé. Pero me sorprendió que se pusiera a hablar conmigo sobre el corazón; mi corazón.

"Morena, tú tienes un corazón muy caliente. Deberías enfriarlo un poco. No que se congele, pero que esté fresco". ¡Ooooookkkkkk! Mi padre es un hombre extremadamente inteligente, pero no tan hábil para expresar sus emociones y dar consejos... Sin embargo me hizo reír y en el fondo, a su modo, tenía razón. Debo ser más calmada, más serena, menos pasional y un poco más racional. Después de un chocolate caliente, un mixto completo y un pastel de alcachofa, me dijo: "es que todo lo haces por amor". Y sí, siempre ha sido así.

Desde niña, siempre hice cosas por amor, pero por amor a los demás. Si mis hermanos me pedían algo, que de repente yo no estaba de acuerdo o no era lo mío, igual lo hacía solo por amor a ellos, solo porque ellos querían. Estudié Ingeniería Informática porque mi papá es ingeniero y por amor a él lo hice. Nunca me gustó mi carrera, la dejé.

Años después conocí a un chico y fue por él que empecé a estudiar comunicaciones y lo he contado en alguna de mis aventuras. Por amor a Brian fue que renuncié a mi trabajo, empecé a trabajar con él en producción y él me motivó a estudiar esa carrera. Lo maravilloso fue que la elección fue la correcta y amo con locura lo que hago. Pero, ¿ven? Nuevamente haciendo algo por amor a alguien.

He tenido muchos trabajos, he probado muchas cosas y siempre por alguien más, porque alguien más me lo pidió, porque alguien "me necesitaba" o por lo que sea externo, siempre ajeno a mi propio corazón. Saber decir NO es demasiado difícil para mí, porque, al final, ¿quién no quiere hacer algo y sentirse amado o sentir que su sacrificio de amor es lo que el mundo necesita? Algunos dirán que es altruista, otros dirán que es completamente estúpido.

Con mi ex mi amor llegó a puntos extremos... puse todo primero; cada necesidad, cada problema, cada cosa minúscula que parecía no tener solución. Yo lo solucionaba con "mi amor". Irónicamente algo que siempre él decía era "deberías ponerte a ti primero, si tú no estás bien, nadie va a estar bien". 

Este año ha sido extremadamente difícil, porque me di cuenta de algo importantísimo: me faltaba amor, a mí misma. ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo empiezo a quererme?

Mi trabajo actual es una de las cosas que más me gusta hacer, pero siempre me estuve cuestionando si era lo mío... Y cuando ese cuestionamiento comenzó a comerme por dentro, me cambiaron de área y conocí gente increíble. Fue como si todo empezara a acomodarse. Y ahí aprendí algo muy importante: empieza por elegir bien quién te rodea.

Dejé esa postura estúpida de no hablar con la gente, maté mi miedo a conocer nuevas personas, empecé a escucharlas. De pronto les caía bien, de pronto me empecé a sentir aceptada, empezaba a reírme, a disfrutar cada día de ir a trabajar. ¡Me ascendieron! Y cuando eso pasó me acuerdo que lloré horrible en el baño abrazada de una amiga porque sentía que estaba en el momento correcto de mi vida. Amo mi trabajo y cada cosita que hago ahí porque me hace bien, porque es PARA MÍ. 

Empecé a eliminar cada relación tóxica de mi vida; amigos, familiares, conocidos, parejas. Puta madre depuré todo porque entendí que yo no necesito eso, que mi corazón no necesita "acciones de una sola vía". Hice nuevos amigos, que me decían todo el tiempo "valórate, quiérete, así estás bien, mejora por ti no por los demás". Y de pronto una mañana me miré al espejo y dije mieeeeeeerda... tú misma eres el amor más grande que necesitas. 

Este año me enseñó a soltar, a cerrar ciclos, círculos tóxicos. Me enseñó que es mejor tener nada a tener a medias y mal pagado. Y es increíble cómo todo se acomoda, cómo el mundo te dice "¿ya ves, huevoncita?" Es la primera vez en mis 36 años que puedo decir que soy feliz, ¡puta madre por mí misma! Puedo decir que tengo a las personas correctas en mi vida, puedo darme el lujo de decir "no te quiero en mi vida", puedo sentirme tranquila.

