jueves, 23 de julio de 2020

Cuando pase el tren

Hace un tiempo que vengo pensando bastante en mi ansiedad. Algunos días la pendeja pasa a saludarme. Se asoma a joderme la paciencia un rato. Es difícil vivir con ansiedad y ha sido aún más difícil poder manejarla durante esta cuarentena.

Pero me he concentrado más en pensar lo afortunada que soy de tener un buen sistema de apoyo. Muchas veces he hablado sobre los entornos tóxicos; las relaciones, las amistades, la familia... cualquiera que te rodee y no te aporte, ¡o encima que no te aporte, te joda! Hablé ya muchas veces de limpiar a la gente, de no tener miedo de decir no quiero esto, no tener miedo de irte. Pero luego, ¿con quiénes te quedas? Y ahí siempre, siempre, pienso en mi familia, mis amigos y mi flaco.

Tengo un team que ufff... ¡sí que la han sufrido conmigo! Son de esos que se turnan para "monitorearte" cuando no tienes un buen día, que te llaman, te escriben, te pasan memes, le dan like a tus Tik Toks (después del bullying necesario). No te juzgan, te escuchan pero sobre todo, están ahí antes, durante y después. 

Una vez en una reunión salió el tema de la ansiedad y un tipo dijo ¿pero qué es ansiedad, qué sientes? ¿no puedes simplemente animarte? ¡Ah bueeeeeeeeeeeeeee! ¡Animarme! No se me había ocurrido... imbécil. Y por ahí la gente trataba de explicar qué era, cómo se sentían. Yo escuchaba, pero me dejó la duda de cómo explicarle a alguien cómo me siento, cómo hago que los demás al menos puedan hacerse una idea de cómo estoy.

¿Alguna vez han vivido frente a una estación de tren? Yo no, jajajaja pero estaba viendo una película donde un tren pasaba obviamente a gran velocidad frente a una casa y la sacudía por completo, como un fuerte temblor y todos dentro tenían que simplemente sostenerse y esperar. Así es cuando tienes ansiedad. Hay cosas que la empeoran, cosas que tú sabes que pueden desencadenar en un ataque de ansiedad, por ejemplo el trabajo, esperar una noticia, comenzar algo nuevo, no tener una respuesta de algo, en fin... pero muchas veces la ansiedad solo llega. Estás bien y de pronto, ¡buenasssssssss! Llegó a joder y te desestabiliza, esa es la palabra, la ansiedad es ese tren de mierda que viene a velocidad y tú eres la casa que se vuelve inestable, que se mueve de un lado a otro, que no está quieta, que se puede destruir en cualquier momento y no puedes hacer nada, NADA al respecto. Y de ahí... el tren se va y tú vuelves a estar estable.

Una amiga muy cercana me preguntó hace unos días ¿qué puedo hacer para ayudarte cuando tienes ansiedad? Y no solo me acordé del tren, sino de quiénes estaban dentro de la casa; cómo se abrazaban, se daban la mano, se alentaban y solo esperaban, esperaban que pase el tren. Y así es mi nuevo entorno; ahí están conmigo solo esperando que pase, sin decir algo, solo están. Me abrazan, me dicen ya va a pasar, me recuerdan que respire, me hacen reír, me distraen y solo están aguantando conmigo hasta que pase el tren. ¿Ven qué importante es tener a GENTE SANA EN TU VIDA?

Anoche pensaba en una amiga que no la está pasando bien y me pregunté si ella tenía a alguien que le diera la mano cuando pase su tren. Espero que sí y si no, solo quiero que sepa que la entiendo y que aquí estoy, y en general a cualquiera que sienta que su día no está tan bueno, aquí hay alguien que los acompañará cuando pase el tren. Algunos demorarán 5 minutos, media hora... otros tal vez años, ¡pero ánimo! Porque va a pasar y todo va a estar bien. 

martes, 26 de mayo de 2020

Compra Calzones

Una de las cosas más importantes que he aprendido durante este aislamiento social ha sido el ahorro. Soy bien conocida por mi desmedido consumo de comida chatarra, entonces, claro, estos 2 meses sin delivery le han hecho muy bien a mi billetera.

Al principio fue difícil. Yo vivo sola alquilando un cuarto. Tengo las cosas básicas de la vida para sobrevivir pero no tengo una cocina, entonces desde el inicio fue súper complicado poder comer comida "normal". De lunes a viernes yo almorzaba en menú, en las noches comía cualquier cojudecita o salía a cenar. Fines de semana pues delivery obviaaaaaa, entonces ahora me encontraba en casa, sin poder salir, sin poder comprar lo que quería, con mi lata de atún y mi bolsa de fideos lista para hacerse en microondas. Fue difícil.

¡Pero el humano se amolda! Hasta panqueques he aprendido a hacer en un mini grill que canjeé con millas. Las recetas para cocinar en microondas son mis nuevas amigas. Mi refri cambió totalmente, ahora hasta fruta hay dentro. Bajé de peso, me desintoxiqué de tanta chatarra, empecé a tomar mis vitaminas de nuevo, todo bien, todo perfecto.

