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viernes, 1 de junio de 2018

Las zapatillas de ballet

Hace unas semanas mi sobrino Fabricio de 3 años estuvo en casa. Es una bala; volteas 5 segundos y ya desapareció. Es aventurero, le encanta explorar, ensuciarse, saltar en los charcos, comer la galleta que se cayó al suelo. Uno de sus lugares favoritos es el jardín de mi mamá, que está pegado al cerro... a nosotros nos aterra que esté ahí porque se puede caer por tratar de treparse o golpearse con alguna piedra. Pero cuando le preguntas qué está haciendo, te dice que está en búsqueda de huesos de dinosaurios...

En cierto momento se portó mal y le dije que ya no podía subir a explorar. El berrinche típico de esa edad comenzó y me gritó que quería ver los huesos de dinosaurios, y en un acto desesperado y frustrado por tener disciplina le dije "No existen los huesos de dinosaurio". Me miró decepcionado y se fue.

Después me puse a pensar, ¿cuántas veces hemos dicho cosas por decir, de impulso, del momento y no nos damos cuenta que, literal, matamos las ilusiones? Y no me refiero solo a los niños, en general y de la manera más inocente. 

¿Para qué quieres un carro si ni manejar sabes?
No creo que llegues a ganar.
No es que seas malo, pero de repente no te da para más.
Ni cagando.
¿Por qué no te dedicas a otra cosa?
Papa Noel no existe.

Y así, así, así... una lista interminable de cosas que decimos para frenar las acciones. Y claro, es cierto, a veces no somos buenos para algo o los sueños son muy grandes o irreales o ilógicos pero, ¿quiénes somos nosotros para determinar hasta dónde pueden llegar los sueños de los demás?

Cuando estaba en el nido mi mamá me metió a hacer ballet. Creo que es algo "natural" que las niñas a partir de los 3 años se pongan a estudiar ballet. La verdad es que nadie me preguntó, simplemente me metieron porque las otras niñas también estaban en eso y como siempre he sido muy soñadora pues yo estaba feliz. Tenía un leotard celeste con una cinta azul en la cintura (porque a esa edad sí tenía una), también uno rosado y varias falditas de tul. Mis medias también eran rosadas y mi red para el cabello negra. Al inicio usaba unas zapatillas negras que eran solo para práctica.

Al principio era súper divertido, estaba con mis amigas del nido, podía bailar, me relajaba y conocía otras cosas... Además, era algo muy de niñas y yo estaba acostumbrada a estar con mis hermanos hombres entonces me sentía en el lugar destinado a mi.

Un buen día le dijeron a las mamás que tendríamos la primera presentación, creo que era en La Gata Caliente, y todas nos emocionamos porque actuaríamos frente a mucha gente y además tendríamos vestuarios lindos. El día de comprar las zapatillas de ballet oficiales había llegado. Todas las niñas se probaban las suyas y torpemente trataban de pararse de puntas. ¡Se veía tan lindo! Mi turno llegó. Sacaron los modelos y me los probaron, mi mamá no estaba. Cuando tenía los zapatos puestos, que me dolían como la mierda, la profesora y la vendedora dieron unos cuantos pasos hacia atrás y se quedaron mirándome...

Mis ojotes estaban abiertos tratando descifrar por qué me miraban tanto. Luego me di cuenta. No se fijaban en mí, se fijaban en mis pies. "Tienes los pies chuecos, muñeca. Nunca podrás bailar ballet". Y mientras una murmuraba a la otra y las otras mamás me miraban con pena y las otras niñas se reían, yo me quitaba las zapatillas y las dejaba a un costado. Nunca más regresé.

No me acuerdo qué excusa le di a mi mamá; si no me gustaba o ya no quería ir o no sé, no lo recuerdo... solo recuerdo que las demás se presentaron en La Gata Caliente y yo no.

Y así igual fue con las clases de charango, de guitarra, de piano, de aeróbicos, de basket, de volley y etc, etc, etc... Por un lado siempre había un pero y por otro mi papá me decía que yo podía hacer cualquier cosa. ¿Quién tenía la razón entonces?

Nunca terminé algo en la vida, nunca pude concluir muchas cosas porque siempre algo me lo impedía y después de muchos años me di cuenta de qué era ese algo: ERA YO. Yo misma me ponía las trabas, los impedimentos... no se trataba de no tener la capacidad para hacer las cosas, la habilidad, las herramientas, no se trataba de no tener los pies. Si yo hubiera querido, lo hubiera podido hacer a pesar de las deficiencias.

¿Te has preguntado cuántos sueños has dejado de cumplir solo por miedo? ¿Por miedo de ser la diferente? ¿Por miedo a que se burlen de ti o te critiquen? Creo que nos hace mucha falta aprender a decir YA QUÉ CHUCHA y simplemente lanzarnos a nuevas aventuras. 

