domingo, 21 de noviembre de 2021

Perrito comprado en cuotas


Póngalo a dos cuotas por favor.
Eso le dije al veterinario cuando decidimos que Axel sería nuestro perrito. Hace 13 años yo estaba en una relación y se nos metió en la cabeza esto de tener un perro de los dos. No vivíamos juntos, es más, nuestras casas quedaban relativamente lejos. Se suponía que nos íbamos a turnar al perro durante las semanas y, como siempre estábamos juntos, no habría problema alguno. 

Cuando llegué a mi casa y le mostré a mis papás al perrito de frente me dijeron "aquí no se va a quedar". Esa es la típica oración de los padres, ¿no? Y después los ves jugando chochos con el animalito. Este caso fue igual pero se resistieron bastante, ¡no fue una batalla fácil de ganar! Pero primero, volvamos al momento de la compra millonaria...

El día que tomamos la decisión de comprar el perro hicimos un tour por las veterinarias de San Borja, queríamos ver un Pug aunque yo no estaba muy convencida de esa raza. Había tenido Cockers toda mi vida y quería seguir con ellos, pero mi ex insistía en el Pug. Cuando por fin encontramos una vet con un lomito así, pues no hubo conexión alguna. Ni caso me hizo el perro, mucho menos a él... así que empezamos a buscar otras opciones. De frente el vet me trajo a esta cosita negra con marrón con ojos de asustado. "Es un Jack Russell, como el perrito de la película 'La Máscara'; activo, inteligente, buen compañero". Lo primero que dije fue ¿esa raza no es blanca con marrón claro? "Sí, pero éste es otro tipo". En ese momento no pude darme de cuenta de la estafa -era obvio que era cruzado- porque en lo único que me fijé fue en cómo su colita se activó al mirarme. Fue flechazo, no me quito esa imagen de la mente. Nos miramos, nos besamos, nos enamoramos; fue instantáneo. 

¡Nos lo llevamos! ¿Cuánto cuesta? "Está a buen precio, solo 90 dólares". Yo solo saqué mi tarjeta de crédito y le pedí que lo pusiera a dos cuotas jajajaja porque moría por un perro pero estaba misia y mi ex solo puso la buena voluntad para algo que se suponía era de los dos. Y así llegó Axel (Rose) a mi vida, bautizado como uno de nuestros cantantes favoritos pero con la E bien puesta.

¡Entonces! Esa tarde llegué a mi casa y el pequeño no fue bien aceptado... por unas semanas estuvo en ambas casas hasta el día en que mi ex dijo "aquí ya no puede quedarse". ¡¿QUÉ?! O sea, el perro era de los dos SUPUESTAMENTE y ahora no tenía dónde quedarse. Mis papás también dieron el rotundo no y yo no sabía qué hacer. Lo tuvimos un tiempo a escondidas y luego la relación se terminó; también fue obvio que yo me quedaba con el perro porque, a ver, ¿Quién lo compró? ¿Quién lo pagó? ¿Quién siempre fue la que buscó la solución de la vivienda? ¡Ese perro siempre fue mío! 

La mamá de mi sobrina Alejandra, en un acto de solidaridad, me dijo que se quedaba con Axel así que mi cachorro se fue a vivir con su prima... Me lo devolvieron a los 2 días... El pobre perro no dejaba de llorar y, en sed de rebeldía, rompió toda su cama. Mis papás se sintieron mal y me dijeron que podía tenerlo en casa, porque además yo estaba con una depresión muy fuerte por la ruptura, entonces necesitaba a mi perro cerca. 

Su carita cuando entró a la casa y me vio. ¡Era solo un cachorrito! No tenía ni 1 año, pero entró a la casa disparado y se sentó en la puerta de mi cuarto, no le hizo caso a nadie y estaba tan emocionado que ni cuenta se dio que yo estaba parada afuera para recibirlo. A penas nuestras miradas se encontraron, el amor incondicional se hizo presente y nos metimos felices a mi cuarto a jugar en la cama. Ahí fue cuando cambié de veterinaria y en la nueva me dijeron "Sí sabe que su perro es cruzado, ¿verdad?" ¿Cómo así que cómo fue? JAJAJAJAJA. Ahí confirmé la estafa y comprobé que mi jabalí era cruce de Jack Russell con Beagle, por ello los colores negros y marrones. Pero qué chuchaaaaaaa, mi perro era único y especial... ES único y especial.

Y así vamos por la vida juntos siempre de la mano-pata... es mi perrito salvador. Me dio calma durante mis peores momentos de ira, se quedaba pegado a mí en mis depresiones, dormía sobre mi pecho durante los ataques de ansiedad más intensos. Nunca me dejó sola. Siempre me trajo alegrías. 

