viernes, 10 de mayo de 2024

¿Mamá? Sí, mamá.


Yo sé que no es lo mismo y que no hay punto de comparación. Sin embargo...

Estamos juntos desde los 2 meses de nacido. Te enseñé dónde orinar, dónde hacer tu caca, a qué hora se come, a qué hora se duerme. Que con otros perritos no se pelea, que a las personas se les trata con amor y que a la abuela no le gustaba que le robes sus madejas de lana. 

Comenzamos con comidas blandas, luego las croquetas... conociste el "pollito" y todas las cosas ricas que siempre te invitaba. 

Hicimos viajes juntos en el carro, salimos de vacaciones, visitamos parques lindos, nos hospedamos en hoteles y desayunamos viendo el mar. 

Corría a casa después de trabajar para estar contigo. ¿Ya comió? ¿Salió a pasear? Siempre atenta de lo que necesitabas. Si no te podía cuidar te quedabas con tus abuelos o ya de grande con tu "niñera", pero siempre con alguien. 

Las noches desvelada cuidándote cuando te enfermabas. Sobándote la pancita, limpiándote cuando algo te caía mal, viendo tus medicinas. Correteándote para que tomes las pastillas y pases el jarabe. 

Celebramos todos tus cumpleaños; solos, en familia, con amigos... en reuniones pequeñitas con una torta hecha por mí o con tus amigos del parque con sorpresitas para todos. 

Me volví fiera cuando veía que alguien no te trataba bien o se burlaban de tus curvas caribeñas o tus males por la edad. A quien me decía "no debería estar en el mueble o en la cama" lo invitaba a retirarse de la casa, porque al final, esa era tu casa, tu mueble, tu cama. 

Mi ropa llena de pelitos y mi almohada oliendo a chizito... 

Me han dicho muchas veces "¿te vas porque el perro está solo en casa?" Y sí, porque a nadie le gusta quedarse solito, porque a nadie le gusta aguantarse la pila mucho menos la caca y porque simplemente estar contigo ha sido lo mejor que me ha pasado. 

Marmotear siempre fue nuestra actividad favorita. Dormir hasta tarde, ver películas comiendo papitas, a veces invitarte un poco de mi helado de vainilla. Jugar con tus peluches o al "torito" con los limpiadores rojos de la cocina. Dormir acurrucados sintiendo cómo suspiras cada que te beso en la frente o que me cucharees y te quedes privado en mi espalda. Despertar y ver tu carita de contento porque ya amaneció y podemos salir a pasear. 

Me he emocionado con cada cosa que hemos hecho juntos y no cambiaría estos 16 años por nada. 

Sé que no me durarás por mucho más tiempo, pero quiero que sepas, como dije al inicio, que aunque sé no hay punto de comparación, yo estoy más que agradecida de que me hayas elegido como tu MAMÁ. 

Te amo, Axel. Este domingo celebramos la felicidad que me has dado y que seguirá por mucho tiempo en mi corazón. Mi pequeño perrito con cuerpo de jabalí. Mi eterno compañero, mi hijo. 

Muchas gracias para Andrea Herrada por regalarme esta hermosa imagen. ¡Síganla en Instagram!

miércoles, 1 de noviembre de 2023

365 días

"Es muy engreída". "Es floja". "Es malcriada". "Es que le han dado todo". "Es que es malagradecida". "Es sucia, ella es así..." Y el peor de todos, "no sé a quién habrá salido, porque no somos así".

La moda de los últimos años han sido las afirmaciones; enseñarle a los niños desde muy pequeños a decir lo valiente que son, lo inteligentes que son, lo hermosos y valiosos que son. ¡Genial! Pero eso no hubo en 1983, cuando yo nací. 

Al parecer mi comportamiento tenía una explicación claaaaaara... era cuestión de elegir cualquiera de las opciones antes nombradas y, lo peor, es que me lo creí. Y crecí así, pensando que eso era y que no había más. Eso era; engreída, floja, malcriada, malagradecida, sucia... 

Una mañana... antes de llegar a mis 40 años, abrí los ojos y pensé ¿de qué sirve? Ya había pasado por varios psicólogos, estaba en terapia, sentía que me iba mejor o al menos que trataba de que fuese así. Pero no me daba el cuerpo, no me daba el alma. El 2022 me golpeó duro, más de lo que una persona puede tolerar al mismo tiempo, golpe tras golpe. Yo trataba realmente de levantarme pero mi cuerpo no daba, ya estaba cansado. Ese día tenía terapia en la noche. 

"Ya no sé qué más puedo hacer. Me esfuerzo, trato de hacer ejercicio, de comer sano, voy a todas mis sesiones de terapia, trato de hacer cosas diferentes... ¿por qué no funciona? a veces no me puedo levantar de la cama, a veces no puedo ni sacar al perro a pasear. No puedo recoger mi plato, mi vaso, no puedo lavarlos... los veo acumularse y me siento peor. Me siento sucia, floja, engreída..." 

Ese día, junto a mi psicóloga, decidimos que debía ver un psiquiatra porque realmente, REALMENTE YO HACÍA TODO!!!! y nada funcionaba. Me faltaba un empujón, algo que me de claridad y calma porque todo era tan abrumador. Llegué al punto de no soportar el ruido, la gente, no quería salir, me daban ataques de ansiedad en el taxi cuando iba a algún lugar que no sea lo conocido (mi oficina, mi casa, casa mis papás o mi enamorado), lloraba en el trabajo, a las 9 a.m., a las 3 p.m., a las 10 p.m. puta madre no había hora, cuando llegaba simplemente llegaba y yo ya no quería más. Fui al psiquiatra. 

Un doctor viejito me recibió, Claver Flores, y elegí mi cita con él porque Claver suena a "clever" (inteligente) y lo que necesitaba era un doctor clever JAJAJAJAJA. Tenía mucho miedo, tantas cosas que se escuchan sobre las medicinas antidepresivas, sobre todo la dependencia y los efectos secundarios. El viejito clever me hizo unas preguntas, con mucha paciencia y lentitud, apuntando todo en sus hojitas y luego escribiendo poco a poco en su computadora. Cuando terminé de hablar y él de escribir, solo me miró y dijo "trastorno crónico de ansiedad y depresión leve, vamos a solucionarlo juntos". Y al verme sonreír me dijo "seguro usted ya está cansada que le digan 'ponle ganas' 'no haces el esfuerzo, no te comprometes' 'tú puedes, eres fuerte' 'tienes que relajarte' y no pues, señorita Yataco, usted es fuerte pero no puede y eso está bien. Aquí lo vamos a superar juntos". 

Claver Flores ha sido uno de los ángeles que Dios puso en mi vida. En 30 minutos sentí que alguien entendía plenamente qué me pasaba y tenía la solución: escitalopram. Así comenzó mi viaje con los antidepresivos y decidí registrarlo todo. No sabía cuánto tiempo iba a tomar la medicina, no sabía qué iba a sentir, si iba a funcionar o no, era arriesgar y probar. Prueba y error o prueba y éxito. No saber también causa ansiedad csm. 

Empecé a grabar mi día a día en Tik Tok, cada síntoma cada cosa que sentía, los dolores de cabeza ASQUEROSOS que tenía, las náuseas, el sueño... el primer mes fue duro en cuestión de entender qué me pasaba... ¿y saben qué me pasaba? Me sentía NORMAL y no sabía qué era vivir así... normal, como la gente común y corriente. La pastilla le había bajado el volumen a todo pensamiento negativo, todo estaba bloqueado yo caminaba sintiendo nada malo, nada negativo. ¡Era raro! 

Los meses pasaban, me iba sintiendo mejor, mis amigos siempre conmigo, mi familia apoyándome desde su entendimiento y mejor esfuerzo, en mi trabajo el apoyo fue al 100... al poco tiempo me separé definitivamente de la peor pareja que he tenido y dije ya no más, ya no más Fátima por favor. Mi cabeza ahora estaba pensando, funcionaba, sentía la tristeza la pena la rabia de una separación asquerosa, pero sabía en el fondo que iba a estar bien y que era la mejor decisión... volví a hacer ejercicio, volví a limpiar mi casa, volví a cocinar. Empecé a salir, a hacer cosas nuevas, todavía con ansiedad ante lo desconocido pero algo, algo en mi cabeza ya no retenía, algo me decía que sí podía.

Ese algo, era mi yo sana, mi Fátima sana que tenía ganas de sentir sano, de vivir sano, de disfrutar plenamente. Me comprometí con mi tratamiento, nunca falté a mis terapias psicológicas, nunca dejé de tomar la medicina por más que tuviese días donde el sueño me mataba o donde me sentía como zombie del efecto secundario. Viejito clever me cambió la med para la noche y eso arregló bastante. 

Pasaron los meses, la dosis empezó a bajar. Ya no era 1 pastilla, ahora era media. Luego fue un día sí un día no y de pronto a veces me olvidaba hasta de tomarla de lo bien que me sentía. Empecé a conocer personas maravillosas que habían visto mis videos en Tik Tok y me escribían, conversábamos intercambiábamos experiencias, consejos. Me empecé a dar cuenta quiénes realmente eran mis amigos, con quién podía contar de verdad, personas que nunca esperé conecten conmigo, ahí estaban. La depresión me puede haber dado muchas cosas malas pero me ayudó a entender quién realmente era y porqué no era lo que me habían metido en la cabeza. Todo tenía una explicación, yo tenía un desbalance químico y eso no me dejaba pensar con claridad. 

Hasta que llegó el día de mi consulta con Claver clever, después de 2 meses con la dosis mínima. Estaba nerviosa, ya era un año en tratamiento y no sabía si tenía que seguir tomando la medicina, si ya estaba bien... Sentía que me iban a quitar las rueditas de mi bicicleta, ¿estaba lista para enfrentarme al mundo sola, sin medicina? 

Otra vez las preguntas, conversar un poco, el tipeo lento en la computadora y escribir en las hojitas con paciencia... Entonces, mi viejito clever, me dio de alta. Fueron exactamente 365 días de tratamiento y ya estaba bien. Ese día salí de la clínica "manejando sola mi bicicleta". Lloré en la puerta de felicidad. Hablé con mi mejor amiga, con mi papá, hice mi Tik Tok ajajajajaja mis historias de Instagram. Lo grité al mundo. Había triunfado. 