Ah, pero esa gracia divina duró unas semanas... después de tener que lavar 37 veces el mini grill al día para poder preparar otra cosa (¡que viene en el mismo plato!) ya estaba cansada y aburrida. Mis almuerzos empezaron a ser papitas con helado hasta que... ¡Comenzaron los deliveries de nuevo! Lógicamente me pedí una pizza, pollo a la brasa, pollo broaster, hamburguesa... Todo. Pero ahí vi mi billetera y dije OE KHÁ, NO. No puedo volver a gastar así, tengo que ser más consciente y cocinar en casa.

Entonces a la mañana siguiente me alisté para cocinarme y me di con la sorpresa de que se me había vencido muchas cosas. Abrí la refri y me golpeó el olor a pollo muerto. ¡Fuck el pollo que compré! A la mierda la media pechuga que había sacado del freezer para hacer sanguchitos. Un paquete de chorizo parrillero, vencido. El pan, vencido. Lata de choclitos dulces, vencida. Puta madre, Fátima... ¿Por qué eres así?

Claro pues, la floja de mierda, primero habla del ahorro, de no desperdiciar, de la billetera gordita pero deja tirada la comida... ¡por floja! Estaba asada... Asada y hambrienta, qué horrible combinación. Terminé comiendo fideos con ají y tomando manzanilla (en mi copa rosada de gin porque la taza no la lavé, por floja de mierda).

Y aquí viene un twist interesante en esta historia... Subí este mismo relato a mis historias de Instagram, cerrando el episodio contando que al día siguiente iría a comprar y que sería mucho más responsable, junto al botón de pregunta: ¿Qué no me puede faltar en mi shopping responsable? Cualquiera pensaría que las respuestas serían tipo mantequilla, atún, arroz, fruta, pan... en fin. Pero hubo una respuesta que simplemente me cagó y me sacó totalmente de cuadro: compra CAL ZO NES. ¿A quién mierdaaaaaa se le ocurriría comprar calzones como insumo principal de consumo ante una pandemia? 

Mi sobrina, Alejandra "Pelu" Yataco, a puertas de los 23 años, es mi gran compinche. Me celebra todas las cojudeces, comparte mis historias, participa en todo lo que hago y es mi gran fan. Es una chica cool, cague de risa, muy noble e inteligente... un poco leeeeeeenta a veces... pero más que lentitud, tiene una habilidad para crear lógicas irrazonables.

Nota mental: lógica irrazonable = compra calzones en pandemia

¡Hasta lo del papel higiénico lo podría entender! ¿Pero calzones? Luego me puso compra chompitas... Yo seguía anonadada mirando la pantalla y tratando de entender. Luego volvió a escribir -emocionadísima- tía compra joggers para que estés cómoda. Entonces hice la pregunta... QUÉ CHUCHA HABLAS. Y me puso bueno no sé, es esencial en la vida, ¿no? 

Hoy me levanté temprano y como nunca se me antojó un cafecillo con mi pucho. Me puse a pensar en esa huevada y a reírme. Me dio mucha nostalgia porque creo que lo primero que hubiera ocurrido es que, al llegar el domingo familiar, al momento de estar listos para almorzar un chifaza, yo habría contado esta historia a mi familia.

Mi papá, a la cabeza de la mesa, se hubiera atorado de risa pero también hubiera sido el primero en defender lo indefendible. ¡Nadie puede vivir sin calzones. Mi Pelu dio una brillante respuesta! Mi hermano Christian hubiera gritado ¡Andá! Y luego hubiera recordado alguna otra historia para seguir con el bullying. Dinka, mi cuñada blanquita, estaría llorando de risa pero tapándose la boca, como el emoji del monito. Mi mamá riéndose con toda libertad pero luego diciendo ya no la fastidien. Martín, su papá, le habría dicho ay, mija mejor almuerza nomás. Y todos, nos hubiéramos cagado más de la risa.

Cosas simples de la vida como un almuerzo familiar y bullying a la sobrina. ¿Cuánto se extraña, no? Hablo con mi familia todos los días, chismorreamos, nos mandamos memes, videollamamos y tratamos de siempre estar en contacto. Pero nada se puede comparar a estas grandes historias en el verdadero LIVE.

Y lo que más rescato de todo es que, quien se sopló todas mis historias de Instagram, una tras otra, se rió conmigo, fue parte de y se tomó la molestia de responder a mi pregunta recomendándome lo que -para ella- era esencial, fue mi gran fan. Mi sobrina Pelu. 

Recuerden, a veces el resultado final no importa, sino todo el cariño que hay detrás. ¡Feliz cumpleaños, hija hermosa! Esta historia es para ti. A penas podamos salir, te llevo a comprar calzones.

sábado, 28 de diciembre de 2019

AMOR

Hace unos días salí con mi papá; lo acompañé a hacer compras como siempre y luego nos sentamos en un cafecito por un postre. Honestamente, él y yo nunca hemos conversado de nuestras cosas íntimas, tal vez en algún momento, algo por ahí, muy superficial salió, pero es totalmente diferente a hablar con tu mamá, no sé. Pero me sorprendió que se pusiera a hablar conmigo sobre el corazón; mi corazón.