Trece años han pasado y aquí estamos, un poco más lentos y gordos los dos jajajaja pero más sabios también y con un amor inacabable. ¡Definitivamente la mejor compra que hice! Mi perrito a cuotas, mi perrito salvador. 

lunes, 8 de marzo de 2021

La Mujer Siempre Pierde

Estábamos sentados en la mesa almorzando en familia. La típica conversación: lo que pasa en las noticias. "¿Viste esa chica que la mató el marido?" "Mira, embarazada con 3 hijos y ahora el marido la deja. ¿Qué va a ser de esa muchacha?" "Si no estudian, con la justa terminan el colegio y ya las casan y se llenan de hijos." Terminando así el almuerzo con una conclusión: la mujer siempre pierde. Yo tenía menos de 10 años y quien afirmaba esto en casa, por más increíble que suene, era mi mamá. 

Eso fue lo que siempre escuché mientras iba creciendo; la mujer siempre pierde... Inconscientemente yo estaba destinada a perder; todo lo que logre en la vida sería en vano, porque al final, siempre perdería. Si me casaba seguro mi marido me dejaría, si lograba un trabajo seguro no llegaría lejos, si tenía hijos seguro me tratarían mal y me dejarían sola. Nada de lo que yo me propusiera hacer en esta vida tenía sentido, ¡siempre iba a perder entonces, what's the point?!

Pero en paralelo, algo raro pasaba en casa. También me decían que yo era muy inteligente y tenía mucho talento, que podía lograr lo que quisiera, ser lo que quisiera. A ver mano, ¿qué chucha pasa acá? Jajaja no puedes decirle a una niña que está en su naturaleza fallar pero también motivarla a hacer más cosas. Entonces así siempre crecí, celebrando a medias los logros, encontrándome con la desilusión al final del camino. 

Cuando empecé a ser más madura y consciente de la vida, sobre todo de las sorpresas que te da la vida, me di cuenta que yo sí podía lograr cosas -y acá viene un punto muy interesante- laboralmente yo sobresalía, en las clases yo sobresalía, cualquier grupo donde estuviera siempre yo tendía a liderarlo. ¡Entonces yo sí podía lograr cosas, yo sí podía triunfar! Y a lo largo de ese camino una idea iba entrando a mi cabeza, sembrada por mi entorno... Fátima lo puede hacer porque tiene huevos. Fátima lo logrará porque tiene testosterona. Fátima lo va a conseguir porque ve las cosas diferente: las ve como un hombre.

Conclusión: soy mujer pero logro el éxito porque tengo cualidades de hombre. ¡Qué buena payasada! Pero, ¿saben qué? Yo decía lo mismo. Es que claro esa era la única explicación, si las mujeres no pueden pero yo soy mujer y puedo, entonces es porque pienso como hombre, estaba "clarísimo". Una vez un equipo hizo la advertencia que ellos necesitaban alguien con mucha fuerza y que preferían tener un hombre en vez de una mujer, mi jefe de ese entonces dijo "pero Fátima ha sido estibador en vidas pasadas" porque claro, mi peso/tamaño también se relacionaba a algo masculino. ¿Yo qué hice? Me reí.

Pero llega un punto en el que no te da risa. Llegué hasta a hacerme análisis de testosterona porque algo malo había en mí, no podía ser una "mujer normal" porque iba en contra de lo que estaba establecido para mí: PERDER. ¡Qué tal daño! ¿Y saben cuándo empecé a pensar diferente? Cuando cambié de ambiente.

Tuve la oportunidad de tener dos jefas en mi vida, que marcaron mi camino completamente: la primera era la típica jefa exitosa que vemos en las películas; dura, sarcástica, estricta, dominante, por encima de los demás. O sea una Miranda Presley. Pero eso era para afuera, era la careta, la imagen o el papel de la jefa superior. Yo la conocí y era bastante sensible, amorosa, preocupada por el resto... Yo pensaba, ¿por qué no ambos? ¿Por qué seguir con esa imagen? Porque así tenía que ser en ese ambiente. 

Mi otra jefa fue todo lo contrario. Me escuchaba siempre, nunca se burló de mis ideas, me daba herramientas para potenciarlas, me mostraba referencias, conversaba conmigo. Todos la respetaban pero no por miedo a que los bote, sino porque la admiraban; confiaban en su capacidad y no, no era porque tenía cualidades de hombre. Ahí aprendí que solo uno mismo se pone los límites, las trabas. Una misma es quien se caga sola. Y así fui conociendo a mujeres increíbles que lideraban pero nunca se sentían superiores al resto, mucho menos ante otras mujeres; conocí mujeres que querían ver a otras mujeres triunfar. 

Pero lo importante de cada situación era el ambiente. En un ambiente tóxico no importa quién seas o lo que hagas, siempre habrá esta rivalidad de géneros y estrés por querer demostrar que una mujer puede, así sea de la manera equivocada. Cuando estás en un ambiente donde todos te tratan por igual, sobre sales por quien tú misma eres y obtienes respeto por eso. 