Ahora, cuando me miro al espejo, veo mis ojos distintos... No sé cómo explicarlo. Antes veía a una chica siempre sonriente pero con ojos tristes, luego con "ojos medicados"... pero ahora, mis ojos brillan y ese sentimiento inexplicable es grandioso, porque me veo y sé que estoy bien y que voy a estar bien. He aprendido a, primero, entender mis emociones. Si siento pena pues por qué la siento, qué lo ha causado, ¿puedo hacer algo para mejorarlo? ¿está en mis manos? He aprendido a respirar de verdad, a darme tiempo, a no lanzarme si no estoy lista, a poner mis límites, a decir esto no me gusta y no hacerlo. Aprendí que no estoy sola si estoy conmigo y estar conmigo es lindo. Y pude haberlo dicho antes en el pasado, pero ahora lo sé, ahora me lo creo. Así que ya no ando detrás de nadie mendigando amor. 

¿Valiente? Sí, muchísimo. Ya voy 1 mes sin medicina, sin recaídas, sin ataques de ansiedad, sintiendo tristeza por las cosas que dan tristeza pero sin hundirme, sino entendiéndola y dándome mucho amor y compasión. Hoy siento que sí sonrío de verdad. Sí se puede, amigos. Sí se puede. 

martes, 24 de enero de 2023

el 3 de enero

Esa noche, el 3 de enero del 2023, fue un claro ejemplo de esa frase que siempre te dicen cuando estás atravesando algo complicado... "vas a ver que en un año vas a recordar este día y te vas a reír y recordarás que ya todo quedó atrás". Y así fue. 

Retrocedamos en el tiempo solo por un momento para que recordemos juntos por última vez. La historia comenzó en realidad el 2 de enero del 2022, cuando Facebook me contaba que mi pareja, con quien acaba de celebrar 2 años de relación, tenía otra relación y de más duración que la nuestra. Cuento corto: yo era la otra. Decir que me rompí es quedarme corta de palabras, ilusiones innumerables evaporadas, planes truncos y un departamento para comenzar una historia en pareja, pero yo estaba sola. Un amigo llegó al rescate y se quedó toda la noche sin dormir acompañándome...

La mañana del 3 de enero fue... no consigo aún la palabra para describirla... tal vez, ¿MISERABLE? Ese día regresaba de unas largas vacaciones así que tenía que retomar el trabajo, pero cómo hacerlo, ¡no se podía! No había dormido ni comido, los ojos reventados, no dejaba de llorar, ataques de ansiedad cada hora...  Y eso me hace filosofar sobre que siempre pienso que la frase "gracias a Dios pasó tal cosa" es incorrecta, porque creo que uno consigue las cosas gracias a que hace algo para conseguirlo. Entonces, para mí, la forma correcta de pensar es que, claro yo hago algo, pero Dios pone a las personas correctas en tu vida para que, con tus actos, logres lo que quieres. Y así fue, porque en ese momento mi compañeros de trabajo se volvieron parte de mi salvación; se repartieron mis pendientes, me ofrecieron su tiempo para conversar, me visitaron... Mi jefecito solo me dijo por teléfono desconéctate, olvídate del trabajo, cuida de ti y si necesitas que vayamos cuando ese huevón saque sus cosas, ahí estaremos. (Sí, gracias Diosito). 

Para el segundo turno de cuidados llegaron mi sobrina Alejandra y mi mejor amiga Evelyn, prácticamente a sacarme de la cama, alimentarme y ordenar mi casa que era un caos. Esto parecía un velorio, ¿saben? Cada que alguien llegaba me abrazaba y me decía lo siento mucho. Ellas me escucharon por horas y me acompañaron a esperar que llegara el susodicho que, para esto, no tenía ni idea de que yo ya me había enterado porque no me contestaba el celular y solo por mensajes dijo que iba en la noche a la casa. ¿Se imaginan cómo fue esa espera? Y como la espera desespera... ahí salió la frase de Evelyn: "vas a ver que en un año vas a recordar este día y te vas a reír y recordarás que ya todo quedó atrás"... Y yo lloraba y le decía que no, que cómo, que era imposible...

Los voy a dejar con el suspenso de qué pasó después, pero para hacer el cuento más corto aún, a la semana me enteré que había una TERCERA PERSONA y bueno, lo dejo ahí no más.

Regresemos al martes 3 de enero del 2023, hace exactamente 3 semanas... "¿Te digo algo? Me gustas mucho"... ¡GRACIAS, DIOSITO! JAJAJAJAJAJAJA Ese día tuve una conversación muy reveladora, madura y decisiva. Desde ese día, que parece hace tan poco, cambiaron muchas cosas para bien; empecé a entender sentimientos nuevos, sensaciones distintas, bonitas... sinceras... 

Cuando nos despedimos y cerré la puerta, floté hasta mi cama y me dejé caer con la sonrisa más gigante que había expresado en mucho tiempo y mientras recordaba ese primer besito inocente, entré a WhatsApp para contarle todo a Evelyn -OBVIAMENTE- y lo primero que dije fue Amiga, tenías razón. Esta vez, mi año comenzó con el corazón en calma y listo para acelerarse. Gracias, Diosito. 

viernes, 15 de abril de 2022

14.02.2022

Hace 2 meses y 1 día lo conocí. Llevábamos algunos días wasapeando y en más de una oportunidad, se puso sobre la mesa salir en algún momento, pero yo me hacía la huevona. Mensajes de buenos días, cómo te fue hoy, qué vas a almorzar... y de pronto una pregunta interesante: ¿Cómo pasas San Valentín cuando estás solter@?

Yo, honesta como siempre, dije que detestaba el día. ¡Pero es verdad! Cuando la mayoría de tus san valentines han sido una buena cagada, pues ya la fecha te pone tensa, al punto que siempre pido vacaciones ese día porque no soporto ver el despliegue de amor a mi alrededor. (Sí, lo tomo malazo.) Pero también le conté que este año pues quería abordarlo de una manera distinta y que pensaba ir a la oficina a verme con mis amigos, íbamos a tomar unas chelitas también, entonces que le iba a poner buena cara a la fecha. Por su parte, él me contó que solo era una fecha más; lo que no soportaba era los lugares llenos, el tráfico y que todo se volvía comercial y exigente en un día, cuando es algo que debe darse siempre. True! Entonces pues, que no es que la pasara bien ni mal, simplemente era un día más. 

Y bueno, así continuó la conversación hasta que de la nada... ¿Qué te parece si salimos a caminar y llevo algo para picar y conversamos?... Y yo que soy bien huevo frito pregunté ¿me estás invitando a salir? Puta que soy bien lenta jaja pero porque no estoy acostumbrada a que alguien venga y me invite a salir (qué triste esta oración). Y sí, ¡me estaba invitando a salir! Algo muy casual, sin que sea "una cita-cita", ponerle cara al asunto y vernos en un sitio público donde podamos caminar un rato, sentarnos por ahí y conversar por unas horas. Y así quedamos. 

La mañana del 14.02.2022 fue mágica. Me levanté con una actitud distinta, no quería abordar este día de mala manera ni nada, solo quería pasarla bonito. Me sorprendió mi mejor amiga con un regalo, luego mi mejor amigo vino a verme con muchos dulces. ¡Sentí mucho amor! Me llevó a la oficina, vi a mis amigos, nos tomamos esas chelas y en el medio de tanta actividad positiva, estaba él escribiéndome, interesado en mí, ansioso por verme esa noche... Yo estaba aterrada, es la verdad. ¿Salir con alguien en San Valentín habiendo terminado una relación hace poquísimo tiempo atrás? ¿Estaré haciendo lo correcto? 

Llegó la hora, me mandó la ubicación del punto de encuentro y pedí mi taxi. Estaba más nerviosa que el carajo pero tenía clara una cosa en mi mente: ser siempre yo. No decir lo que pienso el otro quiere escuchar solo para caerle bien. Si soy rara, pues soy rara y si algo no me cuadra, me tengo que ir de ahí. No quería aparentar nada, realmente quería gustarle por lo que soy. 

Quienes me conocen, saben que soy la gordita de Carrusel; sí, la chibola romántica que sueña con vivir un cuento, una película romántica y si es un musical, mejor. Que me encanta la gileada old school, que me den la mano, los detalles, en fin... Cuando pensé en salir nuevamente, hablando de eso de ser honesta y transparente, pues si iba a salir, que sea como yo siempre quise, nada menos. Y todo lo que siempre quise en una cita-que-no-es-cita-pero-recontra-parece-cita, lo tuve esa noche. 

Comienza la música de fondo. Una chica camina por el centro de una plaza siguiendo la ubicación de su cita desde su celular. Al llegar, levanta la mirada y ahí está él, parado al otro lado de la calle en la puerta de una iglesia, esperando que los autos pasen y cambie el semáforo para cruzar. Ahí vemos en pantalla PARAMOUNT PICTURES PRESENT y mientras él cruza la calle sin quitarle la mirada, empieza nuevamente la música de fondo a intensificarse. Llega frente a ella y se abrazan como si se conocieran de toda la vida. En pantalla vemos el título de la película: San Valentín en Pandemia, ¡no mentira! Jajaja no se me ocurre título pero así fue puta madre, así fue... Hace mucho tiempo no sentía tanta calma en un abrazo, me sentí tranquila, feliz, relajada y lo mejor fue que sentí que él se sentía así también. 

Empezamos a caminar entre la gente buscando alguna banca para sentarnos. Era lindo, aún con la mascarilla puesta, todo él era lindo. Es lindo. La conversación era fluida, graciosa, no recuerdo exactamente qué tanto hablamos mientras caminábamos porque yo me sentía en una nube, flotando por la calle mientras él buscaba una banca. ¡Banca encontrada! Nos sentamos y me agarró de la mano, me hacía cariño. Yo solo pensaba que me sudaban las manos y qué rocheeeeeee, pero él me miraba tan bonito y me contaba cosas recontra interesantes, lo escuchaba atenta y era todo tan cómodo, repito como si nos conociéramos de muchísimo tiempo atrás. Todo fue muy fácil. 

Te traje una sorpresa. ¿De qué está hablando este chico? Se supone que en una cita-que-no-es-cita uno no lleva regalos o detalles. Y de la nada saca de su mochila un taper con triples. ¡Sí, triples! Un día me dijiste que te gustaban los triples entonces me acordé que seguro vas a tener hambre a esta hora y después de caminar entonces te los traje. INSERTE AQUÍ CARA DE AHUEVADA CON FONDO MUSICAL PAR FAVAR. "Un día me contaste que te gustaba..." Ay Diosito, no sé hace cuánto tiempo no escuchaba eso... Obviamente le agradecí, me reía nerviosaza, seguíamos de las manos y nos mirábamos riendo. Fue entonces cuando procedí a guardar los triples en mi cartera y me dijo que no, que los tenga en la mano, porque había otra sorpresa y que esa sí debía guardarla en mi cartera.