"Morena, tú tienes un corazón muy caliente. Deberías enfriarlo un poco. No que se congele, pero que esté fresco". ¡Ooooookkkkkk! Mi padre es un hombre extremadamente inteligente, pero no tan hábil para expresar sus emociones y dar consejos... Sin embargo me hizo reír y en el fondo, a su modo, tenía razón. Debo ser más calmada, más serena, menos pasional y un poco más racional. Después de un chocolate caliente, un mixto completo y un pastel de alcachofa, me dijo: "es que todo lo haces por amor". Y sí, siempre ha sido así.

Desde niña, siempre hice cosas por amor, pero por amor a los demás. Si mis hermanos me pedían algo, que de repente yo no estaba de acuerdo o no era lo mío, igual lo hacía solo por amor a ellos, solo porque ellos querían. Estudié Ingeniería Informática porque mi papá es ingeniero y por amor a él lo hice. Nunca me gustó mi carrera, la dejé.

Años después conocí a un chico y fue por él que empecé a estudiar comunicaciones y lo he contado en alguna de mis aventuras. Por amor a Brian fue que renuncié a mi trabajo, empecé a trabajar con él en producción y él me motivó a estudiar esa carrera. Lo maravilloso fue que la elección fue la correcta y amo con locura lo que hago. Pero, ¿ven? Nuevamente haciendo algo por amor a alguien.

He tenido muchos trabajos, he probado muchas cosas y siempre por alguien más, porque alguien más me lo pidió, porque alguien "me necesitaba" o por lo que sea externo, siempre ajeno a mi propio corazón. Saber decir NO es demasiado difícil para mí, porque, al final, ¿quién no quiere hacer algo y sentirse amado o sentir que su sacrificio de amor es lo que el mundo necesita? Algunos dirán que es altruista, otros dirán que es completamente estúpido.

Con mi ex mi amor llegó a puntos extremos... puse todo primero; cada necesidad, cada problema, cada cosa minúscula que parecía no tener solución. Yo lo solucionaba con "mi amor". Irónicamente algo que siempre él decía era "deberías ponerte a ti primero, si tú no estás bien, nadie va a estar bien". 

Este año ha sido extremadamente difícil, porque me di cuenta de algo importantísimo: me faltaba amor, a mí misma. ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo empiezo a quererme?

Mi trabajo actual es una de las cosas que más me gusta hacer, pero siempre me estuve cuestionando si era lo mío... Y cuando ese cuestionamiento comenzó a comerme por dentro, me cambiaron de área y conocí gente increíble. Fue como si todo empezara a acomodarse. Y ahí aprendí algo muy importante: empieza por elegir bien quién te rodea.

Dejé esa postura estúpida de no hablar con la gente, maté mi miedo a conocer nuevas personas, empecé a escucharlas. De pronto les caía bien, de pronto me empecé a sentir aceptada, empezaba a reírme, a disfrutar cada día de ir a trabajar. ¡Me ascendieron! Y cuando eso pasó me acuerdo que lloré horrible en el baño abrazada de una amiga porque sentía que estaba en el momento correcto de mi vida. Amo mi trabajo y cada cosita que hago ahí porque me hace bien, porque es PARA MÍ. 

Empecé a eliminar cada relación tóxica de mi vida; amigos, familiares, conocidos, parejas. Puta madre depuré todo porque entendí que yo no necesito eso, que mi corazón no necesita "acciones de una sola vía". Hice nuevos amigos, que me decían todo el tiempo "valórate, quiérete, así estás bien, mejora por ti no por los demás". Y de pronto una mañana me miré al espejo y dije mieeeeeeerda... tú misma eres el amor más grande que necesitas. 

Este año me enseñó a soltar, a cerrar ciclos, círculos tóxicos. Me enseñó que es mejor tener nada a tener a medias y mal pagado. Y es increíble cómo todo se acomoda, cómo el mundo te dice "¿ya ves, huevoncita?" Es la primera vez en mis 36 años que puedo decir que soy feliz, ¡puta madre por mí misma! Puedo decir que tengo a las personas correctas en mi vida, puedo darme el lujo de decir "no te quiero en mi vida", puedo sentirme tranquila.

Hay días malos todavía, claro que sí. Hay días en donde no quiero levantarme, pero ahí están mis amigos caminando conmigo, ahí está siempre mi familia que me da tranquilidad, esos ojos verdes que me iluminan la vida, ahí está el sabio consejo de mi papá... 

No voy a decir lárgate, 2019. Sino gracias, 2019. Por enseñarme el amor más bonito; el amor propio. Ahora al 2020 le toca enseñarme a tener un corazón, un poquito más fresco... 

miércoles, 10 de julio de 2019

Llegó la hora de la confesión


A todos alguna vez nos han pedido ser padrino/madrina de alguien; ya sea un sobrino o el hijo de un amigo cercano. Hace 15 años mi hermana Gissella me pidió que sea la madrina de bautizo de su hijo Ryan y obviamente yo acepté más que feliz. Ellos viven en EE.UU y yo había viajado para acompañarla durante el embarazo, ver nacer a mi sobrino y quedarme dos meses hasta el momento del bautizo. Creo que el día en que nació fue uno de los más felices de mi vida, un momento que, ahora a mis 36 años, me doy cuenta que me cambió por completo y marcó un quiebre muy importante en mí.