Todavía sigo diciendo a veces que tengo huevos, pero es más por diversión. En grupos de hombres me sentía igual pero por esa idea errónea de "es que estamos entre hombres"... Ahora, me siento igual porque nuestras capacidades son iguales, nuestros objetivos son iguales y nuestras ganas, son iguales. Soy una mujer, en un puesto de liderazgo, en una empresa trasnacional, haciendo cosas importantes junto a 8 hombres talentosísimos. Y somos un equipo grandioso. ¡Qué orgullosa estoy! Hasta "se me para" de la emoción... jajajajajaja 

¡Siempre hacia adelante, mujeres! Que el mundo cada vez está más listo para vernos triunfar. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

I'll Never Go Back To Georgia

Era el verano del 2010, no nos habíamos visto después de un montón de tiempo pero, como siempre, parecía que no era así y que el día anterior nos habíamos encontrado en la universidad y nos reíamos de las locuras que hacíamos en mis fiestas de cumpleaños. El tiempo nunca pasa para nosotros, nos vemos más viejos -sobre todo tú- pero todavía nos sentimos como dos chiquillos aprendiendo a fumar.


Fue el primer martes del año, insististe para que salgamos a bailar. Eso de producirse para ir a una discoteca no es lo mío, me dijiste que no era nada fichón, que bailaríamos salsa en un lugarcillo de Barranco y que, además, conocería a tu grupo de amigos.¿Salsa? ¿Barranco? ¿Nuevos amigos? Ufff, no... Siempre fuimos tú y yo solos, ya de por sí la idea de salir con otras personas me tenía nerviosa. Para variar terminaste convenciéndome y manejé hasta tu casa, hice lo que pude con la producida. Nos subimos a tu carro y pasamos como movilidad escolar por la casa de cada uno de tus amigos y una vez el auto lleno, nos fuimos a bailar.

Mientras escuchábamos algunas salsitas como para calentar, tú te encargabas de contar nuestra historia a los amigos; "nos conocemos desde los 10 años", "No, es desde los 11", "Siempre me equivoco, y ella siempre me corrige". Así era la dinámica, tú siempre contarías la historia mal porque sabías que yo diría que es una total mentira y empezaría un relato verídico. Luego contabas una que otra historia vergonzosa para mí y después de las interminables carcajadas, contabas quién era, qué hacía, siempre echándome más flores de las que merezco. Entonces nos mirábamos, sonreíamos y seguíamos el camino.

Llegamos exacto para la tocada en vivo. Tú, para variar, entraste primero con la mirada en alto y el pecho inflado. Seguro, sonriente, ganador. Yo detrás de ti palteada y mirando a todos lados. Por la derecha las chicas regias brindando con Red Bull, por la izquierda los chicos llenaban la barra pidiendo chela y más allá, la cola interminable del baño. Volteaste a ver si estaba viva y yo solo me reía de nervios, ¡no estaba en mi ambiente! Entonces me agarraste de la mano y cruzamos el mar de gente, tú saludando a todos, yo tratando de no tropezarme. Al fondo, detrás de todo el humo del Dragón, estaba la orquesta, lista para empezar tremenda fiesta.

Chelas van, chelas vienen. Prendo un cigarro y trato de no parecer un bicho extraño en el lugar. Los amigos eran súper divertidos y resultó que eran ellos los ansiosos por conocerme. Tú siempre presentándome llena de flores y adjetivos calificativos que exageran mi persona. Nos reíamos, tomábamos cada vez más, recordábamos y con cada canción noventera gritábamos "¿Te acuerdas?" Y brindábamos por eso único que tú y yo tenemos.

La hora de la verdad llegó. Me agarraste nuevamente de la mano y me llevaste al centro de la pista, justo frente a la orquesta que ya estaba saludando a todos. ¡Ahora resulta que también los conoces! Te saludan, me saludan y empiezan los timbales a marcar el ritmo. Hay un grupo de chicas en slaps, faldas largas de colores y bividís que se mueven como locas balanceando las dos chelas que tienen en las manos. Me di cuenta que todos estaban vestidos "relajados" y que nadie me miraba ni estaba interesado en mirar mi ropa. Respiré, me sentí más tranquila pero miro a las chicas bailar y no tengo idea de cómo hacerlo. Sé bailar, pero no salsa, mucho menos dura. El ritmo aumenta, la gente está hipnotizada bailando, empieza a aumentar el güiro marcando el tiempo y la voz aceitosa del cantante suelta un rugir que a todos vuelve locos. Se volvió una orgía musical ese pequeño salón. Tú detrás de mí bailando y diciéndome cosas al oído que no puedo ni entender. Yo; parada inmóvil.

No tengo idea de cómo se baila esto; te dije ya un poco mareada y riéndome al ver que era la única chica adelante que no bailaba. Te reíste pero sin burlarte de mí y me tomaste de la cintura, balanceándote de un lado a otro despacio y de pronto, empezamos a bailar. Tu guayabera amarilla semi abierta me mataba de risa, parecías un tío cubano con su vaso de ron piropeando chiquillas que pasan por la puerta de su casa... y poco a poco me daba cuenta de que ya levantaba los pies del piso, ya dábamos vueltas, ya bailaba con los ojos cerrados.