¿De qué estamos hablando, qué otra sorpresa? ¡Esta cita-que-no-es-una-cita está siendo increíble! No sabía qué hacer y no porque me sintiera incómoda sino porque me sentía abrumada de atenciones y no sabía cómo reaccionar a ello. (Nuevamente, qué triste esa oración.) Me pidió que cerrara los ojos y estire mis manos. Sentí una tela como corduroy. Lo primero que pensé fue en el overall de un oso de peluche, pero no creí realmente que hayamos llegado al punto de regalar un peluche solo por el valentines... Abrí los ojos y era una bolsa de tela y adentro tenía unos audífonos inalámbricos. ¿Te acuerdas que te pregunté por tus audífonos y me dijiste que tenías unos malazos? Bueno, te traigo los míos, para que cuando te mande canciones las escuches bien.

¿MESTASWEBEANDO? No sabía qué decirle, lo único que atiné a hacer fue a guardarlos para que no me los roben jajajajajajajajajajajajajaja. ¡Por eso me dijo que los ponga en mi cartera! Luego lo abracé fuerte y le agradecí. Y así nos quedamos un rato, abrazados sin decir nada, solo estando ahí los dos. 

Yo ya estaba a 10 céntimos de chapármelo pero no me sentía del todo segura, entonces nunca me quité la mascarilla porque sabía que corría el riesgo. Bueno, le dije para caminar un poco así que empezamos a dar vueltas por la plaza y las galerías. Me tenía de la mano y yo seguía flotando, algo así como un niño contento caminando con un globo en la mano, algo así. Llegamos a una esquina y mientras esperábamos el semáforo para cruzar me dijo ¡Mira la luna! Entonces volteé, miré al cielo y ahí estaba la luna llena gigantesca, hermosa llena de luz. Aquí empieza a sonar la música nuevamente, que sean violines esta vez... Y mientras me quedé tonta mirándola, él vino por detrás, me abrazó y me dijo al oído no sé porqué pero yo sabía que teníamos que pasar este día juntos. Entonces volteé a verlo y me lo chapé obviamente JAJAJAJAJAJA.

¡¿Cómo no hacerlo?! Ahí nos quedamos en esa esquina besándonos mil veces mientras la gente pasaba, cruzaban, vendían comida, en fin, el mundo avanzaba y nosotros solo estábamos ahí, siendo los dos sin que nada importe. Fue lo más romántico que me ha pasado en la vida. Esa esquina de República Dominicana con General Garzón será por siempre el spot de mi película romántica, de mi san valentín perfecto, de mi chico de los triples. 

Al rato pedí mi taxi, guardé mis triples, nos dimos un beso y tras el "avísame cuando llegues", nos despedimos. Ahí es cuando en la pantalla aparece la palabra CONTINUARÁ... Suena la música de fondo, sale Fátima Yataco y al costado mi foto comiendo un triple en la cocina... Sale "El Chico de los Triples" y una foto suya comprándolos, luego salen los créditos con un agradecimiento especial a la Municipalidad de Jesús María... y termina la película.  

Gracias por ese inolvidable 14 de febrero, mi eterno chico de los triples. 



domingo, 6 de febrero de 2022

Yo te prometo lo siguiente


No estoy embarazada, tampoco he tenido una pérdida; simplemente hoy quiero dedicarle esta aventura a mi futur@ hij@, a quien vengo esperando toda mi vida y que sé, cuando sea el momento correcto, podré conocer.

Todo comenzó hace más de 1 año y medio una noche en mi primer hogar. Estaba con "tu papá" echada en la cama conversando de los problemas que tenía porque mi anticonceptivo estaba agotado. Entonces, aprovechando el tema de la visita al ginecólogo lo miré y le pregunté ¿tú quieres tener otro hijo? ¿uno conmigo? y su respuesta afirmativa simplemente iluminó mi vida. Esto era serio entonces, nadie habla de un futuro así solo por las huevas. Ese día, comencé la aventura para ser tu mamá. 

Cita con el ginecólogo, exámenes de sangre, nuevos anticonceptivos para ver cómo mi cuerpo reaccionaba, ecografía y una listita de pruebas... sin mencionar la obvia tarea de BAJAR DE PESO. Nada va a funcionar si no bajas de peso; si tú sales embarazada ahorita corres un alto riesgo porque tienes obesidad y problemas de azúcar, no podemos arriesgarnos. -¿Y cuánto debo bajar?- Primero llega a los 2 dígitos y te hacemos nuevamente exámenes, luego, por lo menos, debes bajar hasta 80 kilos. 

¡Tenía que bajar más de 30 kilos por la puta madre! Bueno, ¿a la mierda, no? Si es lo que quiero, si es por mi salud y tu salud pues me puse en marcha, además por la pandemia me había subido también y tenía cero movimiento entonces este era el momento preciso. Ya había sacado mis cálculos: lo que me iba a tomar bajar (que ya sabía no sería rápido), un tiempo para viajar a Disney sola (perdón, hij@ pero sé que tus primeros años no podré ir pues jaja), para ahorrar y poder darte una vida decente y claro, un tiempo para disfrutar mi relación, para vivir juntos y seguir cumpliendo algunos sueños en paralelo. Así que me dije, para fines del 2022 yo ya debería tenerte en la panza. 

Los nuevos anticonceptivos no funcionaron, la regla se me irregularizó más y mi cuerpo era un desastre. A ver, ¿por qué usaba pastillas si quería salir embarazada? Porque sin ellas la regla no me venía, a causa del sobrepeso y la resistencia a la insulina. Entonces, como ya estaba en un peso un poco más seguro, el médico me quitó todas las pastillas para ver si mi cuerpo funcionaba normal. Era un cambio hormonal duro, después de más de 5 años usando las pastillas. Solo faltaba un poco más, más esfuerzo, más dedicación, más compromiso para bajar esos 20 que me faltaban.

Meses después, una noche en casa de "tu papá", estábamos hablando de ti, de cómo serías, si sacarías sus ojos verdes... Decíamos "seguro va a ser morenit@ y gordit@. Seguro va a ser un cague de risa, seguro va a gustarle bailar..." Esa noche reímos mucho, ¿sabes? Pensábamos en cómo te íbamos a llamar. Yo quería Cristobal pero él decía que era nombre de blanco jajajaja. Esa noche soñé mucho contigo.

Tuvimos momentos complicados, no solo por la coyuntura del país y el mundo, momentos de mucha incertidumbre pero donde yo creía que el amor podía superar todo. Volví a subir de peso, me deprimí, me atacaba la ansiedad. Le pregunté varias veces ¿tú de verdad quieres esto? ¿Qué quieres conmigo? Y siempre, siempre, todo apuntaba a que cada promesa se cumpliría y tú llegarías como habíamos planeado. Entonces ese día elegimos tu nombre y te empezamos a llamar así. No te digo cuál fue porque ¿ya para qué? Seguro el que tienes cuando leas esto, debe ser mucho más bonito je.

Y bueno hij@, hoy esta relación se ha acabado, pero esta aventura es para prometerte 3 cosas como mamá, como persona:

  1. Prometo darte un padre que sea leal y fiel, que sea honesto y que realmente nos valore. 
  2. Prometo ser una madre que se quiere y busca siempre su estabilidad mental, para poder cuidarte sanamente.
  3. Prometo esperar, no apurarme, no buscar por buscar. O sea, prometo cumplir las otras 2 promesas no matter what. 
Por lo pronto, seguiré con lo que me toca, porque mi deseo de tenerte no se acaba solo porque esta relación terminó, eso sigue, porque es mío. Así que hijit@, me voy a comer mi fruta y hacer ejercicio para que, cuando ya de verdad sea el momento, llegues tranquil@ y sin problemas. Desde ya te amo, tu mamá. 

PD: te dejo esta canción All I Have To Do, Is Dream

domingo, 21 de noviembre de 2021

Perrito comprado en cuotas


Póngalo a dos cuotas por favor.
Eso le dije al veterinario cuando decidimos que Axel sería nuestro perrito. Hace 13 años yo estaba en una relación y se nos metió en la cabeza esto de tener un perro de los dos. No vivíamos juntos, es más, nuestras casas quedaban relativamente lejos. Se suponía que nos íbamos a turnar al perro durante las semanas y, como siempre estábamos juntos, no habría problema alguno. 

Cuando llegué a mi casa y le mostré a mis papás al perrito de frente me dijeron "aquí no se va a quedar". Esa es la típica oración de los padres, ¿no? Y después los ves jugando chochos con el animalito. Este caso fue igual pero se resistieron bastante, ¡no fue una batalla fácil de ganar! Pero primero, volvamos al momento de la compra millonaria...

El día que tomamos la decisión de comprar el perro hicimos un tour por las veterinarias de San Borja, queríamos ver un Pug aunque yo no estaba muy convencida de esa raza. Había tenido Cockers toda mi vida y quería seguir con ellos, pero mi ex insistía en el Pug. Cuando por fin encontramos una vet con un lomito así, pues no hubo conexión alguna. Ni caso me hizo el perro, mucho menos a él... así que empezamos a buscar otras opciones. De frente el vet me trajo a esta cosita negra con marrón con ojos de asustado. "Es un Jack Russell, como el perrito de la película 'La Máscara'; activo, inteligente, buen compañero". Lo primero que dije fue ¿esa raza no es blanca con marrón claro? "Sí, pero éste es otro tipo". En ese momento no pude darme de cuenta de la estafa -era obvio que era cruzado- porque en lo único que me fijé fue en cómo su colita se activó al mirarme. Fue flechazo, no me quito esa imagen de la mente. Nos miramos, nos besamos, nos enamoramos; fue instantáneo. 

¡Nos lo llevamos! ¿Cuánto cuesta? "Está a buen precio, solo 90 dólares". Yo solo saqué mi tarjeta de crédito y le pedí que lo pusiera a dos cuotas jajajaja porque moría por un perro pero estaba misia y mi ex solo puso la buena voluntad para algo que se suponía era de los dos. Y así llegó Axel (Rose) a mi vida, bautizado como uno de nuestros cantantes favoritos pero con la E bien puesta.

¡Entonces! Esa tarde llegué a mi casa y el pequeño no fue bien aceptado... por unas semanas estuvo en ambas casas hasta el día en que mi ex dijo "aquí ya no puede quedarse". ¡¿QUÉ?! O sea, el perro era de los dos SUPUESTAMENTE y ahora no tenía dónde quedarse. Mis papás también dieron el rotundo no y yo no sabía qué hacer. Lo tuvimos un tiempo a escondidas y luego la relación se terminó; también fue obvio que yo me quedaba con el perro porque, a ver, ¿Quién lo compró? ¿Quién lo pagó? ¿Quién siempre fue la que buscó la solución de la vivienda? ¡Ese perro siempre fue mío! 