Cuando aceptamos ser padrinos, ¿honestamente aceptamos toda la responsabilidad que esto conlleva? Es decir, muchas veces la gente bautiza a su hijo "porque es la costumbre, porque tiene que tener padrinos o incluso los bautizan ya grandotes porque se les pasó". Los padres no necesariamente son creyentes o practicantes, lo hacen porque se hace y luego hay una fiesta y hasta a veces el bautizo termina en unos cuantos joncas con todos los vecinos, ¿o no? #NoMientas. Luego el crío crece y, si no es un familiar directo, la conexión se pierde y se limita a enviar un regalo por el cumpleaños y con suerte por Navidad. Pero, ¿realmente eso es ser un padrino?

Hace unos meses mi hermana me escribió para pedirme que viaje para la confirmación de Ryan, esto es un sacramento en la religión católica en donde el ahijado confirma su fe en el catolicismo, donde mi hermano Christian sería su “Padrino de Confirmación”. Con la emoción del viaje y la celebración, hice todos mis trámites y en 1 semana ya estaba más que preparada para pasear, comprar y tragar rico.

Apenas me recogieron del aeropuerto nos fuimos de paseo a un resort en la playa bravazo. Mi prima que vive en Nueva Jersey también viajó con su mamá así que éramos EL MANCHÓN en un mini depa del hotel con vista al mar. Una chelita por aquí, un puchito por allá, risas y más risas. Justo coincidió con el feriado de Semana Santa entonces en la mañana del primer día salí con mi hermana a pasear por el malecón y a conversar de la vida...

¿Hermana, te llegaste a confesar antes de viajar? Ehhhh, no tenía idea de por qué la pregunta pero la respuesta era simple: NO. Mi última confesión fue hace pffff más de 20 años, creo que cuando fue mi confirmación. ¡Es más! Ni siquiera para el bautizo de Ryan nos dimos cuenta de ese punto. Bueno, la siguiente semana es la confirmación de Ryan  y siendo su madrina obvio tienes que comulgar y para eso tienes q estar confesada. Además, este domingo es Pascua de Resurección e iremos todos a misa en familia.

Yo soy creyente, sí, totalmente pero no muy practicante de mi religión. Estoy en desacuerdo con algunas prácticas de la iglesia, sí, también. No voy mucho a misa ni soy partícipe de sus eventos. Que creo en Dios, la Virgen y mi fe en general, pues sí. Pero cuando me dijo que tenía que confesarme... mmmm, no fue algo que me agradara.

Al día siguiente mi cuñado se levantó temprano y me dijo que me llevaría a la iglesia. Chino, ¿de verdad vamos a ir a la iglesia o iremos a Mc Donald's? Él me miró, se mató de risa y me dijo las dos cosas y primero me llevó a la iglesia, que justo estaba cerrada y no atendía confesiones por el día festivo. Yo pensé ¡uffff me salvé! Pero no.

El domingo de pascua fuimos todos a misa en una iglesia cercana al resort. La típica iglesia de pueblo que ves en las películas, donde todos son gringuitos y blanquitos, gente mayor y los turistas como nosotros; las niñas con vestido de flores y su chompita, los niños con camisa y pantalón, las madres en vestido arregladas y los padres impecables como cabeza de hogar. Todos se conocen, todos se saludan y el padre los recibe en la puerta. Hay un coro, todos saben las canciones y no queda espacio para nadie, la iglesia reventaba.

Cuando llegó la hora de la eucaristía, de manera ordenada se iban levantando uno por uno en filas, para no crear caos. Yo estaba bien sentada pues, ¡no podía comulgar porque no estaba confesada! Así que con mis ojotes latinos miraba atenta a los demás a ver quién más se quedaría sentado.

Ni una puta alma se quedó. Todos, literalmente todos, se levantaron a comulgar. Hasta ahí me sentía incómoda porque era algo bien notorio, o sea, todos de pie menos la gordita latina. Resultó que Pascua de Resurrección era un día sumamente importante y yo ahí sentadota. Mi hermana me miró y pasó de largo, mi hermano se mataba de risa, mi prima igual... Cuando pasó Ryan me miró con cara de indignación ¡¿Tía, no te confesaste?! -No, estaba cerrada la iglesia. Y moviendo la cabeza en sentido de negación siguió adelante. Creo que nunca me había sentido tan avergonzada, no por la gente, sino porque sentí que lo había decepcionado.

Cuando volvimos a la casa, lo primero que él hizo fue darme su libro de confesiones para que aprenda lo que tenía que hacer. Yo sentía demasiada presión porque tenía que hacer algo que yo no quería y no había alternativa: lo tenía que hacer. Una mañana mi hermana me recogió y me llevó a su iglesia (ahí sí había más gorditas latinas, ja). Llegamos y había una larga fila de "pecadores" esperando para entrar. Me senté y esperé.