A las 3 de la mañana llegó la hora de irnos. Fuimos despacio por la Vía Expresa mientras yo fumaba y no dejaba de hablar sobre lo chévere que la había pasado. Por más que estuvimos horas escuchando salsa, pusimos más música en el carro y tú feliz me contabas la historia de cada cantante, de cada canción. Me hacías entender los tiempos, contabas los pasos, los puentes, los instrumentos. Yo estaba en mi gloria.

Y así nos pasamos todos los martes del verano del 2010. Yo manejaba a tu casa, salíamos en tu carro, recogíamos a los amigos y nos íbamos a bailar salsa durísima hasta no poder más. Cada vez yo bailaba mejor, cada vez nos reíamos más, cada vez todo era más bonito. Luego "se acabaron las vacaciones" y volvimos a la vieja rutina. Nos alejamos, nos reencontramos, nos volvimos a alejar, nos volvimos a encontrar. Cada vez mejores, cada vez con más sabiduría. 

Han pasado 10 años y todavía puedo cerrar los ojos y verme ahí en el Dragón, al centro de la pista, bailando y cantando con Cheo nuestra canción favorita "El Pito". Felices 25 años de amistad, recuerda siempre que I'll never go back to Georgia, I'll never go back. 

jueves, 23 de julio de 2020

Cuando pase el tren

Hace un tiempo que vengo pensando bastante en mi ansiedad. Algunos días la pendeja pasa a saludarme. Se asoma a joderme la paciencia un rato. Es difícil vivir con ansiedad y ha sido aún más difícil poder manejarla durante esta cuarentena.

Pero me he concentrado más en pensar lo afortunada que soy de tener un buen sistema de apoyo. Muchas veces he hablado sobre los entornos tóxicos; las relaciones, las amistades, la familia... cualquiera que te rodee y no te aporte, ¡o encima que no te aporte, te joda! Hablé ya muchas veces de limpiar a la gente, de no tener miedo de decir no quiero esto, no tener miedo de irte. Pero luego, ¿con quiénes te quedas? Y ahí siempre, siempre, pienso en mi familia, mis amigos y mi flaco.

Tengo un team que ufff... ¡sí que la han sufrido conmigo! Son de esos que se turnan para "monitorearte" cuando no tienes un buen día, que te llaman, te escriben, te pasan memes, le dan like a tus Tik Toks (después del bullying necesario). No te juzgan, te escuchan pero sobre todo, están ahí antes, durante y después. 

Una vez en una reunión salió el tema de la ansiedad y un tipo dijo ¿pero qué es ansiedad, qué sientes? ¿no puedes simplemente animarte? ¡Ah bueeeeeeeeeeeeeee! ¡Animarme! No se me había ocurrido... imbécil. Y por ahí la gente trataba de explicar qué era, cómo se sentían. Yo escuchaba, pero me dejó la duda de cómo explicarle a alguien cómo me siento, cómo hago que los demás al menos puedan hacerse una idea de cómo estoy.

¿Alguna vez han vivido frente a una estación de tren? Yo no, jajajaja pero estaba viendo una película donde un tren pasaba obviamente a gran velocidad frente a una casa y la sacudía por completo, como un fuerte temblor y todos dentro tenían que simplemente sostenerse y esperar. Así es cuando tienes ansiedad. Hay cosas que la empeoran, cosas que tú sabes que pueden desencadenar en un ataque de ansiedad, por ejemplo el trabajo, esperar una noticia, comenzar algo nuevo, no tener una respuesta de algo, en fin... pero muchas veces la ansiedad solo llega. Estás bien y de pronto, ¡buenasssssssss! Llegó a joder y te desestabiliza, esa es la palabra, la ansiedad es ese tren de mierda que viene a velocidad y tú eres la casa que se vuelve inestable, que se mueve de un lado a otro, que no está quieta, que se puede destruir en cualquier momento y no puedes hacer nada, NADA al respecto. Y de ahí... el tren se va y tú vuelves a estar estable.

Una amiga muy cercana me preguntó hace unos días ¿qué puedo hacer para ayudarte cuando tienes ansiedad? Y no solo me acordé del tren, sino de quiénes estaban dentro de la casa; cómo se abrazaban, se daban la mano, se alentaban y solo esperaban, esperaban que pase el tren. Y así es mi nuevo entorno; ahí están conmigo solo esperando que pase, sin decir algo, solo están. Me abrazan, me dicen ya va a pasar, me recuerdan que respire, me hacen reír, me distraen y solo están aguantando conmigo hasta que pase el tren. ¿Ven qué importante es tener a GENTE SANA EN TU VIDA?

Anoche pensaba en una amiga que no la está pasando bien y me pregunté si ella tenía a alguien que le diera la mano cuando pase su tren. Espero que sí y si no, solo quiero que sepa que la entiendo y que aquí estoy, y en general a cualquiera que sienta que su día no está tan bueno, aquí hay alguien que los acompañará cuando pase el tren. Algunos demorarán 5 minutos, media hora... otros tal vez años, ¡pero ánimo! Porque va a pasar y todo va a estar bien. 

martes, 26 de mayo de 2020

Compra Calzones

Una de las cosas más importantes que he aprendido durante este aislamiento social ha sido el ahorro. Soy bien conocida por mi desmedido consumo de comida chatarra, entonces, claro, estos 2 meses sin delivery le han hecho muy bien a mi billetera.