La mamá de mi sobrina Alejandra, en un acto de solidaridad, me dijo que se quedaba con Axel así que mi cachorro se fue a vivir con su prima... Me lo devolvieron a los 2 días... El pobre perro no dejaba de llorar y, en sed de rebeldía, rompió toda su cama. Mis papás se sintieron mal y me dijeron que podía tenerlo en casa, porque además yo estaba con una depresión muy fuerte por la ruptura, entonces necesitaba a mi perro cerca. 

Su carita cuando entró a la casa y me vio. ¡Era solo un cachorrito! No tenía ni 1 año, pero entró a la casa disparado y se sentó en la puerta de mi cuarto, no le hizo caso a nadie y estaba tan emocionado que ni cuenta se dio que yo estaba parada afuera para recibirlo. A penas nuestras miradas se encontraron, el amor incondicional se hizo presente y nos metimos felices a mi cuarto a jugar en la cama. Ahí fue cuando cambié de veterinaria y en la nueva me dijeron "Sí sabe que su perro es cruzado, ¿verdad?" ¿Cómo así que cómo fue? JAJAJAJAJA. Ahí confirmé la estafa y comprobé que mi jabalí era cruce de Jack Russell con Beagle, por ello los colores negros y marrones. Pero qué chuchaaaaaaa, mi perro era único y especial... ES único y especial.

Y así vamos por la vida juntos siempre de la mano-pata... es mi perrito salvador. Me dio calma durante mis peores momentos de ira, se quedaba pegado a mí en mis depresiones, dormía sobre mi pecho durante los ataques de ansiedad más intensos. Nunca me dejó sola. Siempre me trajo alegrías. 

Trece años han pasado y aquí estamos, un poco más lentos y gordos los dos jajajaja pero más sabios también y con un amor inacabable. ¡Definitivamente la mejor compra que hice! Mi perrito a cuotas, mi perrito salvador. 

lunes, 8 de marzo de 2021

La Mujer Siempre Pierde

Estábamos sentados en la mesa almorzando en familia. La típica conversación: lo que pasa en las noticias. "¿Viste esa chica que la mató el marido?" "Mira, embarazada con 3 hijos y ahora el marido la deja. ¿Qué va a ser de esa muchacha?" "Si no estudian, con la justa terminan el colegio y ya las casan y se llenan de hijos." Terminando así el almuerzo con una conclusión: la mujer siempre pierde. Yo tenía menos de 10 años y quien afirmaba esto en casa, por más increíble que suene, era mi mamá. 

Eso fue lo que siempre escuché mientras iba creciendo; la mujer siempre pierde... Inconscientemente yo estaba destinada a perder; todo lo que logre en la vida sería en vano, porque al final, siempre perdería. Si me casaba seguro mi marido me dejaría, si lograba un trabajo seguro no llegaría lejos, si tenía hijos seguro me tratarían mal y me dejarían sola. Nada de lo que yo me propusiera hacer en esta vida tenía sentido, ¡siempre iba a perder entonces, what's the point?!

Pero en paralelo, algo raro pasaba en casa. También me decían que yo era muy inteligente y tenía mucho talento, que podía lograr lo que quisiera, ser lo que quisiera. A ver mano, ¿qué chucha pasa acá? Jajaja no puedes decirle a una niña que está en su naturaleza fallar pero también motivarla a hacer más cosas. Entonces así siempre crecí, celebrando a medias los logros, encontrándome con la desilusión al final del camino. 

Cuando empecé a ser más madura y consciente de la vida, sobre todo de las sorpresas que te da la vida, me di cuenta que yo sí podía lograr cosas -y acá viene un punto muy interesante- laboralmente yo sobresalía, en las clases yo sobresalía, cualquier grupo donde estuviera siempre yo tendía a liderarlo. ¡Entonces yo sí podía lograr cosas, yo sí podía triunfar! Y a lo largo de ese camino una idea iba entrando a mi cabeza, sembrada por mi entorno... Fátima lo puede hacer porque tiene huevos. Fátima lo logrará porque tiene testosterona. Fátima lo va a conseguir porque ve las cosas diferente: las ve como un hombre.

Conclusión: soy mujer pero logro el éxito porque tengo cualidades de hombre. ¡Qué buena payasada! Pero, ¿saben qué? Yo decía lo mismo. Es que claro esa era la única explicación, si las mujeres no pueden pero yo soy mujer y puedo, entonces es porque pienso como hombre, estaba "clarísimo". Una vez un equipo hizo la advertencia que ellos necesitaban alguien con mucha fuerza y que preferían tener un hombre en vez de una mujer, mi jefe de ese entonces dijo "pero Fátima ha sido estibador en vidas pasadas" porque claro, mi peso/tamaño también se relacionaba a algo masculino. ¿Yo qué hice? Me reí.

Pero llega un punto en el que no te da risa. Llegué hasta a hacerme análisis de testosterona porque algo malo había en mí, no podía ser una "mujer normal" porque iba en contra de lo que estaba establecido para mí: PERDER. ¡Qué tal daño! ¿Y saben cuándo empecé a pensar diferente? Cuando cambié de ambiente.

Tuve la oportunidad de tener dos jefas en mi vida, que marcaron mi camino completamente: la primera era la típica jefa exitosa que vemos en las películas; dura, sarcástica, estricta, dominante, por encima de los demás. O sea una Miranda Presley. Pero eso era para afuera, era la careta, la imagen o el papel de la jefa superior. Yo la conocí y era bastante sensible, amorosa, preocupada por el resto... Yo pensaba, ¿por qué no ambos? ¿Por qué seguir con esa imagen? Porque así tenía que ser en ese ambiente. 

Mi otra jefa fue todo lo contrario. Me escuchaba siempre, nunca se burló de mis ideas, me daba herramientas para potenciarlas, me mostraba referencias, conversaba conmigo. Todos la respetaban pero no por miedo a que los bote, sino porque la admiraban; confiaban en su capacidad y no, no era porque tenía cualidades de hombre. Ahí aprendí que solo uno mismo se pone los límites, las trabas. Una misma es quien se caga sola. Y así fui conociendo a mujeres increíbles que lideraban pero nunca se sentían superiores al resto, mucho menos ante otras mujeres; conocí mujeres que querían ver a otras mujeres triunfar. 

Pero lo importante de cada situación era el ambiente. En un ambiente tóxico no importa quién seas o lo que hagas, siempre habrá esta rivalidad de géneros y estrés por querer demostrar que una mujer puede, así sea de la manera equivocada. Cuando estás en un ambiente donde todos te tratan por igual, sobre sales por quien tú misma eres y obtienes respeto por eso. 

Todavía sigo diciendo a veces que tengo huevos, pero es más por diversión. En grupos de hombres me sentía igual pero por esa idea errónea de "es que estamos entre hombres"... Ahora, me siento igual porque nuestras capacidades son iguales, nuestros objetivos son iguales y nuestras ganas, son iguales. Soy una mujer, en un puesto de liderazgo, en una empresa trasnacional, haciendo cosas importantes junto a 8 hombres talentosísimos. Y somos un equipo grandioso. ¡Qué orgullosa estoy! Hasta "se me para" de la emoción... jajajajajaja 

¡Siempre hacia adelante, mujeres! Que el mundo cada vez está más listo para vernos triunfar. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

I'll Never Go Back To Georgia

Era el verano del 2010, no nos habíamos visto después de un montón de tiempo pero, como siempre, parecía que no era así y que el día anterior nos habíamos encontrado en la universidad y nos reíamos de las locuras que hacíamos en mis fiestas de cumpleaños. El tiempo nunca pasa para nosotros, nos vemos más viejos -sobre todo tú- pero todavía nos sentimos como dos chiquillos aprendiendo a fumar.


Fue el primer martes del año, insististe para que salgamos a bailar. Eso de producirse para ir a una discoteca no es lo mío, me dijiste que no era nada fichón, que bailaríamos salsa en un lugarcillo de Barranco y que, además, conocería a tu grupo de amigos.¿Salsa? ¿Barranco? ¿Nuevos amigos? Ufff, no... Siempre fuimos tú y yo solos, ya de por sí la idea de salir con otras personas me tenía nerviosa. Para variar terminaste convenciéndome y manejé hasta tu casa, hice lo que pude con la producida. Nos subimos a tu carro y pasamos como movilidad escolar por la casa de cada uno de tus amigos y una vez el auto lleno, nos fuimos a bailar.

Mientras escuchábamos algunas salsitas como para calentar, tú te encargabas de contar nuestra historia a los amigos; "nos conocemos desde los 10 años", "No, es desde los 11", "Siempre me equivoco, y ella siempre me corrige". Así era la dinámica, tú siempre contarías la historia mal porque sabías que yo diría que es una total mentira y empezaría un relato verídico. Luego contabas una que otra historia vergonzosa para mí y después de las interminables carcajadas, contabas quién era, qué hacía, siempre echándome más flores de las que merezco. Entonces nos mirábamos, sonreíamos y seguíamos el camino.

Llegamos exacto para la tocada en vivo. Tú, para variar, entraste primero con la mirada en alto y el pecho inflado. Seguro, sonriente, ganador. Yo detrás de ti palteada y mirando a todos lados. Por la derecha las chicas regias brindando con Red Bull, por la izquierda los chicos llenaban la barra pidiendo chela y más allá, la cola interminable del baño. Volteaste a ver si estaba viva y yo solo me reía de nervios, ¡no estaba en mi ambiente! Entonces me agarraste de la mano y cruzamos el mar de gente, tú saludando a todos, yo tratando de no tropezarme. Al fondo, detrás de todo el humo del Dragón, estaba la orquesta, lista para empezar tremenda fiesta.

Chelas van, chelas vienen. Prendo un cigarro y trato de no parecer un bicho extraño en el lugar. Los amigos eran súper divertidos y resultó que eran ellos los ansiosos por conocerme. Tú siempre presentándome llena de flores y adjetivos calificativos que exageran mi persona. Nos reíamos, tomábamos cada vez más, recordábamos y con cada canción noventera gritábamos "¿Te acuerdas?" Y brindábamos por eso único que tú y yo tenemos.