Hay días malos todavía, claro que sí. Hay días en donde no quiero levantarme, pero ahí están mis amigos caminando conmigo, ahí está siempre mi familia que me da tranquilidad, esos ojos verdes que me iluminan la vida, ahí está el sabio consejo de mi papá... 

No voy a decir lárgate, 2019. Sino gracias, 2019. Por enseñarme el amor más bonito; el amor propio. Ahora al 2020 le toca enseñarme a tener un corazón, un poquito más fresco... 

jueves, 8 de junio de 2017

"Menos mal, soy ingeniero"

Una mañana me levanté y fui a la cocina buscando comida. Usualmente me hago el desayuno antes que mis papás así que aproveché en sacar la papaya, calentar el pan y ver qué podía chorearme de la comida "premium" de mi señor padre. Sin embargo, a la mitad de mi batida de huevos y con la sartén bien caliente, noté que algo no estaba bien. Algo no estaba como siempre.

Silencio. La casa estaba en completo silencio. ¿Mamá? ¿Papá? Nada. Silencio. Ni siquiera los perros ladraban, ni siquiera la cosa para los bichos que ponen en el enchufe sonaba con ese ruido tan agudo espantoso que me rompe los oídos. (Nota mental: se supone que solo las ratas escuchan ese ruido y se alejan... Conclusión: soy rata)

Lo más extraño es que los pájaros no cantaban. Acompáñenme en este cuento de amor humano-animal... cuando yo entraba a la cocina en las mañanas una pareja de pajaritos negros, bautizados como LOS CUERVOS por mi padre, se paraba en el borde de la casa exactamente frente a la ventana de la cocina y empezaban a cantar de manera insistente. El chiste al principio era que venían a darme los buenos días, pero no, no señores; la verdad es que Los Cuervos llegaban a pedir su comida.

Mi papá bajaba apresurado ante este reclamo con tan dulce melodía y les ponía migajas de pan en el borde. Ésa era la rutina todas las mañanas y los putos pájaros no se callaban hasta que el señor saliera con sus migajas.

¡Pero en toda historia siempre hay un enemigo! Las pinches palomas. ¡Ah! Palomas del mal, todas grandotas metiéndose con la comida de unos pajaritos. Llegaban todas alborotadas y los botaban, se tragaban todo y luego; cuando les poníamos más comida, regresaban y así una y otra y otra y otra vez. Algo teníamos que hacer y necesitábamos la ayuda de alguien con una inteligencia súper extrema; necesitábamos a un ingeniero.

Volviendo entonces a esa mañana creepy. Ante el terrible silencio salí temerosa hacia la terraza a ver a mis perros. La escena que encontré fue alucinante.

"Morena, he ideado un plan infalible. Mira, en vez de ponerle la comida a Los Cuervos en el borde se la voy a poner al centro de esta repisa, PERO, primero voy a colocar una cartulina encima. Lo importante es que la dimensión de la cartulina debe ser mayor que la superficie de la repisa, debe superarla lo suficiente como para crear un piso falso. Pongo la comida al centro y luego rodeo la zona de alimento con botellas con agua. Tienen que tener agua porque si están vacías se las lleva el viento o las palomas las pueden botar. Otro punto importante es que deben estar muy juntas para que así, cuando las palomas bajen no puedan entrar entre ellas a coger la comida, ¡porque son gordas! La distancia entre las botellas debe ser proporcional a la dimensión del cuerpo de los cuervitos. Ahora, como las palomas no podrán simplemente agarrar la comida en el aire, querrán bajar y pararse en la superficie, pero como son estúpidas, se pararán en el borde y, ¡a la mierda! Al suelo porque la cartulina es doble piso. Jamás podrán agarrar la comida de mis cuervos. Menos mal, soy ingeniero".



Nunca me había cagado tanto de risa. NUNCA. "Eres un pavo, papá". Y con esa sonrisota en la cara, detrás de la ventana vi como iba cayendo paloma tras paloma, todas intentando siempre lo mismo: tomar la comida en el aire, botar las botellas, pararse en el borde. Misión imposible, todas desertaron y se fueron. Felices los amiguitos de mi papá bajaron y se dieron un gran festín.

Feliz día del ingeniero pá, qué bueno es tenerte.