Al principio fue difícil. Yo vivo sola alquilando un cuarto. Tengo las cosas básicas de la vida para sobrevivir pero no tengo una cocina, entonces desde el inicio fue súper complicado poder comer comida "normal". De lunes a viernes yo almorzaba en menú, en las noches comía cualquier cojudecita o salía a cenar. Fines de semana pues delivery obviaaaaaa, entonces ahora me encontraba en casa, sin poder salir, sin poder comprar lo que quería, con mi lata de atún y mi bolsa de fideos lista para hacerse en microondas. Fue difícil.

¡Pero el humano se amolda! Hasta panqueques he aprendido a hacer en un mini grill que canjeé con millas. Las recetas para cocinar en microondas son mis nuevas amigas. Mi refri cambió totalmente, ahora hasta fruta hay dentro. Bajé de peso, me desintoxiqué de tanta chatarra, empecé a tomar mis vitaminas de nuevo, todo bien, todo perfecto.

Ah, pero esa gracia divina duró unas semanas... después de tener que lavar 37 veces el mini grill al día para poder preparar otra cosa (¡que viene en el mismo plato!) ya estaba cansada y aburrida. Mis almuerzos empezaron a ser papitas con helado hasta que... ¡Comenzaron los deliveries de nuevo! Lógicamente me pedí una pizza, pollo a la brasa, pollo broaster, hamburguesa... Todo. Pero ahí vi mi billetera y dije OE KHÁ, NO. No puedo volver a gastar así, tengo que ser más consciente y cocinar en casa.

Entonces a la mañana siguiente me alisté para cocinarme y me di con la sorpresa de que se me había vencido muchas cosas. Abrí la refri y me golpeó el olor a pollo muerto. ¡Fuck el pollo que compré! A la mierda la media pechuga que había sacado del freezer para hacer sanguchitos. Un paquete de chorizo parrillero, vencido. El pan, vencido. Lata de choclitos dulces, vencida. Puta madre, Fátima... ¿Por qué eres así?

Claro pues, la floja de mierda, primero habla del ahorro, de no desperdiciar, de la billetera gordita pero deja tirada la comida... ¡por floja! Estaba asada... Asada y hambrienta, qué horrible combinación. Terminé comiendo fideos con ají y tomando manzanilla (en mi copa rosada de gin porque la taza no la lavé, por floja de mierda).

Y aquí viene un twist interesante en esta historia... Subí este mismo relato a mis historias de Instagram, cerrando el episodio contando que al día siguiente iría a comprar y que sería mucho más responsable, junto al botón de pregunta: ¿Qué no me puede faltar en mi shopping responsable? Cualquiera pensaría que las respuestas serían tipo mantequilla, atún, arroz, fruta, pan... en fin. Pero hubo una respuesta que simplemente me cagó y me sacó totalmente de cuadro: compra CAL ZO NES. ¿A quién mierdaaaaaa se le ocurriría comprar calzones como insumo principal de consumo ante una pandemia? 

Mi sobrina, Alejandra "Pelu" Yataco, a puertas de los 23 años, es mi gran compinche. Me celebra todas las cojudeces, comparte mis historias, participa en todo lo que hago y es mi gran fan. Es una chica cool, cague de risa, muy noble e inteligente... un poco leeeeeeenta a veces... pero más que lentitud, tiene una habilidad para crear lógicas irrazonables.

Nota mental: lógica irrazonable = compra calzones en pandemia

¡Hasta lo del papel higiénico lo podría entender! ¿Pero calzones? Luego me puso compra chompitas... Yo seguía anonadada mirando la pantalla y tratando de entender. Luego volvió a escribir -emocionadísima- tía compra joggers para que estés cómoda. Entonces hice la pregunta... QUÉ CHUCHA HABLAS. Y me puso bueno no sé, es esencial en la vida, ¿no? 

Hoy me levanté temprano y como nunca se me antojó un cafecillo con mi pucho. Me puse a pensar en esa huevada y a reírme. Me dio mucha nostalgia porque creo que lo primero que hubiera ocurrido es que, al llegar el domingo familiar, al momento de estar listos para almorzar un chifaza, yo habría contado esta historia a mi familia.

Mi papá, a la cabeza de la mesa, se hubiera atorado de risa pero también hubiera sido el primero en defender lo indefendible. ¡Nadie puede vivir sin calzones. Mi Pelu dio una brillante respuesta! Mi hermano Christian hubiera gritado ¡Andá! Y luego hubiera recordado alguna otra historia para seguir con el bullying. Dinka, mi cuñada blanquita, estaría llorando de risa pero tapándose la boca, como el emoji del monito. Mi mamá riéndose con toda libertad pero luego diciendo ya no la fastidien. Martín, su papá, le habría dicho ay, mija mejor almuerza nomás. Y todos, nos hubiéramos cagado más de la risa.