La hora de la verdad llegó. Me agarraste nuevamente de la mano y me llevaste al centro de la pista, justo frente a la orquesta que ya estaba saludando a todos. ¡Ahora resulta que también los conoces! Te saludan, me saludan y empiezan los timbales a marcar el ritmo. Hay un grupo de chicas en slaps, faldas largas de colores y bividís que se mueven como locas balanceando las dos chelas que tienen en las manos. Me di cuenta que todos estaban vestidos "relajados" y que nadie me miraba ni estaba interesado en mirar mi ropa. Respiré, me sentí más tranquila pero miro a las chicas bailar y no tengo idea de cómo hacerlo. Sé bailar, pero no salsa, mucho menos dura. El ritmo aumenta, la gente está hipnotizada bailando, empieza a aumentar el güiro marcando el tiempo y la voz aceitosa del cantante suelta un rugir que a todos vuelve locos. Se volvió una orgía musical ese pequeño salón. Tú detrás de mí bailando y diciéndome cosas al oído que no puedo ni entender. Yo; parada inmóvil.

No tengo idea de cómo se baila esto; te dije ya un poco mareada y riéndome al ver que era la única chica adelante que no bailaba. Te reíste pero sin burlarte de mí y me tomaste de la cintura, balanceándote de un lado a otro despacio y de pronto, empezamos a bailar. Tu guayabera amarilla semi abierta me mataba de risa, parecías un tío cubano con su vaso de ron piropeando chiquillas que pasan por la puerta de su casa... y poco a poco me daba cuenta de que ya levantaba los pies del piso, ya dábamos vueltas, ya bailaba con los ojos cerrados.

A las 3 de la mañana llegó la hora de irnos. Fuimos despacio por la Vía Expresa mientras yo fumaba y no dejaba de hablar sobre lo chévere que la había pasado. Por más que estuvimos horas escuchando salsa, pusimos más música en el carro y tú feliz me contabas la historia de cada cantante, de cada canción. Me hacías entender los tiempos, contabas los pasos, los puentes, los instrumentos. Yo estaba en mi gloria.

Y así nos pasamos todos los martes del verano del 2010. Yo manejaba a tu casa, salíamos en tu carro, recogíamos a los amigos y nos íbamos a bailar salsa durísima hasta no poder más. Cada vez yo bailaba mejor, cada vez nos reíamos más, cada vez todo era más bonito. Luego "se acabaron las vacaciones" y volvimos a la vieja rutina. Nos alejamos, nos reencontramos, nos volvimos a alejar, nos volvimos a encontrar. Cada vez mejores, cada vez con más sabiduría. 

Han pasado 10 años y todavía puedo cerrar los ojos y verme ahí en el Dragón, al centro de la pista, bailando y cantando con Cheo nuestra canción favorita "El Pito". Felices 25 años de amistad, recuerda siempre que I'll never go back to Georgia, I'll never go back. 

jueves, 23 de julio de 2020

Cuando pase el tren

Hace un tiempo que vengo pensando bastante en mi ansiedad. Algunos días la pendeja pasa a saludarme. Se asoma a joderme la paciencia un rato. Es difícil vivir con ansiedad y ha sido aún más difícil poder manejarla durante esta cuarentena.

Pero me he concentrado más en pensar lo afortunada que soy de tener un buen sistema de apoyo. Muchas veces he hablado sobre los entornos tóxicos; las relaciones, las amistades, la familia... cualquiera que te rodee y no te aporte, ¡o encima que no te aporte, te joda! Hablé ya muchas veces de limpiar a la gente, de no tener miedo de decir no quiero esto, no tener miedo de irte. Pero luego, ¿con quiénes te quedas? Y ahí siempre, siempre, pienso en mi familia, mis amigos y mi flaco.

Tengo un team que ufff... ¡sí que la han sufrido conmigo! Son de esos que se turnan para "monitorearte" cuando no tienes un buen día, que te llaman, te escriben, te pasan memes, le dan like a tus Tik Toks (después del bullying necesario). No te juzgan, te escuchan pero sobre todo, están ahí antes, durante y después. 

Una vez en una reunión salió el tema de la ansiedad y un tipo dijo ¿pero qué es ansiedad, qué sientes? ¿no puedes simplemente animarte? ¡Ah bueeeeeeeeeeeeeee! ¡Animarme! No se me había ocurrido... imbécil. Y por ahí la gente trataba de explicar qué era, cómo se sentían. Yo escuchaba, pero me dejó la duda de cómo explicarle a alguien cómo me siento, cómo hago que los demás al menos puedan hacerse una idea de cómo estoy.

¿Alguna vez han vivido frente a una estación de tren? Yo no, jajajaja pero estaba viendo una película donde un tren pasaba obviamente a gran velocidad frente a una casa y la sacudía por completo, como un fuerte temblor y todos dentro tenían que simplemente sostenerse y esperar. Así es cuando tienes ansiedad. Hay cosas que la empeoran, cosas que tú sabes que pueden desencadenar en un ataque de ansiedad, por ejemplo el trabajo, esperar una noticia, comenzar algo nuevo, no tener una respuesta de algo, en fin... pero muchas veces la ansiedad solo llega. Estás bien y de pronto, ¡buenasssssssss! Llegó a joder y te desestabiliza, esa es la palabra, la ansiedad es ese tren de mierda que viene a velocidad y tú eres la casa que se vuelve inestable, que se mueve de un lado a otro, que no está quieta, que se puede destruir en cualquier momento y no puedes hacer nada, NADA al respecto. Y de ahí... el tren se va y tú vuelves a estar estable.

Una amiga muy cercana me preguntó hace unos días ¿qué puedo hacer para ayudarte cuando tienes ansiedad? Y no solo me acordé del tren, sino de quiénes estaban dentro de la casa; cómo se abrazaban, se daban la mano, se alentaban y solo esperaban, esperaban que pase el tren. Y así es mi nuevo entorno; ahí están conmigo solo esperando que pase, sin decir algo, solo están. Me abrazan, me dicen ya va a pasar, me recuerdan que respire, me hacen reír, me distraen y solo están aguantando conmigo hasta que pase el tren. ¿Ven qué importante es tener a GENTE SANA EN TU VIDA?

Anoche pensaba en una amiga que no la está pasando bien y me pregunté si ella tenía a alguien que le diera la mano cuando pase su tren. Espero que sí y si no, solo quiero que sepa que la entiendo y que aquí estoy, y en general a cualquiera que sienta que su día no está tan bueno, aquí hay alguien que los acompañará cuando pase el tren. Algunos demorarán 5 minutos, media hora... otros tal vez años, ¡pero ánimo! Porque va a pasar y todo va a estar bien. 

martes, 26 de mayo de 2020

Compra Calzones

Una de las cosas más importantes que he aprendido durante este aislamiento social ha sido el ahorro. Soy bien conocida por mi desmedido consumo de comida chatarra, entonces, claro, estos 2 meses sin delivery le han hecho muy bien a mi billetera.

Al principio fue difícil. Yo vivo sola alquilando un cuarto. Tengo las cosas básicas de la vida para sobrevivir pero no tengo una cocina, entonces desde el inicio fue súper complicado poder comer comida "normal". De lunes a viernes yo almorzaba en menú, en las noches comía cualquier cojudecita o salía a cenar. Fines de semana pues delivery obviaaaaaa, entonces ahora me encontraba en casa, sin poder salir, sin poder comprar lo que quería, con mi lata de atún y mi bolsa de fideos lista para hacerse en microondas. Fue difícil.

¡Pero el humano se amolda! Hasta panqueques he aprendido a hacer en un mini grill que canjeé con millas. Las recetas para cocinar en microondas son mis nuevas amigas. Mi refri cambió totalmente, ahora hasta fruta hay dentro. Bajé de peso, me desintoxiqué de tanta chatarra, empecé a tomar mis vitaminas de nuevo, todo bien, todo perfecto.

Ah, pero esa gracia divina duró unas semanas... después de tener que lavar 37 veces el mini grill al día para poder preparar otra cosa (¡que viene en el mismo plato!) ya estaba cansada y aburrida. Mis almuerzos empezaron a ser papitas con helado hasta que... ¡Comenzaron los deliveries de nuevo! Lógicamente me pedí una pizza, pollo a la brasa, pollo broaster, hamburguesa... Todo. Pero ahí vi mi billetera y dije OE KHÁ, NO. No puedo volver a gastar así, tengo que ser más consciente y cocinar en casa.

Entonces a la mañana siguiente me alisté para cocinarme y me di con la sorpresa de que se me había vencido muchas cosas. Abrí la refri y me golpeó el olor a pollo muerto. ¡Fuck el pollo que compré! A la mierda la media pechuga que había sacado del freezer para hacer sanguchitos. Un paquete de chorizo parrillero, vencido. El pan, vencido. Lata de choclitos dulces, vencida. Puta madre, Fátima... ¿Por qué eres así?

Claro pues, la floja de mierda, primero habla del ahorro, de no desperdiciar, de la billetera gordita pero deja tirada la comida... ¡por floja! Estaba asada... Asada y hambrienta, qué horrible combinación. Terminé comiendo fideos con ají y tomando manzanilla (en mi copa rosada de gin porque la taza no la lavé, por floja de mierda).

Y aquí viene un twist interesante en esta historia... Subí este mismo relato a mis historias de Instagram, cerrando el episodio contando que al día siguiente iría a comprar y que sería mucho más responsable, junto al botón de pregunta: ¿Qué no me puede faltar en mi shopping responsable? Cualquiera pensaría que las respuestas serían tipo mantequilla, atún, arroz, fruta, pan... en fin. Pero hubo una respuesta que simplemente me cagó y me sacó totalmente de cuadro: compra CAL ZO NES. ¿A quién mierdaaaaaa se le ocurriría comprar calzones como insumo principal de consumo ante una pandemia? 

Mi sobrina, Alejandra "Pelu" Yataco, a puertas de los 23 años, es mi gran compinche. Me celebra todas las cojudeces, comparte mis historias, participa en todo lo que hago y es mi gran fan. Es una chica cool, cague de risa, muy noble e inteligente... un poco leeeeeeenta a veces... pero más que lentitud, tiene una habilidad para crear lógicas irrazonables.

Nota mental: lógica irrazonable = compra calzones en pandemia

¡Hasta lo del papel higiénico lo podría entender! ¿Pero calzones? Luego me puso compra chompitas... Yo seguía anonadada mirando la pantalla y tratando de entender. Luego volvió a escribir -emocionadísima- tía compra joggers para que estés cómoda. Entonces hice la pregunta... QUÉ CHUCHA HABLAS. Y me puso bueno no sé, es esencial en la vida, ¿no? 

Hoy me levanté temprano y como nunca se me antojó un cafecillo con mi pucho. Me puse a pensar en esa huevada y a reírme. Me dio mucha nostalgia porque creo que lo primero que hubiera ocurrido es que, al llegar el domingo familiar, al momento de estar listos para almorzar un chifaza, yo habría contado esta historia a mi familia.