Cuando empecé a creer en mí terminé mi carrera, aprendí a hacer las recetas de Tasty, armé mis freelos, me compré un carro, conseguí mi asenso... logré publicar este blog ♥

Y aunque a veces me falta el aire y siento que no sirvo o que mis sueños son muy irreales, al menos ya no veo los peros, ya no veo las limitaciones, solo veo nuevas oportunidades. Más difíciles tal vez, pero cuando llegue a la meta... se sentirá como tener las zapatillas de ballet bien puestas en mis pies chuecos. Mis pies perfectos para mí.

jueves, 8 de junio de 2017

"Menos mal, soy ingeniero"

Una mañana me levanté y fui a la cocina buscando comida. Usualmente me hago el desayuno antes que mis papás así que aproveché en sacar la papaya, calentar el pan y ver qué podía chorearme de la comida "premium" de mi señor padre. Sin embargo, a la mitad de mi batida de huevos y con la sartén bien caliente, noté que algo no estaba bien. Algo no estaba como siempre.

Silencio. La casa estaba en completo silencio. ¿Mamá? ¿Papá? Nada. Silencio. Ni siquiera los perros ladraban, ni siquiera la cosa para los bichos que ponen en el enchufe sonaba con ese ruido tan agudo espantoso que me rompe los oídos. (Nota mental: se supone que solo las ratas escuchan ese ruido y se alejan... Conclusión: soy rata)

Lo más extraño es que los pájaros no cantaban. Acompáñenme en este cuento de amor humano-animal... cuando yo entraba a la cocina en las mañanas una pareja de pajaritos negros, bautizados como LOS CUERVOS por mi padre, se paraba en el borde de la casa exactamente frente a la ventana de la cocina y empezaban a cantar de manera insistente. El chiste al principio era que venían a darme los buenos días, pero no, no señores; la verdad es que Los Cuervos llegaban a pedir su comida.

Mi papá bajaba apresurado ante este reclamo con tan dulce melodía y les ponía migajas de pan en el borde. Ésa era la rutina todas las mañanas y los putos pájaros no se callaban hasta que el señor saliera con sus migajas.

¡Pero en toda historia siempre hay un enemigo! Las pinches palomas. ¡Ah! Palomas del mal, todas grandotas metiéndose con la comida de unos pajaritos. Llegaban todas alborotadas y los botaban, se tragaban todo y luego; cuando les poníamos más comida, regresaban y así una y otra y otra y otra vez. Algo teníamos que hacer y necesitábamos la ayuda de alguien con una inteligencia súper extrema; necesitábamos a un ingeniero.

Volviendo entonces a esa mañana creepy. Ante el terrible silencio salí temerosa hacia la terraza a ver a mis perros. La escena que encontré fue alucinante.

"Morena, he ideado un plan infalible. Mira, en vez de ponerle la comida a Los Cuervos en el borde se la voy a poner al centro de esta repisa, PERO, primero voy a colocar una cartulina encima. Lo importante es que la dimensión de la cartulina debe ser mayor que la superficie de la repisa, debe superarla lo suficiente como para crear un piso falso. Pongo la comida al centro y luego rodeo la zona de alimento con botellas con agua. Tienen que tener agua porque si están vacías se las lleva el viento o las palomas las pueden botar. Otro punto importante es que deben estar muy juntas para que así, cuando las palomas bajen no puedan entrar entre ellas a coger la comida, ¡porque son gordas! La distancia entre las botellas debe ser proporcional a la dimensión del cuerpo de los cuervitos. Ahora, como las palomas no podrán simplemente agarrar la comida en el aire, querrán bajar y pararse en la superficie, pero como son estúpidas, se pararán en el borde y, ¡a la mierda! Al suelo porque la cartulina es doble piso. Jamás podrán agarrar la comida de mis cuervos. Menos mal, soy ingeniero".



Nunca me había cagado tanto de risa. NUNCA. "Eres un pavo, papá". Y con esa sonrisota en la cara, detrás de la ventana vi como iba cayendo paloma tras paloma, todas intentando siempre lo mismo: tomar la comida en el aire, botar las botellas, pararse en el borde. Misión imposible, todas desertaron y se fueron. Felices los amiguitos de mi papá bajaron y se dieron un gran festín.

Feliz día del ingeniero pá, qué bueno es tenerte. 

sábado, 27 de junio de 2015

¿Escuela para mujeres?