En ese momento algo pasó; yo empecé a sentirme mal. Me dolía la cabeza, me sentía mareada y me dio taquicardia. En otras palabras me dio un ataque de ansiedad y no entendía por qué. Más pasaba el tiempo yo peor me ponía, los pecadores se iban y mi turno se acercaba, peor se me aceleraba el corazón. La puerta se abrió y era mi turno.

No tengo idea de cómo hacer esto, padre. Yo fui sincera, le dije que era porque se venía la confirmación de mi sobrino y yo tenía que estar ahí y comulgar, pero que yo sentía cierta desconexión con Dios por algunas cosas que me había pasado en el último año. Dije algunas cosas más y luego el padre me dijo algo muy importante; que si yo hacía esto por mi sobrino, entonces tenía que hacerlo todo de corazón y honestamente, porque para él era importante, era importante que yo participe de su confirmación, de los rezos en casa, de la comunión, de ir a misa. No era una cosa que me imponían, sino que esto era parte de su vida y yo, al ser su madrina, debía darle el ejemplo porque él sí es un miembro activo de la iglesia. 

Qué fuertes palabrastú eres su ejemplo. Él te admira y tú tienes que guiarlo. ¿Ese no es, al final, el rol de un padrino/madrina? ¡El verdadero rol! Entonces me di cuenta el papel tan importante que yo jugaba en su vida, en su desarrollo católico. De repente en mi vida diaria no soy practicante pero en ese momento, había alguien que necesitaba que yo lo sea, y por él, todo.

Entonces, mi confesión debía ser auténtica y honesta. Pobre padre, se le deben haber quemado los oídos de escuchar mi gran lista de pecadillos... ¡hasta lloré! Y creo que también me sirvió para botar esas cosas que a nadie le cuentas y las tienes ahí jodiéndote la vida. Cuando salí tuve que rezar lo que me indicó el padre y luego nos fuimos. Mi hermana me preguntó qué tal y yo solo dije tienes que alimentarme porque estoy débil, me acaban de sacar al diablo. Y las dos nos cagamos de risa y solo me dijo recuerda que quien te confiesa es Dios y él te perdona todo.

En la confirmación ahí estuvimos todos como familia, en la misa, comulgando juntos en gracia, ¡inclusive YO!  Y luego celebrando en un almuerzo bonito. Mi Ryan me regaló varias cositas y entre ellas estaba un llavero de San Benedicto, el santo a quien él admira y lo llevo conmigo siempre. 

¿A qué voy con todo esto? A que realmente aceptemos todas las responsabilidades que conlleva ser el padrino de alguien, y no solo eso, sino el rol que tenemos los tíos en las vidas de los chicos. No estamos para malcriar, ¡al contrario! Estamos para dar soporte a los padres, para estar ahí con ellos en todos sus momentos, no solo en la diversión porque claro, nosotros no vivimos con ellos, no somos "los padres" pero también podemos educar, también podemos corregir y podemos guiar. 

Tal vez no me he vuelto Santa Fátima, pero creo que sí crecí interiormente en este viaje. Más allá de la diversión y de comer en todos los restaurantes de Virginia, me quedo con esto: tratar de hacer mejor las cosas. Así seguiré siendo su modelo, y él también, con sus actos, ha pasado a ser mi gran inspiración de fe y eso, no lo cambio por nada. 

viernes, 28 de junio de 2019

Amor es amor

Yo ya tenía mis sospechas pero siempre he creído que lo mejor es no asumir y esperar la confirmación. Así que eso hice. Esperé y esperé y seguí esperando hasta que una buena mañana el mensaje llegó. ¡Hola! ¿Te parece si nos juntamos para almorzar? Quiero conversar contigo de algo.

Brian y yo nos conocimos hace muchos años por medio de una amiga y desde el primer instante nos hicimos grandes amigos. Es una de las personas más buenas y sensibles que conozco, además de botar creatividad por donde camine. A veces nos veíamos y me robaba un beso, a veces yo le robaba más, pero nunca tuvimos algo serio. La verdad, es que nunca supimos por qué. 

Después de un par de años de besos esporádicos, cuando yo tenía 23, me llamó para vernos. Salimos, nos besamos y al día siguiente nos volvimos a ver, nos volvimos a besar, me fui, me llamó, regresé y los besos continuaron... Empezamos a salir y así, sin querer queriendo, nos enamoramos. 

Estábamos literal todo el día juntos, además, ¡trabajábamos juntos! Me jaló con él para ayudarle en producción y yo pasaba a recogerlo a las 6 a.m. y lo dejaba en su casa a las 11 p.m., así todos los días. Éramos compañeros de aventuras, cómplices, socios, partners in crime y enamorados. ¡Teniendo en cuenta que es chu-rrí-si-mo! Hermoso, todo era hermoso y perfecto.