Mi papá, a la cabeza de la mesa, se hubiera atorado de risa pero también hubiera sido el primero en defender lo indefendible. ¡Nadie puede vivir sin calzones. Mi Pelu dio una brillante respuesta! Mi hermano Christian hubiera gritado ¡Andá! Y luego hubiera recordado alguna otra historia para seguir con el bullying. Dinka, mi cuñada blanquita, estaría llorando de risa pero tapándose la boca, como el emoji del monito. Mi mamá riéndose con toda libertad pero luego diciendo ya no la fastidien. Martín, su papá, le habría dicho ay, mija mejor almuerza nomás. Y todos, nos hubiéramos cagado más de la risa.

Cosas simples de la vida como un almuerzo familiar y bullying a la sobrina. ¿Cuánto se extraña, no? Hablo con mi familia todos los días, chismorreamos, nos mandamos memes, videollamamos y tratamos de siempre estar en contacto. Pero nada se puede comparar a estas grandes historias en el verdadero LIVE.

Y lo que más rescato de todo es que, quien se sopló todas mis historias de Instagram, una tras otra, se rió conmigo, fue parte de y se tomó la molestia de responder a mi pregunta recomendándome lo que -para ella- era esencial, fue mi gran fan. Mi sobrina Pelu. 

Recuerden, a veces el resultado final no importa, sino todo el cariño que hay detrás. ¡Feliz cumpleaños, hija hermosa! Esta historia es para ti. A penas podamos salir, te llevo a comprar calzones.

sábado, 28 de diciembre de 2019

AMOR

Hace unos días salí con mi papá; lo acompañé a hacer compras como siempre y luego nos sentamos en un cafecito por un postre. Honestamente, él y yo nunca hemos conversado de nuestras cosas íntimas, tal vez en algún momento, algo por ahí, muy superficial salió, pero es totalmente diferente a hablar con tu mamá, no sé. Pero me sorprendió que se pusiera a hablar conmigo sobre el corazón; mi corazón.

"Morena, tú tienes un corazón muy caliente. Deberías enfriarlo un poco. No que se congele, pero que esté fresco". ¡Ooooookkkkkk! Mi padre es un hombre extremadamente inteligente, pero no tan hábil para expresar sus emociones y dar consejos... Sin embargo me hizo reír y en el fondo, a su modo, tenía razón. Debo ser más calmada, más serena, menos pasional y un poco más racional. Después de un chocolate caliente, un mixto completo y un pastel de alcachofa, me dijo: "es que todo lo haces por amor". Y sí, siempre ha sido así.

Desde niña, siempre hice cosas por amor, pero por amor a los demás. Si mis hermanos me pedían algo, que de repente yo no estaba de acuerdo o no era lo mío, igual lo hacía solo por amor a ellos, solo porque ellos querían. Estudié Ingeniería Informática porque mi papá es ingeniero y por amor a él lo hice. Nunca me gustó mi carrera, la dejé.

Años después conocí a un chico y fue por él que empecé a estudiar comunicaciones y lo he contado en alguna de mis aventuras. Por amor a Brian fue que renuncié a mi trabajo, empecé a trabajar con él en producción y él me motivó a estudiar esa carrera. Lo maravilloso fue que la elección fue la correcta y amo con locura lo que hago. Pero, ¿ven? Nuevamente haciendo algo por amor a alguien.

He tenido muchos trabajos, he probado muchas cosas y siempre por alguien más, porque alguien más me lo pidió, porque alguien "me necesitaba" o por lo que sea externo, siempre ajeno a mi propio corazón. Saber decir NO es demasiado difícil para mí, porque, al final, ¿quién no quiere hacer algo y sentirse amado o sentir que su sacrificio de amor es lo que el mundo necesita? Algunos dirán que es altruista, otros dirán que es completamente estúpido.

Con mi ex mi amor llegó a puntos extremos... puse todo primero; cada necesidad, cada problema, cada cosa minúscula que parecía no tener solución. Yo lo solucionaba con "mi amor". Irónicamente algo que siempre él decía era "deberías ponerte a ti primero, si tú no estás bien, nadie va a estar bien". 

Este año ha sido extremadamente difícil, porque me di cuenta de algo importantísimo: me faltaba amor, a mí misma. ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo empiezo a quererme?

Mi trabajo actual es una de las cosas que más me gusta hacer, pero siempre me estuve cuestionando si era lo mío... Y cuando ese cuestionamiento comenzó a comerme por dentro, me cambiaron de área y conocí gente increíble. Fue como si todo empezara a acomodarse. Y ahí aprendí algo muy importante: empieza por elegir bien quién te rodea.

Dejé esa postura estúpida de no hablar con la gente, maté mi miedo a conocer nuevas personas, empecé a escucharlas. De pronto les caía bien, de pronto me empecé a sentir aceptada, empezaba a reírme, a disfrutar cada día de ir a trabajar. ¡Me ascendieron! Y cuando eso pasó me acuerdo que lloré horrible en el baño abrazada de una amiga porque sentía que estaba en el momento correcto de mi vida. Amo mi trabajo y cada cosita que hago ahí porque me hace bien, porque es PARA MÍ. 

Empecé a eliminar cada relación tóxica de mi vida; amigos, familiares, conocidos, parejas. Puta madre depuré todo porque entendí que yo no necesito eso, que mi corazón no necesita "acciones de una sola vía". Hice nuevos amigos, que me decían todo el tiempo "valórate, quiérete, así estás bien, mejora por ti no por los demás". Y de pronto una mañana me miré al espejo y dije mieeeeeeerda... tú misma eres el amor más grande que necesitas. 

Este año me enseñó a soltar, a cerrar ciclos, círculos tóxicos. Me enseñó que es mejor tener nada a tener a medias y mal pagado. Y es increíble cómo todo se acomoda, cómo el mundo te dice "¿ya ves, huevoncita?" Es la primera vez en mis 36 años que puedo decir que soy feliz, ¡puta madre por mí misma! Puedo decir que tengo a las personas correctas en mi vida, puedo darme el lujo de decir "no te quiero en mi vida", puedo sentirme tranquila.

Hay días malos todavía, claro que sí. Hay días en donde no quiero levantarme, pero ahí están mis amigos caminando conmigo, ahí está siempre mi familia que me da tranquilidad, esos ojos verdes que me iluminan la vida, ahí está el sabio consejo de mi papá... 

No voy a decir lárgate, 2019. Sino gracias, 2019. Por enseñarme el amor más bonito; el amor propio. Ahora al 2020 le toca enseñarme a tener un corazón, un poquito más fresco... 

miércoles, 10 de julio de 2019

Llegó la hora de la confesión


A todos alguna vez nos han pedido ser padrino/madrina de alguien; ya sea un sobrino o el hijo de un amigo cercano. Hace 15 años mi hermana Gissella me pidió que sea la madrina de bautizo de su hijo Ryan y obviamente yo acepté más que feliz. Ellos viven en EE.UU y yo había viajado para acompañarla durante el embarazo, ver nacer a mi sobrino y quedarme dos meses hasta el momento del bautizo. Creo que el día en que nació fue uno de los más felices de mi vida, un momento que, ahora a mis 36 años, me doy cuenta que me cambió por completo y marcó un quiebre muy importante en mí.

Cuando aceptamos ser padrinos, ¿honestamente aceptamos toda la responsabilidad que esto conlleva? Es decir, muchas veces la gente bautiza a su hijo "porque es la costumbre, porque tiene que tener padrinos o incluso los bautizan ya grandotes porque se les pasó". Los padres no necesariamente son creyentes o practicantes, lo hacen porque se hace y luego hay una fiesta y hasta a veces el bautizo termina en unos cuantos joncas con todos los vecinos, ¿o no? #NoMientas. Luego el crío crece y, si no es un familiar directo, la conexión se pierde y se limita a enviar un regalo por el cumpleaños y con suerte por Navidad. Pero, ¿realmente eso es ser un padrino?

Hace unos meses mi hermana me escribió para pedirme que viaje para la confirmación de Ryan, esto es un sacramento en la religión católica en donde el ahijado confirma su fe en el catolicismo, donde mi hermano Christian sería su “Padrino de Confirmación”. Con la emoción del viaje y la celebración, hice todos mis trámites y en 1 semana ya estaba más que preparada para pasear, comprar y tragar rico.

Apenas me recogieron del aeropuerto nos fuimos de paseo a un resort en la playa bravazo. Mi prima que vive en Nueva Jersey también viajó con su mamá así que éramos EL MANCHÓN en un mini depa del hotel con vista al mar. Una chelita por aquí, un puchito por allá, risas y más risas. Justo coincidió con el feriado de Semana Santa entonces en la mañana del primer día salí con mi hermana a pasear por el malecón y a conversar de la vida...

¿Hermana, te llegaste a confesar antes de viajar? Ehhhh, no tenía idea de por qué la pregunta pero la respuesta era simple: NO. Mi última confesión fue hace pffff más de 20 años, creo que cuando fue mi confirmación. ¡Es más! Ni siquiera para el bautizo de Ryan nos dimos cuenta de ese punto. Bueno, la siguiente semana es la confirmación de Ryan  y siendo su madrina obvio tienes que comulgar y para eso tienes q estar confesada. Además, este domingo es Pascua de Resurección e iremos todos a misa en familia.

Yo soy creyente, sí, totalmente pero no muy practicante de mi religión. Estoy en desacuerdo con algunas prácticas de la iglesia, sí, también. No voy mucho a misa ni soy partícipe de sus eventos. Que creo en Dios, la Virgen y mi fe en general, pues sí. Pero cuando me dijo que tenía que confesarme... mmmm, no fue algo que me agradara.

Al día siguiente mi cuñado se levantó temprano y me dijo que me llevaría a la iglesia. Chino, ¿de verdad vamos a ir a la iglesia o iremos a Mc Donald's? Él me miró, se mató de risa y me dijo las dos cosas y primero me llevó a la iglesia, que justo estaba cerrada y no atendía confesiones por el día festivo. Yo pensé ¡uffff me salvé! Pero no.

El domingo de pascua fuimos todos a misa en una iglesia cercana al resort. La típica iglesia de pueblo que ves en las películas, donde todos son gringuitos y blanquitos, gente mayor y los turistas como nosotros; las niñas con vestido de flores y su chompita, los niños con camisa y pantalón, las madres en vestido arregladas y los padres impecables como cabeza de hogar. Todos se conocen, todos se saludan y el padre los recibe en la puerta. Hay un coro, todos saben las canciones y no queda espacio para nadie, la iglesia reventaba.