Por muchos años mi madre me persiguió para que aprendiera a cocinar, decía que una mujer completa tiene el deber sagrado de saber cocinar. ¿Cómo vas a sostener la casa? Era la típica pregunta cada que me llamaba para ver cómo preparaba el arroz con pollo, estofado o ají de gallina. Yo le decía ¿Y qué pasa si tengo a alguien que cocine o si a mi esposo le gusta cocinar? Y su respuesta determinante y tajante era "Si tú no sabes, te van a dar cualquier cosa"

Hasta ahí entendía el punto; me podían dar rata y como yo no sabía... pues iba a comerla buenazo como si fuera pollito asado. Pero ya después de muchas batallas perdidas y de mostrar mi poco interés por saber en qué momento están listos los frijoles, mi madre tuvo que sacar la artillería pesada: a un hombre, se le conquista por el estómago.

Haciendo una pausa, debo comentar primero que soy la última de 6 hermanos, mi madre fue ama de casa toda su vida, entregada 24/7 a sus hijos y su esposo. Mi padre siempre me engrió y la verdad es que nunca tuve que aprender a hacer nada. Teníamos una empleada (que sudaba la gota gorda ordenando mi cuarto) tenía chofer, nunca tuve que subir a un micro, cuando mis padres viajaban eran mis hermanas las que se encargaban de la cocina y aunque algunas cosas no había, lo que siempre tuvimos fue comida, techo y toneladas de amor. Yo era una completa inútil.

En los años siguientes, ya adultos y más independientes, comprendí eso que mi madre decía, esa cojudez de que a un hombre se le conquista por el estómago... y después de haber sido causante de varias infecciones estomacales, aunque suene increíble, aprendí a cocinar. Le empecé a agarrar el gusto cuando vivía con mi hermana en USA (porque ella de una cachetada me quitó lo inútil) y cuando volví a Lima y empecé una relación, simplemente comencé a comprender ese pensamiento de esposa de los 50's que mi madre tenía. ¡Decirle a tu pareja "ya está la comida" abre muchísimas puertas! Si está rico te ganaste porque te va a engreír y a "agradecer" muchísimo y puedes aprovechar en pedir esa cartera mostra que viste en Guess o ese viajecito a la playa que en algún momento mencionaron. Si cocinas feo te jodiste porque el viajecito será al chifa más cercano.

Y así mis técnicas culinarias fueron mejorando. Ya sabía lavar ropa también, pasar aspiradora, ordenar, usar bien los productos de limpieza y cómo diferenciar el culantro del perejil. Me había zafado a mi madre de encima ¡Ganadora! Pero luego empezó el tema de cómo ser madre... ¿Ahora cómo me zafo de esta?

Hace unas semanas mi mamá se fue de viaje y yo quedé como ama y señora de la casa al cuidado de mi papá. A las 9.30 me debo levantar para que el desayuno esté listo máximo 10.15: jugo de papaya, avena con un poco de leche, pan caliente en el hornito y algún acompañante: jamón, queso, aceitunas, salchicha o palta. Luego de lavar todo debo ver qué hay para cocinar, pero no solo eso, debo preguntarle a él si eso le parece bien. Si preparo pollo, en cualquiera de sus formas, debe estar frito; si preparo carne, debe estar delgada y muy suave. La comida no puede ser dulce ni agridulce; salada tiene que estar. Si no hay gaseosa tengo que acompañarlo con una limonada o naranjada o lo que sea. Si es pasta no puede ser tornillo, si es arroz que tenga choclo y si es huevo que la yema esté líquida pero no cruda y si es duro, que esté dorada no amarilla. ¡Por la %$$%&%$&/%/%&"#$/&! ¿Tantas cosas tienen que aprender las esposas? 

Ayer me quedé toda la tarde encerrada en mi oficina terminando la segunda temporada de #OITNB y cuando el hambre atacó y fui hacia la cocina para asaltarla, me di con la sorpresa que mi padre no estaba en la casa. Eran las 10.30 de la noche y el celular estaba enchufado cargando, no habíanllamadas perdidas cercanas a esa hora. Mi hermano con quien siempre habla no tenía idea de dónde estaba el señor padre. ¿A dónde iría sin avisar a esa hora y dejando el celular en la casa?

Una hora después se apareció con cara de arrepentido "Morena, me olvidé mi celular, tuve una reunión de trabajo" ¿Cuál fue mi respuesta? ¡Por qué no avisas que vas a salir! Cómo sales y dejas el celular y no me dices "hija estoy saliendo voy a estar en tal lugar, regreso a tal hora". Una acá preocupada porque no sé dónde andas... Y mientras lo mandaba a su cuarto castigado, yo, sentada en el mueble con mi cara de culo tratando de recuperar el aliento, entendí, comprendí y valoré todas esas noches cuando al llegar a casa -sea la hora que sea- encontraba a mi mamá en el mueble con su cara de culo respirando hondo y diciendo "Muchacha dónde estabas... ya llegaste. Me voy a dormir" ♥ Qué jodidas son las mamás... hasta que nos convertimos en una... así sea por un mes.