La magia duró poco, pero la amistad siempre fue lo primero... además, ¡había amor! Ya no estábamos pero yo sentía que lo amaba y que él también lo hacía. Simplemente ya no estábamos enamorados. Difícil de explicar, difícil de entender, pero creo que ese es el verdadero significado del amor.

Entonces, volviendo a esa buena mañana... acepté la invitación para almorzar, me arreglé y fui directo a nuestra cita. Los dos, ya en nuestros 30. Nos encontramos, pedimos la comida, hicimos un breve update de nuestras vidas y luego tomando un gran respiro me lo dijo... Fátima, soy gay. Tengo un novio, vivimos juntos, tú lo conoces... Seguro ya te habías dado cuenta, pero quería ser yo el que te lo dijera de frente...

...no quiero que pienses en que te mentí, en que fuiste una pantalla. Tú fuiste mi última enamorada y de corazón, de verdad, no quiero que pienses que te engañé o te usé o lo que fuese. Yo me enamoré de ti y te amo hasta ahora. Eres una de mis mejores amigas, eres mi familia y antes de que la gente hable o se empiece a decir cosas, mejor quería decírtelo y que no guardes ningún rencor.

Yo sonreí, lo tomé de las manos y le dije ya lo sabía, Facebook me lo contó. Los dos nos matamos de la risa y nos miramos de la misma forma de siempre: como cómplices, socios, partners in crime. Y luego lo único que quería saber era toda la historia de amor entre esos dos.

Él seguía siendo el mismo, ¡eso nunca cambió! Simplemente ahora él había encontrado el amor de pareja en otra persona. Y lo que yo valoré en ese momento fue que siempre me tuvo en mente, siempre tuvo esa consideración para conmigo. Hay que ser valiente para enfrentarte a algo.

Cuando cuento esto mucha gente me pregunta ¿no te da pena? ¿Pena? ¿Por qué? ¿Por qué me daría pena la felicidad de alguien que quiero? Si él estuviera con otra mujer "me tendría que dar cólera" pero como está con otro hombre "me tendría que dar pena". O me dicen ¿y cuando se ven se pintan las uñas UNA A LA OTRA? Acá la verdadera pregunta es ¿por qué la gente es tan cojuda?

El amor, es simplemente eso, AMOR. Yo lo amo con todo mi corazón porque es una persona maravillosa y él me ama también por quien soy. Y mi amor y apoyo será siempre incondicional. Eso, al final, es lo único que cuenta. ❤ 

jueves, 11 de abril de 2019

Hace 2 meses y 10 días...



¿Alguna vez han llorado en un taxi de regreso a casa? ¿Con los audífonos puestos escuchando música deprimente y texteando a su mejor amiga? Eso me pasó hace unos días, pero debo decir que esta no es una historia triste aunque haya tenido algunas lágrimas de por medio...

Es de conocimiento público que el año pasado terminé una relación larga, entonces después de mucho tiempo de negar, aceptar y superar, decidí empezar a salir con alguien. Esta historia tiene dos partes: una que comenzó en fecha supersticiosa, 11/11 y la otra en plena noche de verano hace 2 meses, 10 días y supongo que 8 horas con 10 minutos... 

No quiero tener una relación. De arranque eso fue lo primero que se dijo, siempre hay que poner las reglas del juego desde el inicio para saber en qué te estás metiendo y, como yo tampoco quería formalizar ni nada, entonces parecía el plan perfecto. Era todo lo que yo extrañaba: iba a mi casa, me tomaba de la mano, me abrazaba en la calle, se tomaba fotos conmigo, las posteaba, le hablaba de mí a sus amigos y no había día en que no me escribiera. ¿No era eso una relación? Me esperaba en la puerta de la oficina con su saco, corbata y lentes oscuros recostado sobre la baranda con las manos dentro de los bolsillos y las piernas cruzadas. Era todo un Marck Darcy. Y yo disfrutaba cada segundo de maquillarme y arreglarme para bajar y encontrarlo ahí en esas escaleras, acercarme, dejar que me mire, verlo sonreír, que me abrace y me bese. Uffff... ¡era el plan perfecto! ¿A quién no le gusta sentirse así?

Pero, ¿saben qué fue lo particular de esto? Nunca me enamoré. Obviamente había cariño, nos preocupábamos por el otro, nos cuidábamos, estábamos pendientes de nuestras familias, nuestros avances laborales, nuestras metas, planes personales, planes juntos... Pero no me enamoré. Y cuando las cosas se pusieron tensas y terminamos yo no entendía por qué lloraba tanto, total, ¡no estaba enamorada! Y ahí me di cuenta que lo que realmente me dolía era quedarme sola. Y así fue como Mr. Darcy desapareció del mapa y yo volví al ruedo de las citas.

Entonces llegamos a esa noche de verano, hace 2 meses, 10 días y supongo que 8 horas con 30 minutos... Cuando el patita que choteaste antes te vuelve a escribir y te invita a salir y tú dices BUEEEE. Un chico completamente diferente a Mr. Darcy; más relajado, con shorts, polo y sandalias. Con una chela en la mano y siempre con una opinión lista para soltar. Escritor, político, intenso y hasta a veces súper antipático sacándome de mis casillas y llevándome a puntos extremos. Yo, honestamente, no entendía qué hacía camino a su casa.