Cuando llegó la hora de la eucaristía, de manera ordenada se iban levantando uno por uno en filas, para no crear caos. Yo estaba bien sentada pues, ¡no podía comulgar porque no estaba confesada! Así que con mis ojotes latinos miraba atenta a los demás a ver quién más se quedaría sentado.

Ni una puta alma se quedó. Todos, literalmente todos, se levantaron a comulgar. Hasta ahí me sentía incómoda porque era algo bien notorio, o sea, todos de pie menos la gordita latina. Resultó que Pascua de Resurrección era un día sumamente importante y yo ahí sentadota. Mi hermana me miró y pasó de largo, mi hermano se mataba de risa, mi prima igual... Cuando pasó Ryan me miró con cara de indignación ¡¿Tía, no te confesaste?! -No, estaba cerrada la iglesia. Y moviendo la cabeza en sentido de negación siguió adelante. Creo que nunca me había sentido tan avergonzada, no por la gente, sino porque sentí que lo había decepcionado.

Cuando volvimos a la casa, lo primero que él hizo fue darme su libro de confesiones para que aprenda lo que tenía que hacer. Yo sentía demasiada presión porque tenía que hacer algo que yo no quería y no había alternativa: lo tenía que hacer. Una mañana mi hermana me recogió y me llevó a su iglesia (ahí sí había más gorditas latinas, ja). Llegamos y había una larga fila de "pecadores" esperando para entrar. Me senté y esperé.

En ese momento algo pasó; yo empecé a sentirme mal. Me dolía la cabeza, me sentía mareada y me dio taquicardia. En otras palabras me dio un ataque de ansiedad y no entendía por qué. Más pasaba el tiempo yo peor me ponía, los pecadores se iban y mi turno se acercaba, peor se me aceleraba el corazón. La puerta se abrió y era mi turno.

No tengo idea de cómo hacer esto, padre. Yo fui sincera, le dije que era porque se venía la confirmación de mi sobrino y yo tenía que estar ahí y comulgar, pero que yo sentía cierta desconexión con Dios por algunas cosas que me había pasado en el último año. Dije algunas cosas más y luego el padre me dijo algo muy importante; que si yo hacía esto por mi sobrino, entonces tenía que hacerlo todo de corazón y honestamente, porque para él era importante, era importante que yo participe de su confirmación, de los rezos en casa, de la comunión, de ir a misa. No era una cosa que me imponían, sino que esto era parte de su vida y yo, al ser su madrina, debía darle el ejemplo porque él sí es un miembro activo de la iglesia. 

Qué fuertes palabrastú eres su ejemplo. Él te admira y tú tienes que guiarlo. ¿Ese no es, al final, el rol de un padrino/madrina? ¡El verdadero rol! Entonces me di cuenta el papel tan importante que yo jugaba en su vida, en su desarrollo católico. De repente en mi vida diaria no soy practicante pero en ese momento, había alguien que necesitaba que yo lo sea, y por él, todo.

Entonces, mi confesión debía ser auténtica y honesta. Pobre padre, se le deben haber quemado los oídos de escuchar mi gran lista de pecadillos... ¡hasta lloré! Y creo que también me sirvió para botar esas cosas que a nadie le cuentas y las tienes ahí jodiéndote la vida. Cuando salí tuve que rezar lo que me indicó el padre y luego nos fuimos. Mi hermana me preguntó qué tal y yo solo dije tienes que alimentarme porque estoy débil, me acaban de sacar al diablo. Y las dos nos cagamos de risa y solo me dijo recuerda que quien te confiesa es Dios y él te perdona todo.

En la confirmación ahí estuvimos todos como familia, en la misa, comulgando juntos en gracia, ¡inclusive YO!  Y luego celebrando en un almuerzo bonito. Mi Ryan me regaló varias cositas y entre ellas estaba un llavero de San Benedicto, el santo a quien él admira y lo llevo conmigo siempre. 

¿A qué voy con todo esto? A que realmente aceptemos todas las responsabilidades que conlleva ser el padrino de alguien, y no solo eso, sino el rol que tenemos los tíos en las vidas de los chicos. No estamos para malcriar, ¡al contrario! Estamos para dar soporte a los padres, para estar ahí con ellos en todos sus momentos, no solo en la diversión porque claro, nosotros no vivimos con ellos, no somos "los padres" pero también podemos educar, también podemos corregir y podemos guiar. 

Tal vez no me he vuelto Santa Fátima, pero creo que sí crecí interiormente en este viaje. Más allá de la diversión y de comer en todos los restaurantes de Virginia, me quedo con esto: tratar de hacer mejor las cosas. Así seguiré siendo su modelo, y él también, con sus actos, ha pasado a ser mi gran inspiración de fe y eso, no lo cambio por nada. 

viernes, 28 de junio de 2019

Amor es amor

Yo ya tenía mis sospechas pero siempre he creído que lo mejor es no asumir y esperar la confirmación. Así que eso hice. Esperé y esperé y seguí esperando hasta que una buena mañana el mensaje llegó. ¡Hola! ¿Te parece si nos juntamos para almorzar? Quiero conversar contigo de algo.

Brian y yo nos conocimos hace muchos años por medio de una amiga y desde el primer instante nos hicimos grandes amigos. Es una de las personas más buenas y sensibles que conozco, además de botar creatividad por donde camine. A veces nos veíamos y me robaba un beso, a veces yo le robaba más, pero nunca tuvimos algo serio. La verdad, es que nunca supimos por qué. 

Después de un par de años de besos esporádicos, cuando yo tenía 23, me llamó para vernos. Salimos, nos besamos y al día siguiente nos volvimos a ver, nos volvimos a besar, me fui, me llamó, regresé y los besos continuaron... Empezamos a salir y así, sin querer queriendo, nos enamoramos. 

Estábamos literal todo el día juntos, además, ¡trabajábamos juntos! Me jaló con él para ayudarle en producción y yo pasaba a recogerlo a las 6 a.m. y lo dejaba en su casa a las 11 p.m., así todos los días. Éramos compañeros de aventuras, cómplices, socios, partners in crime y enamorados. ¡Teniendo en cuenta que es chu-rrí-si-mo! Hermoso, todo era hermoso y perfecto.

La magia duró poco, pero la amistad siempre fue lo primero... además, ¡había amor! Ya no estábamos pero yo sentía que lo amaba y que él también lo hacía. Simplemente ya no estábamos enamorados. Difícil de explicar, difícil de entender, pero creo que ese es el verdadero significado del amor.

Entonces, volviendo a esa buena mañana... acepté la invitación para almorzar, me arreglé y fui directo a nuestra cita. Los dos, ya en nuestros 30. Nos encontramos, pedimos la comida, hicimos un breve update de nuestras vidas y luego tomando un gran respiro me lo dijo... Fátima, soy gay. Tengo un novio, vivimos juntos, tú lo conoces... Seguro ya te habías dado cuenta, pero quería ser yo el que te lo dijera de frente...

...no quiero que pienses en que te mentí, en que fuiste una pantalla. Tú fuiste mi última enamorada y de corazón, de verdad, no quiero que pienses que te engañé o te usé o lo que fuese. Yo me enamoré de ti y te amo hasta ahora. Eres una de mis mejores amigas, eres mi familia y antes de que la gente hable o se empiece a decir cosas, mejor quería decírtelo y que no guardes ningún rencor.

Yo sonreí, lo tomé de las manos y le dije ya lo sabía, Facebook me lo contó. Los dos nos matamos de la risa y nos miramos de la misma forma de siempre: como cómplices, socios, partners in crime. Y luego lo único que quería saber era toda la historia de amor entre esos dos.

Él seguía siendo el mismo, ¡eso nunca cambió! Simplemente ahora él había encontrado el amor de pareja en otra persona. Y lo que yo valoré en ese momento fue que siempre me tuvo en mente, siempre tuvo esa consideración para conmigo. Hay que ser valiente para enfrentarte a algo.

Cuando cuento esto mucha gente me pregunta ¿no te da pena? ¿Pena? ¿Por qué? ¿Por qué me daría pena la felicidad de alguien que quiero? Si él estuviera con otra mujer "me tendría que dar cólera" pero como está con otro hombre "me tendría que dar pena". O me dicen ¿y cuando se ven se pintan las uñas UNA A LA OTRA? Acá la verdadera pregunta es ¿por qué la gente es tan cojuda?

El amor, es simplemente eso, AMOR. Yo lo amo con todo mi corazón porque es una persona maravillosa y él me ama también por quien soy. Y mi amor y apoyo será siempre incondicional. Eso, al final, es lo único que cuenta. ❤ 

jueves, 11 de abril de 2019

Hace 2 meses y 10 días...



¿Alguna vez han llorado en un taxi de regreso a casa? ¿Con los audífonos puestos escuchando música deprimente y texteando a su mejor amiga? Eso me pasó hace unos días, pero debo decir que esta no es una historia triste aunque haya tenido algunas lágrimas de por medio...

Es de conocimiento público que el año pasado terminé una relación larga, entonces después de mucho tiempo de negar, aceptar y superar, decidí empezar a salir con alguien. Esta historia tiene dos partes: una que comenzó en fecha supersticiosa, 11/11 y la otra en plena noche de verano hace 2 meses, 10 días y supongo que 8 horas con 10 minutos... 

No quiero tener una relación. De arranque eso fue lo primero que se dijo, siempre hay que poner las reglas del juego desde el inicio para saber en qué te estás metiendo y, como yo tampoco quería formalizar ni nada, entonces parecía el plan perfecto. Era todo lo que yo extrañaba: iba a mi casa, me tomaba de la mano, me abrazaba en la calle, se tomaba fotos conmigo, las posteaba, le hablaba de mí a sus amigos y no había día en que no me escribiera. ¿No era eso una relación? Me esperaba en la puerta de la oficina con su saco, corbata y lentes oscuros recostado sobre la baranda con las manos dentro de los bolsillos y las piernas cruzadas. Era todo un Marck Darcy. Y yo disfrutaba cada segundo de maquillarme y arreglarme para bajar y encontrarlo ahí en esas escaleras, acercarme, dejar que me mire, verlo sonreír, que me abrace y me bese. Uffff... ¡era el plan perfecto! ¿A quién no le gusta sentirse así?

Pero, ¿saben qué fue lo particular de esto? Nunca me enamoré. Obviamente había cariño, nos preocupábamos por el otro, nos cuidábamos, estábamos pendientes de nuestras familias, nuestros avances laborales, nuestras metas, planes personales, planes juntos... Pero no me enamoré. Y cuando las cosas se pusieron tensas y terminamos yo no entendía por qué lloraba tanto, total, ¡no estaba enamorada! Y ahí me di cuenta que lo que realmente me dolía era quedarme sola. Y así fue como Mr. Darcy desapareció del mapa y yo volví al ruedo de las citas.