Cosas simples de la vida como un almuerzo familiar y bullying a la sobrina. ¿Cuánto se extraña, no? Hablo con mi familia todos los días, chismorreamos, nos mandamos memes, videollamamos y tratamos de siempre estar en contacto. Pero nada se puede comparar a estas grandes historias en el verdadero LIVE.

Y lo que más rescato de todo es que, quien se sopló todas mis historias de Instagram, una tras otra, se rió conmigo, fue parte de y se tomó la molestia de responder a mi pregunta recomendándome lo que -para ella- era esencial, fue mi gran fan. Mi sobrina Pelu. 

Recuerden, a veces el resultado final no importa, sino todo el cariño que hay detrás. ¡Feliz cumpleaños, hija hermosa! Esta historia es para ti. A penas podamos salir, te llevo a comprar calzones.

sábado, 28 de diciembre de 2019

AMOR

Hace unos días salí con mi papá; lo acompañé a hacer compras como siempre y luego nos sentamos en un cafecito por un postre. Honestamente, él y yo nunca hemos conversado de nuestras cosas íntimas, tal vez en algún momento, algo por ahí, muy superficial salió, pero es totalmente diferente a hablar con tu mamá, no sé. Pero me sorprendió que se pusiera a hablar conmigo sobre el corazón; mi corazón.

"Morena, tú tienes un corazón muy caliente. Deberías enfriarlo un poco. No que se congele, pero que esté fresco". ¡Ooooookkkkkk! Mi padre es un hombre extremadamente inteligente, pero no tan hábil para expresar sus emociones y dar consejos... Sin embargo me hizo reír y en el fondo, a su modo, tenía razón. Debo ser más calmada, más serena, menos pasional y un poco más racional. Después de un chocolate caliente, un mixto completo y un pastel de alcachofa, me dijo: "es que todo lo haces por amor". Y sí, siempre ha sido así.

Desde niña, siempre hice cosas por amor, pero por amor a los demás. Si mis hermanos me pedían algo, que de repente yo no estaba de acuerdo o no era lo mío, igual lo hacía solo por amor a ellos, solo porque ellos querían. Estudié Ingeniería Informática porque mi papá es ingeniero y por amor a él lo hice. Nunca me gustó mi carrera, la dejé.

Años después conocí a un chico y fue por él que empecé a estudiar comunicaciones y lo he contado en alguna de mis aventuras. Por amor a Brian fue que renuncié a mi trabajo, empecé a trabajar con él en producción y él me motivó a estudiar esa carrera. Lo maravilloso fue que la elección fue la correcta y amo con locura lo que hago. Pero, ¿ven? Nuevamente haciendo algo por amor a alguien.

He tenido muchos trabajos, he probado muchas cosas y siempre por alguien más, porque alguien más me lo pidió, porque alguien "me necesitaba" o por lo que sea externo, siempre ajeno a mi propio corazón. Saber decir NO es demasiado difícil para mí, porque, al final, ¿quién no quiere hacer algo y sentirse amado o sentir que su sacrificio de amor es lo que el mundo necesita? Algunos dirán que es altruista, otros dirán que es completamente estúpido.

Con mi ex mi amor llegó a puntos extremos... puse todo primero; cada necesidad, cada problema, cada cosa minúscula que parecía no tener solución. Yo lo solucionaba con "mi amor". Irónicamente algo que siempre él decía era "deberías ponerte a ti primero, si tú no estás bien, nadie va a estar bien". 

Este año ha sido extremadamente difícil, porque me di cuenta de algo importantísimo: me faltaba amor, a mí misma. ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo empiezo a quererme?

Mi trabajo actual es una de las cosas que más me gusta hacer, pero siempre me estuve cuestionando si era lo mío... Y cuando ese cuestionamiento comenzó a comerme por dentro, me cambiaron de área y conocí gente increíble. Fue como si todo empezara a acomodarse. Y ahí aprendí algo muy importante: empieza por elegir bien quién te rodea.

Dejé esa postura estúpida de no hablar con la gente, maté mi miedo a conocer nuevas personas, empecé a escucharlas. De pronto les caía bien, de pronto me empecé a sentir aceptada, empezaba a reírme, a disfrutar cada día de ir a trabajar. ¡Me ascendieron! Y cuando eso pasó me acuerdo que lloré horrible en el baño abrazada de una amiga porque sentía que estaba en el momento correcto de mi vida. Amo mi trabajo y cada cosita que hago ahí porque me hace bien, porque es PARA MÍ. 

Empecé a eliminar cada relación tóxica de mi vida; amigos, familiares, conocidos, parejas. Puta madre depuré todo porque entendí que yo no necesito eso, que mi corazón no necesita "acciones de una sola vía". Hice nuevos amigos, que me decían todo el tiempo "valórate, quiérete, así estás bien, mejora por ti no por los demás". Y de pronto una mañana me miré al espejo y dije mieeeeeeerda... tú misma eres el amor más grande que necesitas. 