Llegué, subimos al techo de su hogar donde tiene una terraza, me prendí un pucho y me senté a ver el cielo, el cerro y las casas a lo lejos. Una chela, dos chelas, tres chelas. Dos puchos, tres puchos, cuatro puchos... y de pronto algo gracioso, algo más gracioso, muchas risas, muchas carcajadas. Es increíble cuando tienes alguien con quien conversar de cosas profundas, alguien que te reta a debatir, a explicar tus pensamientos, a escuchar los de otros, compartir ideas sobre música, videos, libros... yo sentía que estaba en otro nivel de complicidad. Yo estaba riéndome de nuevo y la estaba pasando genial. 

A la tercera salida llegó el mismo enunciado: No quiero tener una relación. Ok, yo sigo en el mismo punto donde tampoco quiero una, solo quiero salir y divertirme. Todo claro entonces. Pero ahí llega ese maldito momento donde uno de los dos empieza a creer que lo que hay es mucho más de lo que se propuso y piensas: De repente está cambiando por mí. Tal vez cuando empezamos no quería, pero ahora sí. Me dijo que me extraña, creo que yo también. ¡Y cómo no hacerlo! Cuando se dejaba agarrar la mano, cuando se acurrucaba conmigo, cuando me miraba fijamente, cuando me decía princesa o me daba una nalgada cuando me veía pasar (no se hagan los santos, bien que les encanta que les hagan eso, par favar).

Uno no dice de quién se va a enamorar y siendo sinceros, yo no pensé que después de mi relación larga podía comenzar algo así, o empezar a sentir algo. ¡Algo, lo que sea por alguien! Te das cuenta que otra vez vuelves a sentir cuando de pronto te invade una alegría extrema cuando te escribe y al mismo tiempo te sientes súper triste cuando no se pueden ver. Esos momentos cuando estábamos solos y nos sentíamos libres porque nadie nos veía y no podía quitarle las manos de encima, quería tocarlo todo el tiempo. Darte cuenta de que puedes sentir de nuevo ASUSTA. 

¿Por qué entonces me fui a mi casa llorando en un taxi? Porque la última vez que fui a su techo a escuchar música, ver videos y tomar una chela, hice la pregunta que tanto miedo tenía: ¿sientes lo mismo que yo? ¿Esto es mutuo o soy una estúpida por creer algo que no había? Y bueno, creo que ya saben cuál fue la respuesta.

Hubo lágrimas, sí, pena, sí, me sentía una estúpida, sí... ¿Pero saben qué? Ahora sé que puedo comenzar de nuevo, sé que ya no tengo miedo de conocer nuevas personas, de salir, de arriesgarme. Sé que no estoy muerta por dentro jajajaja que no me dejaron cagada -bueno, un poco- ¡pero me puedo enamorar otra vez! ¿Esa no es, al final, la lección más valiosa? 

Y por otro lado aprendí también cuándo es momento de dar un paso al costado. En ambas historias, cuando algo no es, NO ES. ¡ENTIÉNDELO POR LA PTM! No nos quedemos ahí solo porque nos sentimos solos, solo porque tenemos un poco de atención, un poco de cariño. No digamos "esto es mejor a nada". Y eso viene con aprender a quererse y valorarse. Yo nunca me valoré, siempre puse a los demás primero, siempre acepté cualquier condición con tal de no perder y al final terminaba perdiendo lo más importante: A MÍ. Y con esta nueva etapa eso se acabó y me siento orgullosa de mí. 

Así que, más allá de la choteada y las horas que me he sentido bajoneada comiendo azúcares, solo me queda decirle gracias por estos 2 meses, 10 días y supongo que 8 horas con 45 minutos... por abrirse conmigo, por haberme acompañado, por hacerme dar cuenta que yo valgo más, por lograr que por primera vez yo me de mi lugar, por hacerme entender cuándo es momento de irse. Pero sobre todo, por haberme hecho reír de nuevo -muchísimo- y hacerme sentir amor. 

Este post es para ti, escritor loco. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El Cebiche del triunfo




¿Les ha pasado que cuando terminan una relación les cuesta mucho hacer las cosas que hacían juntos? (Y entiéndase una relación a cualquier tipo de relación, no solo amorosa). Intentan, prueban hacerlo, tratan de participar, pero es simplemente demasiado doloroso...

De repente sonará absurdo o ustedes pensarán que soy una huevonaza, pero cuando se acabó mi última relación estuve casi 5 meses sin poder comer pastas... ¡Yo sin comer, pues! Pero es que me era demasiado difícil. Tenía hambre -obviamente que sí- pero al ver la comida lo único que mi cerebro hacía era recordarme cuando él lo cocinaba para mí, cuando yo lo cocinaba para él, cuando tomábamos fotos a los platos para la web, cuando lo visitaba en el restaurante y llevaba a mis amigos y me sentía orgullosa de su comida. Un plato de pasta (o varios platos) simbolizaban lo bonito de una relación, pero lamentablemente también simbolizaban la ruptura más horrorosa que he pasado. Así que, la pasta estaba prohibida en mi vida.