Entonces llegamos a esa noche de verano, hace 2 meses, 10 días y supongo que 8 horas con 30 minutos... Cuando el patita que choteaste antes te vuelve a escribir y te invita a salir y tú dices BUEEEE. Un chico completamente diferente a Mr. Darcy; más relajado, con shorts, polo y sandalias. Con una chela en la mano y siempre con una opinión lista para soltar. Escritor, político, intenso y hasta a veces súper antipático sacándome de mis casillas y llevándome a puntos extremos. Yo, honestamente, no entendía qué hacía camino a su casa.

Llegué, subimos al techo de su hogar donde tiene una terraza, me prendí un pucho y me senté a ver el cielo, el cerro y las casas a lo lejos. Una chela, dos chelas, tres chelas. Dos puchos, tres puchos, cuatro puchos... y de pronto algo gracioso, algo más gracioso, muchas risas, muchas carcajadas. Es increíble cuando tienes alguien con quien conversar de cosas profundas, alguien que te reta a debatir, a explicar tus pensamientos, a escuchar los de otros, compartir ideas sobre música, videos, libros... yo sentía que estaba en otro nivel de complicidad. Yo estaba riéndome de nuevo y la estaba pasando genial. 

A la tercera salida llegó el mismo enunciado: No quiero tener una relación. Ok, yo sigo en el mismo punto donde tampoco quiero una, solo quiero salir y divertirme. Todo claro entonces. Pero ahí llega ese maldito momento donde uno de los dos empieza a creer que lo que hay es mucho más de lo que se propuso y piensas: De repente está cambiando por mí. Tal vez cuando empezamos no quería, pero ahora sí. Me dijo que me extraña, creo que yo también. ¡Y cómo no hacerlo! Cuando se dejaba agarrar la mano, cuando se acurrucaba conmigo, cuando me miraba fijamente, cuando me decía princesa o me daba una nalgada cuando me veía pasar (no se hagan los santos, bien que les encanta que les hagan eso, par favar).

Uno no dice de quién se va a enamorar y siendo sinceros, yo no pensé que después de mi relación larga podía comenzar algo así, o empezar a sentir algo. ¡Algo, lo que sea por alguien! Te das cuenta que otra vez vuelves a sentir cuando de pronto te invade una alegría extrema cuando te escribe y al mismo tiempo te sientes súper triste cuando no se pueden ver. Esos momentos cuando estábamos solos y nos sentíamos libres porque nadie nos veía y no podía quitarle las manos de encima, quería tocarlo todo el tiempo. Darte cuenta de que puedes sentir de nuevo ASUSTA. 

¿Por qué entonces me fui a mi casa llorando en un taxi? Porque la última vez que fui a su techo a escuchar música, ver videos y tomar una chela, hice la pregunta que tanto miedo tenía: ¿sientes lo mismo que yo? ¿Esto es mutuo o soy una estúpida por creer algo que no había? Y bueno, creo que ya saben cuál fue la respuesta.

Hubo lágrimas, sí, pena, sí, me sentía una estúpida, sí... ¿Pero saben qué? Ahora sé que puedo comenzar de nuevo, sé que ya no tengo miedo de conocer nuevas personas, de salir, de arriesgarme. Sé que no estoy muerta por dentro jajajaja que no me dejaron cagada -bueno, un poco- ¡pero me puedo enamorar otra vez! ¿Esa no es, al final, la lección más valiosa? 

Y por otro lado aprendí también cuándo es momento de dar un paso al costado. En ambas historias, cuando algo no es, NO ES. ¡ENTIÉNDELO POR LA PTM! No nos quedemos ahí solo porque nos sentimos solos, solo porque tenemos un poco de atención, un poco de cariño. No digamos "esto es mejor a nada". Y eso viene con aprender a quererse y valorarse. Yo nunca me valoré, siempre puse a los demás primero, siempre acepté cualquier condición con tal de no perder y al final terminaba perdiendo lo más importante: A MÍ. Y con esta nueva etapa eso se acabó y me siento orgullosa de mí. 

Así que, más allá de la choteada y las horas que me he sentido bajoneada comiendo azúcares, solo me queda decirle gracias por estos 2 meses, 10 días y supongo que 8 horas con 45 minutos... por abrirse conmigo, por haberme acompañado, por hacerme dar cuenta que yo valgo más, por lograr que por primera vez yo me de mi lugar, por hacerme entender cuándo es momento de irse. Pero sobre todo, por haberme hecho reír de nuevo -muchísimo- y hacerme sentir amor. 

Este post es para ti, escritor loco. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El Cebiche del triunfo




¿Les ha pasado que cuando terminan una relación les cuesta mucho hacer las cosas que hacían juntos? (Y entiéndase una relación a cualquier tipo de relación, no solo amorosa). Intentan, prueban hacerlo, tratan de participar, pero es simplemente demasiado doloroso...

De repente sonará absurdo o ustedes pensarán que soy una huevonaza, pero cuando se acabó mi última relación estuve casi 5 meses sin poder comer pastas... ¡Yo sin comer, pues! Pero es que me era demasiado difícil. Tenía hambre -obviamente que sí- pero al ver la comida lo único que mi cerebro hacía era recordarme cuando él lo cocinaba para mí, cuando yo lo cocinaba para él, cuando tomábamos fotos a los platos para la web, cuando lo visitaba en el restaurante y llevaba a mis amigos y me sentía orgullosa de su comida. Un plato de pasta (o varios platos) simbolizaban lo bonito de una relación, pero lamentablemente también simbolizaban la ruptura más horrorosa que he pasado. Así que, la pasta estaba prohibida en mi vida.

Pero no solo eso... ustedes saben que yo amo cocinar, que aprendí a disfrutarlo y luego me volví muy buena y me aprendí los videos de Tasty y tengo mi cuaderno cuadriculado de colores en espiral lleno de recetas escritas a mano, como toda una señora y que está manchado obviamente pero no lo puedo descartar. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a seguir teniendo ganas de cocinar? Cocinar también era el sinónimo de muchos recuerdos y era aún más difícil porque mis skills mejoraron con sus indicaciones y me hacía acordar cuando yo preparaba cosas nuevas y luego las publicaba en su web. Cocinar también estaba prohibido en mi vida.

¿Cuándo entonces es el momento en que uno AVANZA? Al principio me mataba pensando cuándo, cuándo, cuándo, cuándo... y desgastaba mi energía, mis pensamientos en obligarme a superar las cosas o simplemente las evitaba y me hacía como que no pasaba nada y luego cuando me encontraba cara a cara con las situaciones que me eran difíciles me quebraba por completo. ¿Cuándo entonces superas? ¿Cuándo es que un día simplemente ya pasaste la página? ¿Cuándo sonríes de nuevo?

La respuesta es simple: cuando TÚ decides ponerle el pare. Mi breakup fue atípico -como toda mi relación- yo no tuve un cierre, no tuve explicaciones, no tuve nada, me quedé en el aire entonces eso también dificultó las cosas... hasta que un buen día, después de llorar y llorar y odiar al mundo y caerme y quedarme en el fondo, decidí avanzar. Así que yo misma puse el fin y decidí que era tiempo de empezar de nuevo.

Empezar de nuevo... ¿Qué flojera, no? Hacer tooooodo de nuevo... encima que soy una bestia para las citas. ¡Qué flojera! ¡¡Pero lo más importante era volver a comer!!

Una noche, en un matrimonio estábamos celebrando y siendo felices -con mucho alcohol- y a la hora de la cena me senté a comer con mis amigos y a la mitad del plato me di cuenta que estaba comiendo lasagna... pero no solo eso, la estaba disfrutando. No me dio pena, no me dio tristeza, no lo asocié a nada. Era simplemente una lasagna buenaza. ¡Salud por eso vamos por otro plato!

Luego vinieron los tallarines saltados, los rojos y los ravioles... ¡vino la pizza! LA PIZZAAAAAAA. Empecé a salir, a disfrutar de las cosas, dejé de llorar... empecé a sonreír, amigos. Pero admito que aún tenía miedo de meterme a la cocina y enfrentarme a los recuerdos más grandes.

Cómo son las cosas que ayer, martes 27 de noviembre, me invitaron a un evento de Twitter llamado #LaCocinaDeTwitter, en un restaurante. Yo pensé que solo nos iban a contar las novedades y luego nos alimentarían, ¡pero no! Resulta que teníamos que cocinar.

Así que tenía dos opciones:
A) Decir que no podía asistir y perderme una gran oportunidad de aprendizaje digital y no enfrentar mi miedo.
B) Agarrarme bien los huevos, enfrentarme al cambio y SUPERAR.

¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que me ponga a llorar en plena reunión? ¿Que salga corriendo y me regrese a mi casa a lamentarme? ¿Que me salga horrible? ¡Qué chucha pues, QUÉ CHUCHA! La opción B fue la ganadora y fui.

Ponerse el mandil, los guantes, escuchar la charla del chef, agarrar el cuchillo y empezar a cortar el pescado para el Cebiche... ¡Qué difícil concha de su madre! Lo único que tenía en la cabeza mientras iba preparando era su cara diciéndome lo que tenía que hacer... pero luego respiré hondo, me concentré en lo que tenía que hacer y todo eso que me estaba bloqueando desapareció. Me empecé a afanar con la sal, la pimienta, mover, mover, mover, limón, mover, ají, mover, ¡no dejar que se recocine! Mover, mover, leche de tigre, cebolla, más ají y mover... Agarrar el plato, poner la lechuguita, el choclito, colocar el camote, poner mi preparación, limpiar los bordes, presentarlo y decir LO HICE.

Mi Cebiche fue un éxito, tuve la aprobación del chef, a mí me gustó, a mis amigos les gustó, pero lo más importante es que lo hice. Yo lo hice. Yo tomé la decisión y lo hice. Pero sobre todo, amigos, me tomé mi tiempo.

Comenzar de nuevo es difícil, da mucho miedo, el no saber qué va a pasar es aterrador, pero si no lo hacemos, nunca sabremos las cosas grandes que están por llegar, no disfrutaremos las cosas bonitas que están ahí esperándote, ¡listas para ti! Así que, si estás pasando por lo mismo, tómate tu tiempo y cuando te sientas lista, agárrate los huevos, respira hondo y lánzate a la aventura. Que un Cebiche del triunfo te estará esperando.