Este año me enseñó a soltar, a cerrar ciclos, círculos tóxicos. Me enseñó que es mejor tener nada a tener a medias y mal pagado. Y es increíble cómo todo se acomoda, cómo el mundo te dice "¿ya ves, huevoncita?" Es la primera vez en mis 36 años que puedo decir que soy feliz, ¡puta madre por mí misma! Puedo decir que tengo a las personas correctas en mi vida, puedo darme el lujo de decir "no te quiero en mi vida", puedo sentirme tranquila.

Hay días malos todavía, claro que sí. Hay días en donde no quiero levantarme, pero ahí están mis amigos caminando conmigo, ahí está siempre mi familia que me da tranquilidad, esos ojos verdes que me iluminan la vida, ahí está el sabio consejo de mi papá... 

No voy a decir lárgate, 2019. Sino gracias, 2019. Por enseñarme el amor más bonito; el amor propio. Ahora al 2020 le toca enseñarme a tener un corazón, un poquito más fresco... 

miércoles, 10 de julio de 2019

Llegó la hora de la confesión


A todos alguna vez nos han pedido ser padrino/madrina de alguien; ya sea un sobrino o el hijo de un amigo cercano. Hace 15 años mi hermana Gissella me pidió que sea la madrina de bautizo de su hijo Ryan y obviamente yo acepté más que feliz. Ellos viven en EE.UU y yo había viajado para acompañarla durante el embarazo, ver nacer a mi sobrino y quedarme dos meses hasta el momento del bautizo. Creo que el día en que nació fue uno de los más felices de mi vida, un momento que, ahora a mis 36 años, me doy cuenta que me cambió por completo y marcó un quiebre muy importante en mí.

Cuando aceptamos ser padrinos, ¿honestamente aceptamos toda la responsabilidad que esto conlleva? Es decir, muchas veces la gente bautiza a su hijo "porque es la costumbre, porque tiene que tener padrinos o incluso los bautizan ya grandotes porque se les pasó". Los padres no necesariamente son creyentes o practicantes, lo hacen porque se hace y luego hay una fiesta y hasta a veces el bautizo termina en unos cuantos joncas con todos los vecinos, ¿o no? #NoMientas. Luego el crío crece y, si no es un familiar directo, la conexión se pierde y se limita a enviar un regalo por el cumpleaños y con suerte por Navidad. Pero, ¿realmente eso es ser un padrino?

Hace unos meses mi hermana me escribió para pedirme que viaje para la confirmación de Ryan, esto es un sacramento en la religión católica en donde el ahijado confirma su fe en el catolicismo, donde mi hermano Christian sería su “Padrino de Confirmación”. Con la emoción del viaje y la celebración, hice todos mis trámites y en 1 semana ya estaba más que preparada para pasear, comprar y tragar rico.

Apenas me recogieron del aeropuerto nos fuimos de paseo a un resort en la playa bravazo. Mi prima que vive en Nueva Jersey también viajó con su mamá así que éramos EL MANCHÓN en un mini depa del hotel con vista al mar. Una chelita por aquí, un puchito por allá, risas y más risas. Justo coincidió con el feriado de Semana Santa entonces en la mañana del primer día salí con mi hermana a pasear por el malecón y a conversar de la vida...

¿Hermana, te llegaste a confesar antes de viajar? Ehhhh, no tenía idea de por qué la pregunta pero la respuesta era simple: NO. Mi última confesión fue hace pffff más de 20 años, creo que cuando fue mi confirmación. ¡Es más! Ni siquiera para el bautizo de Ryan nos dimos cuenta de ese punto. Bueno, la siguiente semana es la confirmación de Ryan  y siendo su madrina obvio tienes que comulgar y para eso tienes q estar confesada. Además, este domingo es Pascua de Resurección e iremos todos a misa en familia.

Yo soy creyente, sí, totalmente pero no muy practicante de mi religión. Estoy en desacuerdo con algunas prácticas de la iglesia, sí, también. No voy mucho a misa ni soy partícipe de sus eventos. Que creo en Dios, la Virgen y mi fe en general, pues sí. Pero cuando me dijo que tenía que confesarme... mmmm, no fue algo que me agradara.

Al día siguiente mi cuñado se levantó temprano y me dijo que me llevaría a la iglesia. Chino, ¿de verdad vamos a ir a la iglesia o iremos a Mc Donald's? Él me miró, se mató de risa y me dijo las dos cosas y primero me llevó a la iglesia, que justo estaba cerrada y no atendía confesiones por el día festivo. Yo pensé ¡uffff me salvé! Pero no.

El domingo de pascua fuimos todos a misa en una iglesia cercana al resort. La típica iglesia de pueblo que ves en las películas, donde todos son gringuitos y blanquitos, gente mayor y los turistas como nosotros; las niñas con vestido de flores y su chompita, los niños con camisa y pantalón, las madres en vestido arregladas y los padres impecables como cabeza de hogar. Todos se conocen, todos se saludan y el padre los recibe en la puerta. Hay un coro, todos saben las canciones y no queda espacio para nadie, la iglesia reventaba.