Pero no solo eso... ustedes saben que yo amo cocinar, que aprendí a disfrutarlo y luego me volví muy buena y me aprendí los videos de Tasty y tengo mi cuaderno cuadriculado de colores en espiral lleno de recetas escritas a mano, como toda una señora y que está manchado obviamente pero no lo puedo descartar. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a seguir teniendo ganas de cocinar? Cocinar también era el sinónimo de muchos recuerdos y era aún más difícil porque mis skills mejoraron con sus indicaciones y me hacía acordar cuando yo preparaba cosas nuevas y luego las publicaba en su web. Cocinar también estaba prohibido en mi vida.

¿Cuándo entonces es el momento en que uno AVANZA? Al principio me mataba pensando cuándo, cuándo, cuándo, cuándo... y desgastaba mi energía, mis pensamientos en obligarme a superar las cosas o simplemente las evitaba y me hacía como que no pasaba nada y luego cuando me encontraba cara a cara con las situaciones que me eran difíciles me quebraba por completo. ¿Cuándo entonces superas? ¿Cuándo es que un día simplemente ya pasaste la página? ¿Cuándo sonríes de nuevo?

La respuesta es simple: cuando TÚ decides ponerle el pare. Mi breakup fue atípico -como toda mi relación- yo no tuve un cierre, no tuve explicaciones, no tuve nada, me quedé en el aire entonces eso también dificultó las cosas... hasta que un buen día, después de llorar y llorar y odiar al mundo y caerme y quedarme en el fondo, decidí avanzar. Así que yo misma puse el fin y decidí que era tiempo de empezar de nuevo.

Empezar de nuevo... ¿Qué flojera, no? Hacer tooooodo de nuevo... encima que soy una bestia para las citas. ¡Qué flojera! ¡¡Pero lo más importante era volver a comer!!

Una noche, en un matrimonio estábamos celebrando y siendo felices -con mucho alcohol- y a la hora de la cena me senté a comer con mis amigos y a la mitad del plato me di cuenta que estaba comiendo lasagna... pero no solo eso, la estaba disfrutando. No me dio pena, no me dio tristeza, no lo asocié a nada. Era simplemente una lasagna buenaza. ¡Salud por eso vamos por otro plato!

Luego vinieron los tallarines saltados, los rojos y los ravioles... ¡vino la pizza! LA PIZZAAAAAAA. Empecé a salir, a disfrutar de las cosas, dejé de llorar... empecé a sonreír, amigos. Pero admito que aún tenía miedo de meterme a la cocina y enfrentarme a los recuerdos más grandes.

Cómo son las cosas que ayer, martes 27 de noviembre, me invitaron a un evento de Twitter llamado #LaCocinaDeTwitter, en un restaurante. Yo pensé que solo nos iban a contar las novedades y luego nos alimentarían, ¡pero no! Resulta que teníamos que cocinar.

Así que tenía dos opciones:
A) Decir que no podía asistir y perderme una gran oportunidad de aprendizaje digital y no enfrentar mi miedo.
B) Agarrarme bien los huevos, enfrentarme al cambio y SUPERAR.

¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que me ponga a llorar en plena reunión? ¿Que salga corriendo y me regrese a mi casa a lamentarme? ¿Que me salga horrible? ¡Qué chucha pues, QUÉ CHUCHA! La opción B fue la ganadora y fui.

Ponerse el mandil, los guantes, escuchar la charla del chef, agarrar el cuchillo y empezar a cortar el pescado para el Cebiche... ¡Qué difícil concha de su madre! Lo único que tenía en la cabeza mientras iba preparando era su cara diciéndome lo que tenía que hacer... pero luego respiré hondo, me concentré en lo que tenía que hacer y todo eso que me estaba bloqueando desapareció. Me empecé a afanar con la sal, la pimienta, mover, mover, mover, limón, mover, ají, mover, ¡no dejar que se recocine! Mover, mover, leche de tigre, cebolla, más ají y mover... Agarrar el plato, poner la lechuguita, el choclito, colocar el camote, poner mi preparación, limpiar los bordes, presentarlo y decir LO HICE.

Mi Cebiche fue un éxito, tuve la aprobación del chef, a mí me gustó, a mis amigos les gustó, pero lo más importante es que lo hice. Yo lo hice. Yo tomé la decisión y lo hice. Pero sobre todo, amigos, me tomé mi tiempo.

Comenzar de nuevo es difícil, da mucho miedo, el no saber qué va a pasar es aterrador, pero si no lo hacemos, nunca sabremos las cosas grandes que están por llegar, no disfrutaremos las cosas bonitas que están ahí esperándote, ¡listas para ti! Así que, si estás pasando por lo mismo, tómate tu tiempo y cuando te sientas lista, agárrate los huevos, respira hondo y lánzate a la aventura. Que un Cebiche del triunfo te estará esperando.