Cuando llegó la hora de la eucaristía, de manera ordenada se iban levantando uno por uno en filas, para no crear caos. Yo estaba bien sentada pues, ¡no podía comulgar porque no estaba confesada! Así que con mis ojotes latinos miraba atenta a los demás a ver quién más se quedaría sentado.

Ni una puta alma se quedó. Todos, literalmente todos, se levantaron a comulgar. Hasta ahí me sentía incómoda porque era algo bien notorio, o sea, todos de pie menos la gordita latina. Resultó que Pascua de Resurrección era un día sumamente importante y yo ahí sentadota. Mi hermana me miró y pasó de largo, mi hermano se mataba de risa, mi prima igual... Cuando pasó Ryan me miró con cara de indignación ¡¿Tía, no te confesaste?! -No, estaba cerrada la iglesia. Y moviendo la cabeza en sentido de negación siguió adelante. Creo que nunca me había sentido tan avergonzada, no por la gente, sino porque sentí que lo había decepcionado.

Cuando volvimos a la casa, lo primero que él hizo fue darme su libro de confesiones para que aprenda lo que tenía que hacer. Yo sentía demasiada presión porque tenía que hacer algo que yo no quería y no había alternativa: lo tenía que hacer. Una mañana mi hermana me recogió y me llevó a su iglesia (ahí sí había más gorditas latinas, ja). Llegamos y había una larga fila de "pecadores" esperando para entrar. Me senté y esperé.

En ese momento algo pasó; yo empecé a sentirme mal. Me dolía la cabeza, me sentía mareada y me dio taquicardia. En otras palabras me dio un ataque de ansiedad y no entendía por qué. Más pasaba el tiempo yo peor me ponía, los pecadores se iban y mi turno se acercaba, peor se me aceleraba el corazón. La puerta se abrió y era mi turno.

No tengo idea de cómo hacer esto, padre. Yo fui sincera, le dije que era porque se venía la confirmación de mi sobrino y yo tenía que estar ahí y comulgar, pero que yo sentía cierta desconexión con Dios por algunas cosas que me había pasado en el último año. Dije algunas cosas más y luego el padre me dijo algo muy importante; que si yo hacía esto por mi sobrino, entonces tenía que hacerlo todo de corazón y honestamente, porque para él era importante, era importante que yo participe de su confirmación, de los rezos en casa, de la comunión, de ir a misa. No era una cosa que me imponían, sino que esto era parte de su vida y yo, al ser su madrina, debía darle el ejemplo porque él sí es un miembro activo de la iglesia. 

Qué fuertes palabrastú eres su ejemplo. Él te admira y tú tienes que guiarlo. ¿Ese no es, al final, el rol de un padrino/madrina? ¡El verdadero rol! Entonces me di cuenta el papel tan importante que yo jugaba en su vida, en su desarrollo católico. De repente en mi vida diaria no soy practicante pero en ese momento, había alguien que necesitaba que yo lo sea, y por él, todo.

Entonces, mi confesión debía ser auténtica y honesta. Pobre padre, se le deben haber quemado los oídos de escuchar mi gran lista de pecadillos... ¡hasta lloré! Y creo que también me sirvió para botar esas cosas que a nadie le cuentas y las tienes ahí jodiéndote la vida. Cuando salí tuve que rezar lo que me indicó el padre y luego nos fuimos. Mi hermana me preguntó qué tal y yo solo dije tienes que alimentarme porque estoy débil, me acaban de sacar al diablo. Y las dos nos cagamos de risa y solo me dijo recuerda que quien te confiesa es Dios y él te perdona todo.

En la confirmación ahí estuvimos todos como familia, en la misa, comulgando juntos en gracia, ¡inclusive YO!  Y luego celebrando en un almuerzo bonito. Mi Ryan me regaló varias cositas y entre ellas estaba un llavero de San Benedicto, el santo a quien él admira y lo llevo conmigo siempre. 

¿A qué voy con todo esto? A que realmente aceptemos todas las responsabilidades que conlleva ser el padrino de alguien, y no solo eso, sino el rol que tenemos los tíos en las vidas de los chicos. No estamos para malcriar, ¡al contrario! Estamos para dar soporte a los padres, para estar ahí con ellos en todos sus momentos, no solo en la diversión porque claro, nosotros no vivimos con ellos, no somos "los padres" pero también podemos educar, también podemos corregir y podemos guiar. 

Tal vez no me he vuelto Santa Fátima, pero creo que sí crecí interiormente en este viaje. Más allá de la diversión y de comer en todos los restaurantes de Virginia, me quedo con esto: tratar de hacer mejor las cosas. Así seguiré siendo su modelo, y él también, con sus actos, ha pasado a ser mi gran inspiración de fe y eso, no lo cambio por nada.